Alejandro Magno y Adriano: ¿vidas paralelas?


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Mucho se ha hablado de Alejandro Magno: sus conquistas, su visión estratégica y su grandilocuencia. Miles de artículos donde se aspira a entender un personaje que va más allá de su época, de su imperio. Un conquistador no sólo de tierras desconocidas: fue, y sigue siendo, un conquistador de cientos de almas apasionadas por la Historia Antigua. Sus logros fueron soñados por personajes históricos posteriores a su muerte, empezando por sus inmediatos predecesores: los Diádocos, hasta Napoléon Bonaparte. Pero, tal vez, fue en época romana donde se veneró más su historia y su imperio de forma más generalizada. Alejandro Magno representaba lo que cualquier emperador anhelaba: la creación de un imperio más allá de los límites conocidos, la fundación de ciudades y el sometimiento de todos los pueblos, es decir: la romanización del mundo conocido.

Mosaico de Issos o de Alejandro Magno, realizado por Filoxeno de Eretria en el 325 a. C. Ubicación: Museo Arqueológico Nacional de Nápoles Fuente:: https://es.wikipedia.org/wiki/Mosaico_de_Issos

Mosaico de Issos o de Alejandro Magno, realizado por Filoxeno de Eretria en el 325 a.C. ( Museo Arqueológico Nacional de Nápoles). Fuente:: https://es.wikipedia.org/wiki/Mosaico_de_Issos

Las fuentes nos demuestran estos homenajes póstumos al conquistador macedonio. Suetonio nos desvela varios de esos momentos de admiración. Constata que emperadores como Calígula, Pompeyo el Grande, Septimio Severo, Augusto o Caracalla visitaron su tumba ofreciendo honores, sacrificios o incluso lágrimas: Julio César, frente a la sola presencia de una estatua de Alejandro en Hispania, lloró al percatarse de los logros del macedonio con tan pronta edad. Tal vez sea sólo una anécdota, pero ¿Es casualidad que César viajara a Hispania con 33 años, edad con la que murió Alejandro habiendo conseguido un imperio de una magnificencia extraordinaria? En cualquier caso, es significativo que autores como Suetonio relaten episodios que no sorprenden teniendo en cuenta que Alejandro fue, y sigue siendo, referente de grandes comandantes, generales, dictadores…

Plutarco de Queronea, contemporáneo de Trajano y Adriano, contrapuso biografías de personajes, un griego y un romano, con una finalidad mucho más moralizante que histórica. Una de sus Vidas paralelas es la de Alejandro frente a la de Julio César. Ambos gobernantes tienen mucho en común y han sido comparados en varias ocasiones, pero vamos a plantearnos otra cuestión. Un coetáneo de Adriano, ¿no tenía la oportunidad de hacer el mismo paralelismo con el emperador con el que convivía? A simple vista, las diferencias entre Alejandro Magno y Adriano parecen insalvables pero, tal vez, valga la pena indagar en tan ajenas y alejadas vidas de nosotros para encontrar más paralelismos de los que pensamos.

No hay conocimiento extenso de que Adriano admirara a Alejandro pero, tal y como se trasluce en la Vida de Augusto de Suetonio, Adriano pretendía pasar a la historia como un segundo Augusto. Y éste, sí fue un ferviente admirador del macedonio. Publio Elio Adriano sellaba los documentos con un anillo marcado con una efigie de Augusto; en sus monedas aparecía como Hadrianus Augustus, y también se preocupó de mantener el esplendor de los monumentos augústeos. Es conocida otra anécdota que denota esa fascinación hacia Alejandro el Grande: Augusto, al abrir la tumba del macedonio, después de coronarlo de oro y cubrirlo de flores como homenaje, fue consultado por si quería ver el sepulcro de los Ptolomeos, a lo que contestó que había venido a ver a un rey, y no tan sólo a muertos.

Imperio y fronteras

Existe un abismo entre el carácter antimilitarista de Adriano frente a la belicosidad de Alejandro, pero hay entre ellos una conexión que va más allá. Durante el reinado de Adriano, el imperio alcanzó la mayor extensión territorial de su historia (año 125) y el de Alejandro es conocido como uno de los mayores imperios de la historia, por su extensión y su rápida consecución.

Busto del emperador Adriano. Fuente: http://imperioromanodexaviervalderas.blogspot.com.es/2014/08/viajes-de-adriano-y-organizacion.html

Busto del emperador Adriano.
Fuente: http://imperioromanodexaviervalderas.blogspot.com.es/2014/08/viajes-de-adriano-y-organizacion.html

Un gran contraste con el macedonio es que, durante el reinado de Adriano, hay casi una ausencia de operaciones militares importantes o batallas sanguinarias, a excepción de la Rebelión de Bar Kojba, la Segunda Guerra judeo-romana, que, a diferencia de la Primera Guerra romano-judía, la población judía fue asesinada, esclavizada o exiliada, y su religión prohibida. Una dureza que contrasta con el carácter pacífico de Adriano, pero que tuvo que llevar a cabo por las constantes rebeliones del pueblo judío, enfurecidos por varias acciones del emperador; tales como cancelar el Brit Milá (circuncisión), el respeto del sábado (Sabbat) y, la más importante, la fundación de una ciudad profana en honor a Júpiter, Aelia Capitolina, en el lugar sagrado de Jerusalén.

De Adriano no se destaca su habilidad militar pero sí su visión estratégica debido al gran conocimiento de sus tropas y su capacidad de organización. Algo en común con Alejandro, que era un gran conocedor de su ejército. Fueron comandantes a la vez que reyes, hombres que cabalgaron con su ejército, contrarios a la opulencia de los altos mandos militares. Ambos persiguieron el sueño de extender su poder más allá de su tierra natal. La diferencia radica en que Adriano pretendía delimitar su imperio, reforzar las fronteras y defenderlo de la mejor manera posible. Algo francamente impensable en la cabeza y ambición del macedonio. Adriano, así, renunciaba a uno de los sueños iniciados por Trajano: la conquista de Mesopotamia, por considerarlo indefendible. Un claro ejemplo de contraposición es lo que sucedió con Adriano en Britania y Alejandro con la India. El primero construyó la muralla más espectacular de la época, el Muro de Adriano, mientras que Alejandro luchó y casi se dejó su vida en la India, intentando alcanzar su sueño de grandeza; con la más que probable idea de regresar, puesto que apenas reforzó esa frontera. Pero su pronta muerte no le dejó conquistar esa India que le frenó en su intento de asemejarse a Prometeo.


Otro dato curioso como símil entre ambos es la construcción de ciudades a diferentes animales importantes en su vida. Adriano edificó en Misia una ciudad, Hadrianuteras (Balikesir), para conmemorar la caza de una osa. Coincidencia o no, Alejandro, en su época, también fundó otra ciudad a un animal, esta vez a su adorado y valiente caballo Bucéfalo, creando la ciudad homenaje de Bucefalia para commemorar la muerte de su eterno y fiel compañero de batallas.

 Personajes controvertidos

Alejandro es uno de los personajes históricos que más controversia ha causado a lo largo de la Historia. Considerado un Dios para muchos y un tirano para otros; héroe y villano a partes iguales. Centrándonos en la Historia Antigua, durante la Roma imperial, existe una profunda división de opiniones acerca del gran conquistador. Tal y como escribe González Rolán, hay una “cierta unanimidad al juzgar y apreciar su sensibilidad cultural, su inteligencia y capacidad resolutiva, su valor personal, su poder para fanatizar a sus soldados y lograr poner en práctica sus principios estratégicos, la clarividencia para elegir el objetivo y marchar directamente hacia él a pesar de la desigualdad de fuerzas (pero), cambia de forma radical cuando de lo que se trata es de valorar la tercera etapa de la vida de Alejandro, es decir, su papel como político u hombre de Estado.

Arriano - Cita "Anábasis de Alejandro Magno"

Cita “Anábasis de Alejandro Magno” de Arriano.

Es sabido que ya en el siglo II, durante una comedia de Plauto, se le añadió el adjetivo “Magno” con el que lo conocemos actualmente, aunque es entendible puesto que, es en esa época, cuando se alabó más su ansia de conquista y poder. Las grandes fuentes que conocemos acerca de su vida, tales como Diodoro Sículo, Plutarco de Queronea y Arriano, postulan una figura digna y amable de Alejandro, siendo Arriano el más fiable de los tres por su constante manejo de fuentes. Diodoro, por ejemplo, lo definía como una persona que, a pesar de su juventud, gracias a su inteligencia y valor, llevó a cabo grandes hazañas propias de semidioses griegos.

Pero existe, a su vez, otra tendencia de la época, donde Alejandro es considerado como un enemigo del Senado romano y de las libertades republicanas. Unas de las cabezas visibles fueron Séneca o Lucano, que lo presentaban como un desgraciado, vándalo, demente, despiadado, insensato y frenético; una plaga fatal para la tierra y estrella de mal agüero para la humanidad. Basta decir que Adriano, a su vez, tampoco tuvo buenas relaciones con el Senado. Éste renovó el sistema administrativo y modernizó muchas infraestructuras, entre otras reformas, donde la élite senatorial  y aristocrática perdía poder e influencia.

Y, como cabe esperar, los persas no dudaron en criticar ferozmente a su máximo enemigo de la época; lo denominaron Sikándar el Maldito, a pesar de los esfuerzos del macedonio por entender y adoptar una cultura tan distinta a la suya como la oriental.

Tal vez lo más lógico y sensato seria aceptar una visión dual de ambas tendencias: no dejarse llevar por las pasiones que desata un carisma como el de Alejandro, pero sin caer en crítica y desprestigio desmedido. Tito Livio puede parecer un exponente de esta mentalidad, pues reconoce que, sin ninguna duda, “Alejandro fue un general excepcional, de un gran talento, carácter y disciplina militar, al que en sus hazañas le acompañó siempre la suerte, la fortuna, pero que terminó por embriagarse de esa prosperidad, y por ser incapaz de asimilarla, hasta el punto de transmutarse y convertirse en un bárbaro oriental, que cambia su indumentaria, exige homenajes de adulación, somete a sus enemigos a suplicios ignominiosos, causa la muerte de los amigos que no se pliegan a sus caprichos, se envanece inventando falsamente una estirpe divina, y a medida que crece su afición a la bebida, se hace más irascible y violento.

A la muerte de Adriano en el 138, el que fue su gran acusador, el Senado, tuvo el papel de decidir sobre su muerte. ¿Considerarlo un Dios o un tirano? La misma duda que se le achacaba a Alejandro, persiguió al emperador romano; pero gracias a las súplicas de su sucesor, Antonino Pío, le fueron otorgados los honores póstumos como dios, con gran parte de Roma en contra. En esa época, la impopularidad de Adriano, apodado como graeculus (“grieguecillo”) contrastaba con la admiración que se le tenía en Grecia por su filohelenismo.

Castillo Sant'Angelo (Mausoleo de Adriano). Fuente: https://es.pinterest.com/pin/473652085792211442/

Castillo Sant’Angelo (Mausoleo de Adriano). Fuente: https://es.pinterest.com/pin/473652085792211442/

Tanto Adriano como Alejandro fueron criticados por su helenización, su amor a Grecia y por adoptar costumbres ajenas a su nacionalidad. El contacto directo con la cultura helena causó gran impacto en el emperador romano, y empezó a adoptar, como Alejandro con los persas, tradiciones ajenas a los romanos, causando críticas y desavenencias. Tradiciones tan griegas como aceptar el cargo de arconte honorífico, el sofismo, la costumbre de no afeitarse la barba, hasta su relación con el joven Antínoo; todo destilaba su amor por lo heleno. Por su parte, Alejandro fue duramente criticado por gran parte del ejército y de su más íntimo círculo de amigos, por adoptar la vestimenta real de los persas, por dar permiso para que soldados y oficiales se casasen con mujeres persas, por el alistamiento de gran número de éstos en el ejército macedonio, o por elegir una bárbara como esposa.

El filohelenismo, en muchas épocas, era duramente criticado, y parte de ese odio también provenía del recuerdo de la relación de Alejandro con la bárbara de su mujer, Roxana, comparable con la de Marco Antonio y Cleopatra, tan funesta para la estabilidad del Estado romano. También es compatible fijarnos en la relación entre Adriano-Antínoo y Alejandro-Hefestión. En el primer caso, se denota una clara idea de “homosexualidad”, pero no emmarcado en nuestro pensamiento actual, puesto que en la Antigüedad no existía esa idea, al igual que la pederastia tampoco se entendía como actualmente. Era una relación de un hombre/maestro con un impúber, pudiendo tener relaciones pero nada que ver con el pensamiento contemporáneo. Esa relación no estaba mal vista como la de Alejandro con Hefestión, y eso se debe a que la diferencia de edad se estilaba como forma de aprendizaje pero éstos dos últimos eran de la misma edad, y eso sí estaba mal visto. Aunque no hay fuentes fidedignas de que fueran amantes, la amistad entre ambos y anécdotas como las de los sacrificios a los héroes Aquiles y Patroclo y su amor por la Ilíada, indica que era una relación más allá de la camaradería entre compañeros de juegos. En cualquier caso, Alejandro fue más criticado por escoger mujer no macedonia, que por su relación con Hefestión o Bagoas (eunuco persa que pasó de manos de Darío a las del conquistador macedonio).

Después de la muerte de Antínoo y Hefestión, tanto Alejandro como Adriano sufrieron episodios de locura y soledad, hechos que reavivan la idea de relaciones íntimas entre estos personajes. Adriano, a orillas del Nilo, levantó la ciudad de Antinoópolis o Antíneo en honor a su adorado joven. Por su parte, recientes investigaciones, han encontrado la que podría ser la tumba de Anfípolis, edificada en honor a Hefestión, muerto en Ecbatana, en el actual Irán, en el año 324 a.C. En ambos casos, surge una idea de culto heroico, de crear una iconografía nueva, unas nuevas divinidades para honrar a sus queridos amigos difuntos.

Sensibilidad artística

Tanto Alejandro como Adriano fueron grandes amantes del Arte. El primero, tal y como escribe Plutarco, era un gran lector, amante de la literatura y la filosofía, en especial de la Ilíada de Homero. Tal y como redacta Onesícrito, Alejandro guardaba su copia de la Ilíada (La Ilíada de la caja) debajo de la cabecera de su cama, y es conocida esta pasión por sus cartas, ordenando a Hárpalo que le mandara libros de Filisto, tragedias de Eurípides, de Sófocles y de Esquilo, y los ditirambos de Telestes y de Filóxeno.

Adriano, por su parte, tenía un especial interés por la arquitectura, tal y como se demuestra en las grandes innovaciones que creó para su magnífica Villa Adriana (Tívoli). Adriano necesitó veinte años para completar la obra (118 – 138) y destaca por su grandeza y, sobretodo, porque no correspondía a las construcciones habituales, no seguía ningún orden preestablecido y mezclaba edificios de manera difusa con un estilo nunca antes visto. Debido a su carácter viajero (era conocido como el emperador itinerante puesto que viajó a lo largo de todo el imperio) se inspiraba de esos viajes para idear una nueva tendencia arquitectónica. Un claro ejemplo es el Canopo, uno de los lugares más singulares y bellos de la Villa, que es la recreación de un jardín de Alejandría. También es aquí donde levantó el mausoleo a su amado: el Antinoeion. Basta decir que hay pasajes de Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano que han sido inspirados dentro de la Villa y han servido para reavivar la pasión de la sociedad por la época y el carácter de Adriano.


Como Alejandro, edificó bibliotecas, acueductos, termas y teatros. Tenían la necesidad de crear un imperio más allá de las fronteras físicas, crear un estilo de vida, de cultivar la mente a partir del Arte. Adriano solía escribir poesía en latín y griego, como muestra su poema fúnebre:

Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos…

Pequeña alma, blanda, errante
Huésped y amiga del cuerpo
¿Dónde morarás ahora
Pálida, rígida, desnuda
Incapaz de jugar como antes…?

Tenían también en común el gusto por salir a cazar, como se atestigua en la Historia Augusta en referencia a Adriano y en múltiples ocasiones en Arriano por parte de Alejandro.

En conclusión, salvando las distancias de la época, ambos personajes tienen mucho más en común de lo que se ha tratado en la Historia. Siempre ha interesado comparar a otros emperadores con Alejandro, dejando a Adriano como un pacifista que nada tenía en común con el sanguinario macedonio. Pero basta tan sólo con indagar un poco, para percibir muchos rasgos singulares que hacen que ambos sean recordados y admirados siglos después de sus conquistas.

BIBLIOGRAFÍA


Acerca de Sheyla March Crespo

Escritora y Licenciada en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Barcelona. Apasionada de Roma, la obra de Miguel Ángel Buonarroti y la historia de Alejandro Magno. También estudié Guión Cinematográfico. Tratando de encontrar un hueco para volcarme en mi primera novela y publicar mi primer libro de poesías.