Apolo


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Apolo es el dios del vaticinio y la música, muy relacionado con la vegetación y la Naturaleza, aunque también se le atribuyen características como guerrero, capaz de enviar desde lejos una muerte rápida y dulce.

Apolo del Pireo, escultura en bronce del siglo VI a. C. tipo koûros. Museo Arqueológico de Atenas.

Este dios olímpico y su hermana gemela Ártemis (o Artemisa) son hijos de Zeus y de Leto; esta a su vez es hija del Titán Ceo y la Titánide Febe. Hay varias interpretaciones etimológicas del nombre de Apolo, y ninguna de ellas es más cierta que otra, siendo una duda hasta hoy imposible de contestar. Si bien, algunos lo relacionan con el verbo griego apóllymi, que significa “matar” o “destruir”; otra propuesta vincula su nombre dorio arcaico Apellon con la palabra apella que haría referencia a las asambleas anuales. Además, Apolo es denominado Febo en muchas ocasiones, que se podría traducir como “brillante”, y en este caso, ambos nombres griegos pasaron al latín sin cambios.

Leto, uniéndose amorosamente a Zeus, portador de la égida, dio a luz a Apolo y a la flechadora Ártemis, hijos encantadores por encima de todos los Uránidas.

HESÍODO, Teogonía 918-920

Apolo poniendo orden en una lucha entre centauros. Frontón occidental del templo de Zeus en Olimpia. Mediados del siglo V a. C.

Hesíodo enumeró la lista de esposas de Zeus, colocando a Leto antes que a Hera, lo que nos deja (una vez más) una contradicción en la mitología clásica, ya que un mito importante en la tradición cuenta cómo Leto sufre la persecución de Hera debido a sus celos como esposa legítima de Zeus. Leto tuvo que recorrer muchas regiones antes de dar a luz, ya que Hera había prohibido a todas las ciudades o tierras que le dieran cobijo para el nacimiento de su hijo. Aunque, finalmente, Leto recibe la ayuda de las diosas, que hacen venir a Ilitía, diosa provocadora de las angustias del parto. Así es como nace Apolo, con su madre Leto agarrada a una palmera, en la isla de Delos, antes llamada Ortigia, y antes aún Asteria.

En la isla se hallaban todas las diosas, todas las más nobles. Fue entonces, en cuanto llegó a Delos Ilitía, provocadora de las angustias del parto, cuando a Leto le sobrevino el parto y sintió el deseo de dar a luz. En torno a la palmera echó ambos brazos y apoyó las rodillas en el blando prado. Sonreía la tierra bajo ella. Saltó él fuera a la luz y las diosas gritaron todas a una.

Himnos homéricos III, a Apolo 93 y 115-119

Apolo del Museo de Kassel. Copia romana de un original atribuido a Fidias (mediados siglo V a. C.). La mano derecha portaría un arco y la izquierda una rama de árbol.

Apolo tuvo muchos amores, algunos desafortunados: Dafne, Marpesa, Corónide, madre de Asclepio, Casandra; otros correspondidos: Cirene, madre del apicultor Aristeo; Clímene, madre de Faetón; Creúsa, madre de Ión; Reo, madre de Anio, sacerdote de Apolo en Delos; Manto, madre del adivino Mopso; y también amores homosexuales con Jacinto y Cipariso. La mujer encargada de emitir oráculos de Apolo, es conocida en la mitología con el nombre de Sibila, y de entre las varias que hay, podemos destacar la Sibila de Cumas de la mitología romana, con la que Apolo también intentó tener amores.

El primer amor de Apolo fue Dafne, la hija del Peneo, y no fue producto del ciego azar, sino de la violenta cólera de Cupido: «Aunque tu arco atraviese todo lo demás, el mío te va a atravesar a ti». Dijo y sacó de su aljaba portadora de flechas dos dardos de diferente efecto; el uno hace huir al amor, el otro lo produce. El que lo produce es de oro, y resplandece su afilada punta; el que lo hace huir es romo y tiene la caña guarnecida de plomo. Éste fue el que clavó el dios en la ninfa del Peneo, mientras que con el otro hirió hasta la médula de Apolo después de atravesarle los huesos. En el acto queda el uno enamorado; huye la otra hasta del nombre del amor. Corren veloces el dios y la muchacha, él por la esperanza, ella por el temor. Sin embargo, el perseguidor es más rápido y acosa la espalda de la fugitiva. Agotadas sus fuerzas, palideció; vencida por la fatiga de tan acelerada huida, mira las aguas del Peneo y dice: «Socórreme, padre; si los ríos tenéis un poder divino, destruye, cambiándola, esta figura por la que he gustado en demasía». Apenas acabó su plegaria cuando un pesado entorpecimiento se apodera de sus miembros; sus suaves formas van siendo envueltas por una delgada corteza, sus cabellos crecen transformándose en hojas, en ramas sus brazos; sus pies un momento antes tan veloces quedan inmovilizados en raíces fijas; una arbórea copa posee el lugar de su cabeza; su esplendente belleza es lo único que de ella queda. Y el dios le habla así: «Está bien, puesto que ya no puedes ser mi esposa, al menos serás mi árbol».

OVIDIO, Metamorfosis I 452-474 y 539-558

Apolo y Dafne. L. Bernini, Roma, Villa Borghese.

El dios Apolo cuenta con muchos epítetos, entre los que podemos destacar: Cintio, a partir del monte Cinto de Delos junto al que nace; Cirreo, por Cirra, localidad cercana al santuario de Apolo en Delfos; Clario, por el santuario de Apolo en Claros, ciudad jonia; Délfico por Delfos; Delfinio por su transformación en delfín, en lo cual se observa un intento de explicación etimológica de Delfos; Delio por su nacimiento en Delos; Esminteo, que significa “ratonero”, por la creencia de que ahuyentaba las pestes de ratones, o bien por la ciudad de Esminta de la Tróade; Latoo, Latoida, Letoida, Latoyo y Latonígena, variantes del griego a partir del nombre de su madre Leto; Licio, bien por la palabra griega que designa al lobo, bien por el santuario de Apolo en Licia; Loxias, que significa “oblicuo” o “ambiguo”, por la oblicuidad de la eclíptica del sol, o por la ambigüedad de sus oráculos; Musageta como director del coro de las Musas; Peán, que significa “sanador”; Pitio, por la región de Pito, futura Delfos, o a partir de la matanza de la serpiente Pitón; Timbreo por el templo de Apolo en Timbra; y además, por su carácter de dios flechador, el “portador del arco”, “que dispara de lejos” o “certero”. Sus animales favoritos son el cisne, porque cantó en su nacimiento, el delfín, el cuervo, el lobo y el grifo.

Apolo Sauróctono. Originial en bronce de Praxíteles (siglo IV a. C.) perdido y copias romanas en mármol en el Museo del Louvre y en los Museos Vaticanos.

Apolo es un dios bello y rico en artes; nada más nacer se define a sí mismo como adivino y flechador; temible para quienes le ofenden. Se identifica con Helio, dios del sol, una identificación propia de los textos latinos y ausente en los griegos. Y, como dios pastor, es dueño de rebaños de vacas, que su hermano Hermes le roba.

«¡Sean para mí la cítara y el curvado arco! Y revelaré a los hombres la infalible determinación de Zeus.»

Himnos homéricos III, a Apolo 131 s.

Este dios olímpico protege la adivinación, y distribuye los dones de ésta, emitiendo oráculos desde sus santuarios a quienes van a consultarle. Es curioso como a partir de la adivinación, Apolo abarca la poesía y la música, ya que en la antigüedad entendían que estas actividades precisaban de una inspiración parecida a la de los adivinos. De hecho, la palabra en latín vatis significa “adivino” y “poeta” a la vez. También es protector y conductor de las Musas. La lira, la cítara y la forminge son los tres instrumentos de cuerdas utilizados por Apolo, sin que conozcamos bien sus diferencias, a Hermes se le atribuye la invención de la lira, y a Apolo, de la cítara. Además es protector de la medicina y padre del médico Asclepio. Por último, como boyero, ejerce la protección sobre la fecundidad del ganado.

Cuando tras largo tiempo de matrimonio, al encontrarse sin hijos en nuestro palacio, [Layo] va a interrogar a Febo y a pedirle la compañía de hijos varones para nuestro hogar, el dios le respondió: «¡Oh, soberano de Tebas de buenos caballos, no siembres el surco de hijos a despecho de los dioses! Porque, si engendras un hijo, el que nazca te matará, y toda tu familia se cubrirá de sangre».

EURÍPIDES, Fenicias 18-19

Apolo del Belvedere. En mármol del siglo II d. C., copia de un original en bronce del siglo IV a. C., posiblemente de Leócares. Roma, Museos Vaticanos.

Apolo también cuenta con muchas intervenciones míticas. La primera es la matanza de la serpiente Pitón. En otra ocasión lleva a unos varones cretenses hasta la región de Pito para que cuidaran su templo. También acabó con los Alóadas Oto y Efialtes.

Destaca también una sublevación contra Zeus llevada a cabo junto con Hera, Posidón y Atenea, razón por la que Apolo y Posidón deben servir a Laomedonte. Un nuevo castigo para Apolo llega tras su venganza contra Zeus por matar a su hijo Asclepio. El sátiro Marsias compite en un certamen musical contra Apolo, quien acaba ganando y dando muerte al vencido. En otro certamen entre Apolo y Pan, es el rey Midas el que sufre el castigo del dios por no estar de acuerdo con el veredicto del juez. Febo luchó contra Hércules por la posesión del trípode profético. En la guerra de Troya interviene a favor de los troyanos, y hay una versión que lo coloca como autor de la muerte de Aquiles.

Pitón era una enorme serpiente, hija de la Tierra. Antes de Apolo, ella solía dar las respuestas del oráculo en el monte Parnaso. Su destino era que habría de morir a consecuencia del parto de Latona (Leto). Cuando Pitón se enteró de que estaba embarazada de Júpiter (Zeus), comenzó a perseguirla para matarla. El viento Aquilón tomó a Latona por orden de Júpiter y la llevó hasta Neptuno (Posidón). Éste la salvó. Pitón, al no haberla encontrado, volvió al Parnaso. Cuatro días después de haber nacido, Apolo vengó los sufrimientos de su madre, pues llegó al Parnaso y mató a Pitón con sus flechas, por lo que es llamado Pitio. Echó sus huesos en un trípode que colocó en su templo e instituyó unos juegos fúnebres que son llamados Píticos.

HIGINO, Fábulas 140

Afligido [Hércules] por una terrible enfermedad provocada por el asesinato de Ífitom arribó a Delfos para preguntar sobre la manera de liberarse del mal. Al no darle la Pitia ninguna respuesta, decidió saquear el templo, llevarse el trípode y montar su propio oráculo. Pero Apolo luchó con él y Zeus arrojó un rayo en medio de ambos; separados de esta forma, Hércules obtuvo un vaticinio que afirmaba que conseguiría liberarse de la enfermedad si era vendido, servía como criado durante tres años y pagaba una suma a Éurito como indemnización por su crimen.

APOLODORO, Biblioteca II 6, 2

Apolo y Jacinto. B. Cellini, Palacio del Bargello, Florencia.

Después de Zeus, Apolo fue el dios que mayor número de santuarios y oráculos tuvo en la Antigüedad, quizás por el hecho de ejercer su protección sobre muchos campos de la vida. Destacan los santuarios de Delfos, en la región de Fócide; el de la isla de Delos, una de las Cícladas; y el de Claros, junto a Colofón, en la región de Jonia en Asia Menor. El nombre de Apolo no aparece en las tablillas micénicas, pero sí el de Peán, que acabaría siendo uno de los epítetos del dios.

Al lugar donde se encontraba Delfos se le atribuían cualidades proféticas, y sus habitantes podían vivir de las ofrendas hechas a Apolo y de hospedar a los peregrinos que llegaban a consultar el oráculo. Durante la Antigüedad, Delfos tuvo un gran prestigio e influjo político y religioso. El santuario formaba un gran recinto en la falda del monte Parnaso, con numerosos edificios como el templo de Apolo, un teatro y un estadio en el que se celebraban los Juegos Píticos. A estos se unían pequeños templos dedicados a dioses relacionados con los mitos de Apolo, como es el caso del Asclepieion, dedicado a su hijo Asclepio o el santuario de la Tierra, madre de la serpiente Pitón. Junto con edificios llamados “tesoros”, construidos y dedicados por muchas ciudades-estado para intentar ganarse el favor del oráculo.

El templo de Apolo contaba con una sacerdotisa, llamada pitia, y dos sacerdotes. Recibía consultas sobre política, religión o referentes al destino individual. Los que iban a consultar el oráculo debían esperar su turno, a menos que tuvieran el derecho de la promancia o de prioridad en las consultas, las cuales incluían unos ritos previos.

Fuente de Apolo en el Jardín del Príncipe del Real Sitio de Aranjuez (Madrid). Mármol, 1803.

Los textos cuentan que la pitia se sentaba en un recinto prohibido del santuario (ádyton) sobre el trípode profético, una especie de caldero de poco fondo con tres largas patas, junto al omphalós, “ombligo” o gran piedra sagrada, que se creía que marcaba el centro de la tierra. De una sima o gruta emanaban vapores que sumían a la pitia en un estado de entusiasmo (posesión divina) bajo cuyos efectos realizaba sus profecías. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas no pueden confirmar esta tradición.

El santuario de Apolo en Claros gozó también de gran prestigio, sobre todo en época romana. En la pequeña isla de Delos había otro gran santuario dedicado al dios del que quedan restos arqueológicos, e incluso, Plinio en su Historia natural cuenta que en el siglo I d. C. se enseñaba la palmera junto a la cual nacieron los gemelos Apolo y Diana (Ártemis). En Roma, el emperador Augusto favoreció el culto a este dios e incluso fomentó la leyenda de que era hijo de éste.

El Parnaso. Fresco de Rafael en Roma, Museos Vaticanos.

A su vez, en Atenas se celebraban las fiestas Pianepsia en honor de Apolo; y en Delfos, los Juegos Píticos conmemoraban la muerte de Pitón a manos del dios y el establecimiento de éste en el oráculo. En la ciudad espartana de Amiclas se celebraban las Jacintias en honor a Jacinto, fiestas que duraban tres días, y en el segundo había una romería en honor de Apolo. En Roma tenían lugar los Ludi Apollinares, juegos en honor de Apolo, instituidos desde el 216 a. C.

«Oh bienaventurada Nike, ven a la morada pítica, volando, desde los dorados tálamos del Olimpo, a estas calles donde el hogar de Febo, en el ombligo que es el centro de la tierra, junto al trípode celebrado con coros, emite oráculos infalibles».

EURÍPIDES, Ión 457-464

  • La información para este artículo has sido extraída íntegramente de Grupo Tempe: “Los dioses del Olimpo”, Alianza Editorial, 2016. 


Acerca de Fran Navarro

Fran Navarro (Sanlúcar de Barrameda, 13 de febrero de 1992). Estudia el grado de Historia en la Universidad de Sevilla y lo pone en práctica en este blog. Akrópolis es el proyecto de un joven seducido por las letras, los libros y la Antigüedad que nace con la intención de acumular síntesis de los distintos períodos que componen la Historia Antigua con la doble vertiente de la difusión y el propio aprendizaje del autor.

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