Alejandro Magno: de niño a rey de Macedonia


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Alejandro III, más conocido como Alejandro Magno, es considerado como el último héroe griego por muchos. Su nombre viene ligado a las grandes hazañas llevadas a cabo durante su vida, la cual como una llama brilló por un periodo corto, pero intenso, dejando sus huellas en la historia de la humanidad con tal magnitud que pocos han sido capaces de igualar sus proezas.

Alejandro recogió el legado de su padre Filipo II, quien había convertido a Macedonia en la nueva potencia de Grecia, lo que le permitió asentar su autoridad, cuestionada por los griegos en una campaña contra el imperio más grande de la antigüedad hasta el momento: el Imperio Persa. Así pues, tras batallas como la del Gránico, la de Issos o Gaugamela, fue conquistando el vasto Imperio Persa y expandiendo sus fronteras hasta la India, uniendo por primera vez bajo un mando único Asia y Europa, forjando así una inmensa potencia que no duraría mucho tras su muerte, pues el Imperio acabaría siendo dividido y disputado por los Diádocos, sus antiguos compañeros de armas.

El objetivo de este artículo se centrará en la vida de Alejandro, sin embargo, no en su totalidad, sino en su etapa juvenil, desde su nacimiento en 356 a. C. hasta su proclamación como rey de los macedonios tras el regicidio de Filipo II en el 336 a. C.

Alejandro III nació el 21 de julio del año 356 a.C. en la ciudad de Pela. Su padre era el rey macedónico Filipo II, quien había colocado a Macedonia en la cima del mundo griego, mientras que su madre, Olimpíade, era hija de Neoptólemo I, el rey de Épiro. Su nacimiento está ligado a eventos espectaculares y divinos como dos victorias militares de Filipo II, mas una victoria en las olimpiadas, el incendio de una de las maravillas del mundo, el templo de Artemis en Éfeso, entre otras situaciones. Descendiente, según la tradición, de Aquiles por parte de su madre y de Hércules por su padre.

Alejandro creció en Pela, la capital de Macedonia, donde recibió educación a manos de Leónidas, un pedagogo pariente de Olimpíade, el cual inculcó mesura y fortalecimiento al carácter de Alejandro. Asimismo, Lisímaco de Acarnania se encargó de la formación literaria del “pequeño Aquiles”, como solía llamar al joven príncipe. Con Lisímaco Alejandro tomó su primer contacto con la Ilíada y la Odisea. Precisamente a estas obras
estuvo muy ligado, pues llevó una copia que Aristóteles le regaló, se cuenta que incluso dormía con las obras bajo su almohada.

Del mismo modo, Alejandro completó su educación siendo instruido en las matemáticas y la música por maestros cuyos nombres se desconocen, así como también participaba en entrenamientos físicos como la caza, que siguió formando parte de la vida de Alejandro durante su edad adulta.

Ahora bien, su principal tutor fue el mismísimo Aristóteles, quien educó al joven a partir del 343 a. C. en la ciudad de Mieza durante tres años junto a otros jóvenes de la aristocracia macedónica. Es en estos momentos cuando la historia, las ciencias naturales y la literatura se convirtieron en el principal foco de aprendizaje de Alejandro, quien durante este periodo también participó en ejercicios de hípica, gimnasia, marcha y resistencia. El resultado de todo ello fue la formación de un joven príncipe dotado de habilidades para la poesía, la música y las ciencias, pero también con destreza física (basta con citar la anécdota de cómo domó con sus propias manos al caballo Bucéfalo, el cual sería su fiel compañero durante sus campañas en Asia). Un joven con aptitudes tanto en los ambientes de palacio como en el combate y la caza.

Con 16 años su educación terminó y volvió a Pela, donde se le encargó la gestión del gobierno en representación de su padre, quien se encontraba de campaña fuera de Macedonia, en los Dardanelos. Recibió a una embajada persa y derrotó a la tribu tracia de los Medios. Ante el creciente poder de Macedonia y la elección de Filipo II como hegemon, tuvo lugar la reacción de numerosas ciudades griegas, que se aliaron con Atenas, la principal ciudad afectada, hasta tal punto que incluso Tebas, enemiga tradicional de Atenas, se alió con este bando. En 338 a. C. tendría lugar la batalla entre la coalición liderada por Atenas y Tebas, contra el ejército macedonio en Queronea. Aquí, con Alejandro al mando de la caballería, derrotó al batallón sagrado de Tebas, siendo vencido por primera vez, y Filipo II obtenía así el control absoluto de Grecia con la primera gran gesta que se le adjudica.

En este punto de la vida de Alejandro, las relaciones con su padre y posibilidades de ser el heredero tomaron un giro drástico. El primer enfrentamiento fue a causa de la injerencia en los planes de Filipo II de entablar una relación con la región de Caria, casando a su hijo Filipo Arrideo con la hija del príncipe de Caria, Pixodaro. Alejandro se enteró de estos planes y pidió la mano de la princesa, Filipo lo rechazó inmediatamente y se desbarataron sus planes de emparentar las dos casas dinásticas antes de su expedición contra el gigante asiático. Como castigo, Filipo exilió a los amigos de Alejandro que habían formado parte del plan del príncipe. El segundo enfrentamiento tomó lugar en el 337, en la celebración de la boda entre Filipo II y Eurídice Cleopatra, sobrina de Atalo, un noble importante de Macedonia, el cual propuso un brindis por un heredero de sangre pura macedónica, acto que Alejandro interpretó como una desautorización a su posición de heredero al trono. Filipo II necesitaba el apoyo de la nobleza por lo que se puso del lado de Atalo y esto dio paso a un gran choque entre padre e hijo, que terminó con el exilio voluntario de Alejandro junto con algunos de sus compañeros y su madre Olimpíade. Tras dejar a su madre con su hermano, el rey de Épiro, Alejandro se dirigió a Iliria. No obstante, su estancia en el exterior no duró mucho, pues en el 336, gracias a la mediación de Demarato, padre e hijo se reconciliaron.

El rey macedonio decidió, antes de empezar su campaña contra los persas, realizar una última alianza matrimonial, entre su hija Cleopatra y el hermano de Olimpia, el rey de Épiro, asegurando así el apoyo de Épiro y mostrando a su vez a sus aliados griegos la cohesión de la familia Argeada. La boda tuvo lugar en la ciudad de Egas y allí, entre las celebraciones, Filipo II fue asesinado por uno de sus guardaespaldas, Pausanias.

Las fuentes hablan de una disputa amorosa entre Pausanias y un paje del rey, amigo de Atalo, el cual lo emborrachó y entregó a los mozos de cuadra para que lo violasen, Pausanias acusó ante Filipo a Atalo, pero el rey se puso de lado de Atalo e intentó aplacar la ira de Pausanias con regalos y promesas, sin mucho efecto, ya que Pausanias decidió tomar venganza contra el rey tras haberle negado el desagravio contra Atalo. Otras ideas que nos llegan del pasado es que los persas actuaron por medio del regicida para eliminar a Filipo II, pero no hay fuentes que lo aclaren. Otros historiadores apuntan hacia Olimpíade y Alejandro como impulsores del asesinato o al menos conocedores del plan de Pausanias.

Inmediatamente tras la muerte de Filipo, Alejandro fue al palacio de Egas, donde fue proclamado rey con el apoyo de sus compañeros, y gracias a Antípatro, el beneplácito de la nobleza y la asamblea del ejército. A continuación, prometió seguir con los planes de su padre, procedió al enterramiento del difunto rey y persiguió a los presuntos conspiradores.

Al fin, el príncipe macedonio se había convertido en rey y tenía vía libre para realizar sus ambiciones de grandeza, no sin antes tener que reforzar su autoridad en la liga de Corinto que su padre había formado y su posición como hegemon. Así empezaba el reinado de Alejandro Magno, el último héroe griego.

Bibliografía:

-Barceló, P.: Alejandro Magno, Alianza Editorial, 2011.

-Allen Lane, R.: The Search for Alexander, Penguin Books, 1980

 


Acerca de Nicolás Gargiulo

Nicolas Gargiulo Garcia (Segovia, 22 de Abril de 1992). Actualmente cursando el grado de Historia en la Universidad de Valencia. Desde pequeñito me fascinó la historia antigua, especialmente Grecia y Roma inclinándome hacia la mitología e historia militar de ambas (con preferencia sobre Roma). Siento una gran admiración por Alejandro Magno, Julio Cesar, Augusto y Trajano.

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