La caída de Babilonia


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Tres dinastías y dos destrucciones más hicieron falta para derribar completamente Babilonia. Son muchos nombres los que pasaron por el trono, unos para hacer florecer de nuevo la cultura babilónica y otros para intentar acabar de una vez por todas con su esplendor. Lo que sí es cierto es que, en medio de toda una amalgama de reyes, aparece el que sobresale y se pone a la altura de Hammurabi Nabucodonosor II, creador de los famosos Jardines Colgantes y de la Torre de Babel, que pasarían respectivamente a la historia como una de las siete maravillas de la Antigüedad y la segunda construcción legendaria de la Biblia.

Los casitas

Como ya habían demostrado ampliamente los amorreos, sobre todo bajo el mandato de Hammurabi, Babilonia podía ser el centro de un poderoso y próspero estado regional. Los casitas abrazaron esta idea reforzándola con una sólida tradición de servicio militar y organización bajo el mandato del primer rey de su dinastía, Agum II, desarrollando al mismo tiempo un sentido más amplio de identidad babilónica que desplazó de forma efectiva las viejas costumbres amorreas haciéndolas obsoletas. Este pueblo, cuyo nombre proviene del concepto “casa” como modelo social, dirigida por un “señor de la casa”, era culturalmente muy adaptable y receptivo, pero aun así mantenía su identidad lingüística y valores sociales además de su propia lengua, aunque no la escribían.

Al mismo tiempo que se asentaban en Babilonia, la élite casita dirigente se tomó sus relaciones con la cultura indígena mesopotámica con la máxima seriedad. Adoptaron y apoyaron los antiguos cultos, reconstruyeron y restauraron los templos de los dioses además de la ciudad de Durkurigalzu por el rey Kurigalzu II, donde estaba el verdadero poder casita, y mantuvieron sus ritos sin olvidar sus propias divinidades. Un siglo después, la Corte casita de Babilonia era la orgullosa protectora de la literatura acadia en su estilo más elegante y cuidadosamente escrita. Resucitaron también la lengua sumeria, muerta desde hacía tiempo, como lengua académica utilizándola para las inscripciones reales. Asimismo, muchas obras de arte y arquitectura casitas siguieron las pautas tradicionales mesopotámicas, mientras que otras reflejaban nuevos enfoques o verdaderas innovaciones.

Kudurru de los casitas. Eran concesiones reales escritos en piedra. Fuente: (http://terraeantiqvae.blogia.com/2008/012701-kudurrus-documentos-en-piedra-m-gico-notariales-mesopot-micos.php)

Kudurru de los casitas. Eran concesiones reales escritas en piedra. Fuente: (http://terraeantiqvae.blogia.com/2008/012701-kudurrus-documentos-en-piedra-m-gico-notariales-mesopot-micos.php)

El período casita constituyó un punto álgido en el desarrollo de la ciencia. Dentro de este campo destacan la adivinación a partir la formulación de la pregunta a los dioses de esta práctica, Shamash y Adad, y después el sacrificio de una oveja para examinar sus entrañas en busca de la respuesta. Otra ciencia babilónica era el estudio de las palabras y del lenguaje. Los filólogos casitas coleccionaban palabras raras, dominaban largas listas de palabras y signos y escribían comentarios sobre importantes obras literarias y eruditas. De hecho, la capacidad de traducir del sumerio al babilonio o viceversa era signo de persona culta.

El fin de la dinastía casita no estaba ya muy lejano. En 1165 a. C. el rey elamita Shutruk-nahhunte venció a los babilonios, se llevó a Susa un botín formado por el monumento de la Victoria Naram-Sin y la estela del Código de Hammurabi y convirtió a su hijo en rey del país. Un contraataque puso por cinco años un reinado de un casita y de aquí surgió la dinastía en Isín, cuyo dirigente más importante es Nabucodonosor I.

Nabucodonosor I (1126-1105 a. C.) ocupa un lugar preeminente en la tradición babilónica posterior como salvador de su ciudad y tierra. Su primera tarea fue la de urdir una reivindicación convincente del trono de Babilonia en oposición a la de la casa real elamita, alegando descender de un sabio sumerio que había gobernado la tierra mucho antes incluso de los amorreos. La segunda tarea consistió en retornar la estatua de Marduk cautiva en Elam mediante una maniobra sorpresa en pleno verano, una estrategia que casi acaba con su ejército. Su reinado finaliza con el choque entre Asur y Babilonia y así dará comienzo la Dinastía Asiria.

La Dinastía Asiria

Tras la invasión de Babilonia por parte del rey asirio Tiglath-Pileser I, nos encontramos una era oscura que abarca aproximadamente desde 1050 a 900 a. C. en la historia del país con pocas fuentes escritas. Posteriormente, aparece el rey Salmanasar III, guerrero infatigable y sucesor de Ashurnasirpal II que firmó una alianza con Babilonia después de dos campañas motivadas por las luchas dinásticas en las que intervino. Pero el Imperio Asirio-Babilonio como tal aparece gracias a Tiglath-Pileser III y se consagra con la llamada Dinastía de los Sargónidas, iniciada por Sargón II en el año 721 a. C.

Esta época tan caótica y violenta comienza con el choque entre Sargón II y el líder del clan Bit-Yakin llamado Marduk-Apla-Iddina por el deseo de este último por ocupar el trono de Babilonia. Finalmente, Sargón consiguió conducirlo al exilio en Elam y se proclamó rey de Babilonia, aunque a su muerte su antiguo enemigo volvió a intentarlo. Senaquerib, hijo de Sargón II, dirigió su ejército contra este atacante reiterado y nombró rey de los babilonios a Bel-Ibni, un nativo de la zona. Sin embargo, Bel-Ibni también se rebeló contra la hegemonía asiria y Senaquerib fue obligado a reemplazarlo con su propio hijo, Ashur-Nadin-Shumi.

El rey Senaquerib durante el asedio de Laquis, 701 a.C. durante la campaña de conquista de Judea. Fuente: (http://anabasis-historica.blogspot.com.es/2012/10/el-asesinato-de-senaquerib-681-ac.html)

El rey Senaquerib durante el asedio de Laquis, 701 a. C.
durante la campaña de conquista de Judea. Fuente: (http://anabasis-historica.blogspot.com.es/2012/10/el-asesinato-de-senaquerib-681-ac.html)

Mientras los asirios conducían a Marduk-Apla-Iddina hasta su reducto en las húmedas tierras del sur, el rey de Elam aprovechó la ocasión para apropiarse del trono babilónico, imponer un gobernante elegido por él y llevarse encadenado al reciente rey. En venganza, en el año 689 a. C., Senaquerib cercó la ciudad durante quince meses, arrasó la ciudad, excavó los canales que iban directamente al centro e inundó toda la zona urbana para que nadie saliera con vida de nuevo.

Tras el asesinato de Senaquerib, su hijo Asarhaddón subió al poder y permitió que regresaran los deportados, ordenó que las estatuas de los dioses volvieran a colocarse en los templos y, en general, hizo todo lo que estaba en su mano para deshacer el daño causado por su padre. Así, intentó estabilizar las relaciones entre Asiria y Babilonia designando a su hijo menor Asurbanipal como sucesor en el trono asirio y a su otro hijo, Shamash-Shumu-Ukin, como rey de Babilonia. Pero esto también fracasó y poco después de la muerte de Asarhaddón estalló una cruenta guerra civil entre los hermanos que acabó con la muerte del hijo menor en el incendio de su palacio, la designación de un nuevo rey de Babilonia meramente nominal y la destrucción de Elam.

Así comenzó la caída del Estado Asirio. Quince años después de la muerte de Asurbanipal, los medas aplastaron la defensa asiria como consecuencia de la sucesión de emperadores cada vez más débiles y también gracias a la ayuda de Babilonia, que había resurgido por un jeque caldeo que aprovechó el vacío de poder conocido como Nabopolasar y el hombre que inició el llamado Imperio neobabilonio.

El Imperio neobabilonio

Aunque estuvo pocos años en el trono, el jefe del País del Mar, Nabopolasar, intervino en el fin del Imperio Asirio con la caída de su capital Nínive en el año 612 a. C. Además, pudo extender sus ambiciones hacia el norte con ayuda elamita y conquistó Uruk y Nippur.

Nabucodonosor II junto a la puerta de Ishtar. Fuente: (http://historiamundo.com/el-rey-neo-babilonio-nabucodonosor-ii/)

Nabucodonosor II junto a la puerta de Ishtar. Fuente: (http://historiamundo.com/el-rey-neo-babilonio-nabucodonosor-ii/)

Pero el exponente más importante de este período y de Babilonia desde Hammurabi fue, sin duda, Nabucodonosor II. El hijo de Nabopolasar comenzó sus andanzas con la toma de Karkemish en el año 605 a. C., que coincidió con la muerte de su padre. Esta victoria puso en manos babilonias la mayor parte de Siria y Palestina.

Su política exterior también pasó por Jerusalén, país que anexionó a Babilonia en el año 597 a. C., deportando a algunos de sus habitantes y al rey Joaquín de Judá con su familia a Babilonia y poniendo en el trono a Sedecías y a su tío, quienes le traicionaron rebelándose y asociándose a Tiro y a Egipto. Como consecuencia, Nabucodonosor II volvió a conquistar Jerusalén con una nueva deportación a todos sus habitantes a Babilonia en el año 582 a. C. y anexionando el reino de Judá poco después.

En cuanto a la política interna, llevó a cabo grandes trabajos de reconstrucción como son la gran torre de pisos o zigurat de 100 metros llamado Etemenanki, también conocido como la famosa Torre de Babel según fuentes bíblicas, el templo de Marduk o Esagila y al norte de la ciudad se encontraban los jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

El fin de Babilonia

La caída de Babilonia tiene dos variantes dependiendo de la fuente que consultemos. La primera de ellas, Heródoto, nos narra los acontecimientos cincuenta años después:

Si los babilonios hubiesen sabido lo que Ciro pretendía o hubiesen advertido el peligro, nunca habrían permitido a los persas entrar en la ciudad, sino que los habrían destruido completamente; porque habrían cerrado todas las puertas que dan al río y habrían subido por las paredes que dan a sus orillas, de manera que habrían cogido al enemigo en una especie de emboscada. Pero los persas aparecieron por sorpresa y tomaron así la ciudad. (Hist., I, 191).

La segunda de ellas resulta ser la antítesis de la anterior. El cronista oficial del reino de Nabonido, un sacerdote del templo de Marduk, describió una ocupación totalmente pacífica y muy bien recibida por los ciudadanos, que pedían un cambio a gritos por la mala administración de su rey. Pero este momento histórico tuvo una trayectoria.

El esplendor de Babilonia durante el reinado de Nabucodonosor II ocultaba su inestabilidad interna y los hechos se sucedieron con gran rapidez: en el año 595 a. C. se produjo una revuelta tras su muerte que colocó por dos años a Awel-Marduk en el trono; este fue eliminado por su cuñado Neriglissar, incapaz de arreglar la situación debido a su temprana muerte cuatro años después y su hijo Labashi-Marduk fue asesinado para subir al poder a Nabonido en 555 a. C., hijo de un gobernador de origen arameo y una sacerdotisa del dios Sin de Harran.

 Babilonia durante la invasión persa. Fuente: (http://www.diomedes.com/hm_6.htm)

Babilonia durante la invasión persa. Fuente: (http://www.diomedes.com/hm_6.htm)

La autoridad del último rey de Babilonia fue rechazada por el pueblo desde el principio y una de las razones es que no tenía ascendencia real. Su gobierno estuvo plagado de problemas, muchos provocados por él mismo: se enfrentó al clero de Marduk favoreciendo el culto de Sin de Harran, estallaron grandes conflictos en las ciudades de Babilonia, Borsippa, Ur, Uruk y Larsa por la mala situación económica y partió hacia Arabia donde permaneció diez años confiando los asuntos de Estado a su hijo Baltasar.

Mientras tanto, poco a poco se iba gestando el nacimiento del Imperio Persa gracias a Ciro II, quien se valió de una guerra psicológica para hacerse con Babilonia. El intento de Nabonido de imponer el culto del dios Sin llevó a la deserción de varios gobernadores babilonios que se pasaron al partido de Ciro. Por otro lado, el rey persa había prometido devolver Marduk a su legítimo puesto todo el año y había confirmado su intención de apoyar un culto adecuado para todos los dioses. Por estas razones, el cronista oficial alaba de forma positiva su llegada a Babilonia y afirma que todos coincidían en que Ciro era un rey digno, ejemplo de virtud y devoto siervo de dios, especialmente por haberse hecho con la ciudad sin actos de violencia.

Así, en otoño del año 539 a. C., Ciro II entró en Babilonia asesinando a Baltasar y haciendo prisionero a Nabonido. Con él terminó el Imperio neobabilonio y el último periodo de esplendor de esta antigua civilización, que pasó a convertirse en una provincia persa.

Bibliografía:

  • Champdor, A.: (1963) Babilonia. Barcelona: Aymá.
  • Foster, B.R.; Foster, K.P.: (2001) Las civilizaciones antiguas de Mesopotamia. Barcelona: Crítica.
  • Schmöchel, H.: (1965) Ur, Asur y Babilonia. Madrid: Castilla.
  • Kriwaczek, P.: (2010) Mesopotamia: la mitad de la historia humana. 1ª ed. Barcelona: Planeta.
  • Fernández, P.; Vázquez, A.M.: (1989) Introducción a la Historia antigua I. Próximo Oriente y Egipto. 2º ed. Madrid: Pinto

 

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