La indomable personalidad de Alcibíades


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Nacido y crecido en el seno de la aristocrática familia Alcmeónida y muy bello de apariencia, Alcibíades fue siempre uno de los jóvenes más visibles de la ciudad de Atenas. Su parentela con Pericles, su intensa relación con su maestro y gran filósofo Sócrates, además de su carácter atrevido, encarado y guiado por los placeres, enseguida coparon la atención de la ciudadanía ateniense, pues desde bien joven estuvo involucrado en muchos problemas.

Gozando de una buena oratoria, consiguió que sus primeras apariciones públicas fueran muy tempranas, atesorando una creciente popularidad que le llevó a ser uno de los hombres destacados durante el final de las guerras del Peloponeso. Este conflicto supuso un auténtico desafío para su propio carácter, ambicioso a la vez que irreflexivo, pues tuvo que enfrentarse a complicados contratiempos que a veces él mismo se había creado, llevándole estos problemas hacia su propio entierro político.

La juventud de Alcibíades y su relación con Sócrates

Ya desde muy joven, Alcibíades fue perseguido por muchos aduladores. Éstos, acechándole y tratando de ganarse su confianza mediante obsequios, provocaron que uno de los filósofos más prolíficos de Atenas se fijara en él. Sócrates, que en esos momentos aún no estaba ni en la cuarentena de edad, se propuso defenderlo y no desampararlo, con el objetivo de educar a uno de los atenienses con un futuro más prometedor.

Aunque Sócrates se propuso desde el principio llevarle por el buen camino hacia la virtud o areté, libre de corrupción y deleites, el carácter influenciable e imprudente de un joven como Alcibíades, a menudo fue difícil de apaciguar. No son pocas las obras pictóricas que relacionan al discípulo de Sócrates con grandes banquetes y encuentros amorosos.

Había ocasiones, no obstante, en que, cediendo a los aduladores que le lisonjeaban con placeres, se le deslizaba a Sócrates, y cómo fugitivo, tenía que cazarle.

Plutarco. Vidas Paralelas: Alcibíades, VI.

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Sócrates buscando a Alcibíades en la casa de Aspasia. Pintura de Jean-Léon Gérôme, 1861

A medida que esto iba ocurriendo, Sócrates se daba cuenta del complicado carácter que atesoraba su alumno, y aunque Alcibíades siempre mantuvo la predisposición a aprender de su maestro, no supo contener sus instintos, pues al mínimo despiste del filósofo, el joven se dejaba arrastrar por sus amantes y admiradores.

En el 434 a. C., y con tan sólo dieciséis años (nació el 450 a. C.), Alcibíades marchó con Sócrates a combatir a Potidea junto a otros miles de atenienses. Esta ciudad, situada en la norteña península Calcídica, en la Tracia, trataba de hacer defección de Atenas. El progresivo pero imparable imperialismo ateniense por el mar Egeo, no permitía que ninguna de las póleis de la Liga de Delos abandonara la Confederación. Es por eso que Pericles decidió enviar sus tropas para derrotar esta insurrección, la cual se dilató varios años en forma de asedio. En este contexto se produjeron varias batallas entre ambos contingentes, en una de las cuales estuvo a punto de morir Alcibíades. Herido y desprotegido, fue socorrido por su maestro Sócrates, quien le salvó la vida en una acción que nunca olvidaría. De hecho, diez años después, en la batalla de Delio, fue Alcibíades quien consiguió salvar la vida de Sócrates recogiéndole en retirada con su caballo. Con estas actuaciones, los dos aumentaron el respeto que se profesaban

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Busto de Sócrates de Roberto Rossellini, 1971. Museo Nacional de Nápoles

Esas actuaciones aumentaron el respeto que se profesaban pero para desgracia de Sócrates, Alcibíades continuó tomando decisiones propias alejándose de esa deseada areté. Además, tras vencer en los juegos olímpicos en la carrera de carros, su ambición se puso por las nubes, y aunque todavía era muy joven, se animó a introducirse en la política ateniense.

Su ascenso político y la confrontación con Nícias

Antes de llegar a los treinta años de edad, Alcibíades había logrado hacerse un hueco en la complicada política de Atenas. Codeándose con los más influyentes del momento, consiguió ganarse el respeto de un sector de la ciudadanía, aunque por otra parte, se generó algún que otro enemigo. Con quien mantuvo la relación más complicada fue con Nícias, hijo de Nicérato, un aristócrata muy rico gracias a las posesiones familiares en las minas de plata del Laurión. El mismo Nícias, un año más tarde, en el 421 a. C., firmó la paz con los lacedemonios. La llamada Paz de Nícias puso fin a la primera parte de la Segunda Guerra del Peloponeso, además de devolver los cautivos de guerra y prácticamente todos los territorios a su dueño inicial. Alcibíades, indignado porque no le habían tenido en cuenta durante las negociaciones, trató de romper el tratado con el que Nícias se había ganado el aprecio de los atenienses. Envió mensajeros a la ciudad de Argos, tradicional enemiga de Esparta, y maquinó una alianza con Mantinea y Elis, otras póleis del Peloponeso. Con esto, provocó que los espartanos enviaran a su vez embajadores a Atenas, preocupados con la alianza y con otros aspectos de la reciente paz con Nícias. Sin embargo, durante la Asamblea de los ciudadanos que debía tratar estas cuestiones, Alcibíades maniobró de tal modo que consiguió desacreditar por completo a los emisarios espartanos, pues les hizo afirmar en público que no habían venido con plenos poderes para negociar, aún y haberlo dicho anteriormente en el Consejo. Por suerte, Tucídides, entre otros autores, nos cuenta con todo detalle como sucedió:

Convenció a los lacedemonios de que si declaraban ante la Asamblea del pueblo que no habían venido con plenos poderes les devolverían Pilos —reclamada por Esparta—. […] Actuó así porque quería apartarlos de Nícias y porque al mismo tiempo buscaba (acusando a los lacedemonios ante el pueblo de que era gente nada sincera y que jamás decían dos veces lo mismo) la alianza con los argivos, eleos y mantineos. Y así ocurrió. En efecto, una vez que comparecieron ante la Asamblea del pueblo, afirmaron, al ser interrogados, que no habían acudido con plenos poderes (contrariamente a lo que habían dicho al Consejo). Entonces los atenieses se impacientaron y empezaron a prestar oídos a Alcibíades, que vociferaba contra los lacedemonios mucho más violentamente que antes […]

Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso, V, 43 [Trad. de Antonio Guzmán Guerra].

Con este engaño y con el posterior fracaso de Nícias con las negociaciones en Esparta, aprovechando su cargo de estratego, Alcibíades consiguió que fuera aceptada su alianza con Argos, Mantinea y Elis, lo que le permitió, pese al prematuro fracaso de este pacto, erigirse como el gran político del momento. Esa preponderancia conllevaba un riesgo muy evidente que tanto él como Nícias conocían. El peligro del ostracismo husmeaba alrededor de ambos estadistas, pues tanto una facción como la otra deseaban la condena para su rival. Pese a eso, de manera inesperada, los dos enemigos políticos se aliaron y conjuraron contra un tercero en discordia: un tal Hipérbolo, político muy poco apreciado entre el pueblo. Entre risas, Hipérbolo abandonó la ciudad el año 417 a. C. a causa del ostracismo, siendo el último caso de exilio por esta práctica política.

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Busto de Nícias, rival político de Alcibíades (www.pinterest.com)

A pesar de su cargo y su responsabilidad política, el carácter desordenado de Alcibíades era propenso a crear todo tipo de disturbios. En Atenas no era extraño encontrarse con ciertos sectores de la población a los que su conducta les parecía tiránica y violenta. Sin embargo, en algunas ocasiones, esas actitudes eran perdonadas, a pesar que toda la ciudad conocía sus constantes borracheras y sus ininterrumpidas y fugaces relaciones amorosas.

Sus donaciones, sus coregías, sus muestras de cariño hacia la ciudad que eran excesivas, la gloria de sus antepasados, su elocuencia, su belleza y su fuerza física, unidas a su experiencia en los asuntos bélicos y su valor, hacían que los atenienses perdonaran todo lo demás y lo sobrellevaran moderadamente, dando a sus desmanes los nombres más suaves: bromas y afán de hacerse notar.

Plutarco. Vidas Paralelas: Alcibíades XVI [Trad. de Aurelio Pérez Jiménez y Paloma Ortiz]

Era evidente ya que Alcibíades gozaba de una influencia considerable, y que junto a Nícias, conformaba el hombre más destacado de Atenas. A pesar de esto, Alcibíades no había nacido para dirigir una ciudad en paz, y su carácter ambicionaba otros proyectos.

La campaña de Sicilia

En el año 415 a. C., cuando la Paz de Nícias con los lacedemonios llevaba años permitiendo un respiro a todo el mundo heleno, aprovechando su popularidad, Alcibíades se esforzó sobremanera para que Atenas emprendiera una campaña sobre la ciudad siciliana de Siracusa, como si esa expedición fuese originada de un mero capricho. La mayoría de los jóvenes, movidos por la misma ambición de Alcibíades, apoyaron en masa esa empresa. A pesar de esto, este deseo desenfrenado de Alcibíades no fue defendido por otro importante sector de la ciudadanía, tales como su maestro Sócrates o su rival político Nícias, quien comprendía que la realidad siracusana era mucho más complicada de lo que se quería hacer entender.

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Mapa de la expedición a Sicilia

La votación en la Asamblea de Atenas dio el visto bueno a la operación, nombrando estrategos a Alcibíades, Lámaco y Nícias. A pesar de que este último, en varias ocasiones, trató de paralizar la expedición, y de que además hubo varios auspicios desfavorables, Alcibíades se encargó de que todo estuviera preparado. Sin embargo, poco antes de partir hacia Siracusa, sucedió en Atenas uno de los acontecimientos más importantes en la vida de Alcibíades.

La mutilación de los hermai y la acusación de Alcibíades

La noche anterior a la partida de la expedición, la ciudad de Atenas amaneció con la mayoría de sus hermai (bloques normalmente de piedra o mármol con un busto esculpido sobre estos, colocados en diferentes lugares: en las intersecciones de las calles, las palestras, delante de templos y lugares públicos…) parcialmente mutilados. Sin duda, ese suceso no fue un hecho casual, y rápidamente hubo varias hipótesis sobre los culpables. Los corintios (antiguos fundadores de Siracusa) fueron los primeros desacreditados, aun así, una repentina acusación de uno de los rivales de Alcibíades, culpó a éste y sus amigos de cometer las dichas mutilaciones durante una de sus continuas borracheras, además de imitar y burlarse de los ritos mistéricos de Eleusis.

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Herma con el rostro de Hermes.

Pese a que el proceso judicial contra Alcibíades debía comenzar, ofreciéndose él mismo a ser juzgado por su declarada inocencia, se decidió emprender cuanto antes la campaña sobre Siracusa, a la cabeza de la cual, entre otros, iba Alcibíades. Junto a los otros dos estrategos y a miles de soldados atenienses, el discípulo de Sócrates partió hacia la isla de Sicília sin saber cuál sería su destino.

Sin embargo, los delatores no aportaron ninguna prueba firme ni segura; uno de ellos, cuando se le preguntó cómo había reconocido la cara de los destructores de Hermes y respondió que a la luz de la luna, cayó por completo en la trampa, pues era luna nueva cuando se hizo esto, y provocó el alboroto de los sensatos; pero al pueblo ni siquiera esto lo volvió más blando ante las calumnias, sino que, con el mismo impulso del principio, no paró hasta prender y meter en prisión a cualquiera a quien se denunciara.

Plutarco. Vidas Paralelas: Alcibíades, XX [Trad. de Aurelio Pérez Jiménez y Paloma Ortiz]

Mientras el acusado estaba ausente y discutiendo las estrategias a seguir en Siracusa, en Atenas, los enemigos de Alcibíades pusieron en marcha una campaña dañina hacia su persona, con el único propósito de que fuera declarado culpable pese a la falta de pruebas fiables. Al poco tiempo, esos esfuerzos surgieron efecto y Alcibíades fue condenado a muerte. Éste, enterado de su complicada situación, omitió las llamadas para acudir a Atenas, con lo que fue declarado en rebeldía y se confiscaron todos sus bienes. Acto seguido, tras vagar por diversos lugares del Peloponeso, tomó una de las decisiones más particulares de su vida: acudió a la ayuda de Esparta.

Período espartano

Perseguido en Atenas y conocidas sus virtudes militares, Alcibíades fue recibido en Esparta con los brazos abiertos. Enseguida, no pudiendo contener el resentimiento que traía contra su pólis natal, convenció a los espartanos para que enviaran una expedición a Siracusa, al mando Gilipo, con la que contener y derrotar a las fuerzas atenienses. De hecho, la campaña ateniense en Siracusa terminó con un fracaso absoluto el año 413 a C., entre otras razones, por el empeño lacedemonio por mantener la isla de Sicilia lejos del dominio ateniense. Los estrategos atenienses perdieron la vida en aquella fatídica expedición; Lámaco durante un combate; Nícias y Demóstenes —escogido posteriormente— fueron ejecutados después de haberse rendido, pese a la oposición del general Gilipo. Con miles de apresados, heridos, muertos y perdida una cantidad enorme de dinero y naves, Atenas sufrió una de las derrotas más terribles. Mientras tanto, en Esparta, quien había originado tal expedición, y lejos ya de esos peligros, Alcibíades continuaba su particular carrera política y militar en favor de Esparta, provocando la defección de antiguos aliados de Atenas en la costa de Asia menor.

En el mismo 413 a C., y poco antes de que los atenienses fueran derrotados en Siracusa, Alcibíades persuadió a los espartanos para que capturaran la fortificación de Decelia, a poco más de 20 km de Atenas. Esta fortaleza estaba situada estratégicamente para controlar la ruta más directa hacia la isla de Eubea, con las que Atenas mantenía conexiones económicas considerables. Además, este emplazamiento privó a los atenienses de sus minas de plata en el Laurión y permitió a los espartanos realizar acciones de saqueo por todo el Ática año tras año.

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Mapa de la Grecia central. Cercana a Maratón y Atenas, encontramos la fortaleza de Decelia (www.wikiwand.com)

Con estos consejos de Alcibíades, Atenas perdió la mayor parte de su potencial, quedando sujeta a los cada vez menores ingresos que provenían del mar. A la larga, la toma de Decelia supuso una de las causas más evidentes del debilitamiento de la ciudad ática durante el período final de las guerras del Peloponeso.

El éxito continuado de Alcibíades, originó el recelo del rey Agis II de Esparta, quien mandó matarle. A pesar de que el rey espartano ya sabía hacía tiempo que Alcibíades había tenido un hijo con su esposa—y reina de Esparta—, la decisión de asesinarle fue tomado por una conjunción de factores, pues amargamente iba comprendiendo que las empresas lacedemonias más importantes llevaban el ‘’sello’’ del ateniense y no el suyo.

Huida a Persia

Enterado de ello, y por tercera vez en su vida, Alcibíades repelió a la muerte, pues consiguió huir a tiempo. Sus vicios y su inquieta naturaleza, aunque también su brillantez militar, le habían condenado en Esparta, así que tuvo que huir a otro lugar distinto. El persa Tisafernes, sátrapa de Lidia y Caria, lo acogió en su casa. Así como había hecho en Esparta, Alcibíades rápidamente adoptó la forma de vida y las costumbres de su nuevo hogar. Además, convenció al poderoso Tisafernes para que no pactara con Esparta ni acabara definitivamente con Atenas, lo que para el ateniense suponía la supremacía del Imperio Persa en el mar Egeo. Sin embargo, a la vez que aconsejaba a Tisafernes, planeaba su regreso con las fuerzas atenienses.

Este regreso tuvo que esperar varios meses, pues antes trató que conseguir un leve pacto con Tisafernes, con el que a la larga, a pesar de la oposición de Alcibíades, llegaría a Atenas una revolución oligárquica (el gobierno de los 400) que derrocó la democracia en el 411 a. C.

Nueva fidelidad a Atenas

Tras ser depuesta la oligarquía el mismo año 411 a. C., la pólis de Atenas perdonó a Alcibíades de su incidente del año 415 a. C. El tránsfuga ateniense, que aún estaba en Asia menor, asumiendo en su poder unas cuantas naves, marchó apresuradamente al Helesponto (actuales Dardanelos) para ayudar a sus compatriotas frente a las fuerzas navales del espartano Míndaro. Alcibíades, que apareció repentinamente y por sorpresa, acabó decidiendo la llamada batalla de Abidos, del 411 a. C. Habiendo conseguido estos éxitos militares y aumentado su influencia, acudió a ver a Tisafernes, acorde con Plutarco, para poder hacer ostentación de su poder. Sin embargo, Tisafernes apresó a Alcibíades, según dice Jenofonte, obedeciendo órdenes del mismo rey Darío II de Persia, maniobra con la que pretendía disminuir el poder ateniense. A los treinta días, el afamado estratego ateniense logró escapar de Sardes —dónde estaba retenido— culpando falsamente al propio Tisafernes de ayudarle a huir, sabiendo que le traería problemas con el rey Darío II.

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Situación del Helesponto, actual estrecho de los Dardanelos

El incansable carácter de Alcibíades no le permitió mantenerse ni un breve período de tiempo sin la mayor actividad. Tras su huida de Tisafernes, y llevando tras él algunas fuerzas navales junto a los estrategos atenienses Terámenes y Trasíbulo se plantó en Cícico, dónde derrotó a los espartanos y a su aliado persa Farnabazo en el 410 a. C.

Convertido en el mayor estratego ateniense del momento, y tras conseguir someter de nuevo algunas de las póleis que habían abandonado la Liga Ática en los años anteriores, navegó rumbo a Atenas el año 407 a. C. Se trataba del regreso de uno de los personajes más entrañables de toda la historia Atenas, alguien que había sido unas veces aclamado; otras, difamado y acusado a muerte. Su llegada fue muy emotiva tanto para los ciudadanos atenienses como para el mismo Alcibíades.

…con la alegría de la ciudad se mezclaba mucho llanto y, ante la presente dicha, recordaban las anteriores desgracias, considerando que no habrían fracasado en Sicilia ni se les habría escapado ningún otro proyecto de los que tenían, si hubieran dejado a Alcibíades al frente de los asuntos de entonces y al mando de aquel ejército…

Plutarco. Vidas Paralelas: Alcibíades, XXXII  [Trad. de Aurelio Pérez Jiménez y Paloma Ortiz]

Los atenienses pusieron todas sus esperanzas sobre las espaldas Alcibíades. La pésima economía ateniense requería de un genio militar para volver a controlar las aguas de la Jonia—costas de Asia menor—, y con ello, poder competir contra la ciudad de Esparta. Habiendo fracasado en el intento de tomar la isla de Andros, en el centro del mar Egeo, se dirigió a la isla de Samos, dónde Atenas había establecido su base naval. Esta vez, pese a que había asumido la máxima responsabilidad sobre las fuerzas navales gracias al apoyo ciudadano producto de sus recientes éxitos militares, el estratego Alcmeónida comenzó a tener problemas.

Lisandro, el recién nombrado estratego espartano, comenzó a negociar con Ciro el Joven, el ahora sátrapa persa de Lidia. Éste, ayudando económicamente la empresa de los peloponesios, contribuyó a la subida del salario de los marineros espartanos, provocando el descontento de los marineros atenienses. Como siempre que había tenido un problema, Alcibíades tuvo que resolverlo. En el 406 a C., marchó precipitadamente hacia el encuentro de Trasíbulo, el antiguo estratego ático, según dice Plutarco, en busca de alguna suma de dinero para compensar la amenaza de Lisandro. Sin embargo, su ausencia resultaría fatal. Antíoco, su timonel de confianza y a quien Alcibíades había dejado al mando de su flota, ignoró las órdenes de éste y salió al encuentro de Lisandro. Tras una rápida persecución mutua, las dos flotas se enfrentaron cerca de Notio; Antíoco murió y perdió varias naves en favor de Lisandro.

La derrota de los atenienses frente a las fuerzas lacedemonias condenó a Alcibíades, pues ésta se había producido durante una de sus ausencias. De hecho, el mismo Trasíbulo fue quien le acusó ante la Asamblea de haber descuidado a su flota. Además, se le acusó de abusar de su autoridad, de gran bebedor, de visitar con frecuencia a sus amantes y de construirse una fortificación en Tracia en la que pretendía vivir, en lugar de hacerlo en Atenas.

Retirada oficial del ejército ateniense

Fue precisamente en esa fortaleza, donde residió una vez fue desposeído de su cargo de estratego, en el año 406 a C. Al año siguiente, pese a la victoria ateniense en las Arginusas, que por otro lado, supuso una gran secuela en la población por el juicio a los estrategos, los espartanos de Lisandro tomaron la iniciativa y trasladaron sus fuerzas al Helesponto, a la ciudad costera de Lámpsaco. Ese movimiento fue imitado por los nuevos estrategos de Atenas en un intento de proteger sus suministros desde el mar Negro. Alcibíades, que estaba afincado muy cerca de allí, se acercó y trató de convencer a los dirigentes de modificar lo que para él constituía una nefasta estrategia. Varados frente a Lisandro, en las playas de Egospótamos, y lejos de las provisiones, los atenienses suponían una presa fácil. Sin apenas escucharle, Alcibíades fue echado de mala manera, pues para los estrategos, el Alcmeónida no tenía ni voz ni voto en aquella operación. Al quinto día, tras evidenciarse dichos errores estratégicos, los espartanos atacaron por sorpresa y aniquilaron prácticamente todas las fuerzas áticas. Unos tres mil hombres fueron pasados a cuchillo y sus centenares de naves capturadas; tan sólo unas pocas consiguieron repeler el envite, huyendo desesperadamente.

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Representación de la batalla de Egospótamos, año 404 a C. Autor: Giuseppe Rava.

Atenas había perdido todo su potencial marítimo; por los anteriores consejos de Alcibíades tenía el Ática constantemente asediada desde Decelia y sus rutas comerciales obstaculizadas. Al año siguiente, en el 404 a C., Atenas capituló y se puso fin a las guerras del Peloponeso.

Regreso a Persia y el cruel final de Alcibíades

Al darse cuenta de que no existía un lugar seguro para él en toda Grecia a causa del poder de los lacedemonios, pasó a Asia, a la corte de Farnabazo, a quien cautivó con su natural agradable, de tal modo que llegó a ser el mejor de sus amigos. Por ello le entregó Grinio, plaza fuerte de la Frigia, de la que venía a sacar cada año cincuenta talentos de renta. Pero Alcibíades no parecía contento con tal suerte, pues no podía soportar que Atenas, vencida, fuera esclava de Esparta. Por eso todos sus pensamientos los tenía puestos en liberar a su patria.

Cornelio Nepote. De viris illustribus; de excellentibus ducibus exterarum gentium: Alcibíades, IX. [Trad. de Juan Higueras Maldonado]

Aunque hubiese querido, en esos momentos, Alcibíades no tenía capacidad para enfrentarse a Esparta. Su única esperanza era la financiación del rey de Persia, no obstante, eso no se llegó a producirse. Alcibíades, durante una noche cualquiera, sufrió un grave incendio en su hogar. Éste, que había sido provocado a consciencia por varios sujetos a cargo del rey Agis II de Esparta, no acabó con él. Su ingenio y particular habilidad para sobrevivir a situaciones de riesgo le permitió escapar de las llamas. Sin embargo, al salir de su domicilio, fue atacado a distancia mediante dardos y flechas, con lo que no pudo defenderse, cayendo definitivamente muerto. A la edad de 46 años, en el 404 a C., Alcibíades ya era historia.

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Busto de Alcibíades: Alcibíades, de Clinias, ateniense. Museos capitolinos de Roma

Con esta muerte, Esparta se había desecho de uno de los hombres más controvertidos de toda la historia helena. Amante de los placeres pero astuto estratega, Alcibíades había militado para Atenas y Esparta, convivido con los sátrapas persas y sobrevivido a muchas y comprometidas situaciones, siendo quizás el personaje más versátil y habilidoso de la Antigüedad clásica. Como dijo un día Cornelio Nepote: se dio en él tanto el vicio como la virtud en su más alto grado.

Bibliografía

  • ARISTÓTELES. Constitución de los atenienses
  • CORNELIO NEPOTE. De viris illustribus; de excellentibus ducibus exterarum gentium: Alcibíades,; Lisandro; Conón.
  • JENOFONTE. Helénicas.
  • PLUTARCO. Vidas Paralelas: Alcibíades; Lisandro; Nícias
  • TUCÍDIDES. Historia de la guerra del Peloponeso

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