El pasado 7 de noviembre (2014) el profesor Francisco Pina Polo visitó la Universidad de Sevilla para ofrecer una conferencia en la que, más allá del tema que venía a contarnos, dejó una clase magistral sobre metodología para la investigación histórica. En este caso, investigación sobre la sociedad romana: “Las clientelas provinciales en el occidente del imperio romano”. No voy a exponer aquí un resumen de la compleja investigación que requiere las clientelas provinciales de la antigua Roma. Para ello remito a Ernst Badian y su obra Foreign clientelae (1958) que sigue siendo la referencia para estudiar el susodicho tema. Me interesa más referirme a las conclusiones a las que llega el profesor Pina Polo mediante una crítica científica al trabajo del que fuera profesor de Harvard, Ernst Badian. Conclusiones que, en palabras de Pina Polo, son posibles de extraer de una investigación mediante la formulación de preguntas inteligentes, que nos llevan a la obtención de distintos enfoques, ideas y planteamientos para contrastar el nivel de realidad histórica que puede tener un tema que parece ya resuelto.

Se requiere un conocimiento amplio sobre las clientelas para poder comprender cómo la onomástica provincial deriva de la epigrafía altoimperial, por lo que no puede servir como instrumento para identificar supuestas clientelas provinciales de época republicana. La clientela provincial era en todo caso personal o familiar, nunca gentilicia. Pina Polo apuntaba que un cliente podía tener más de un patrono y que las clientelas provinciales no suponían la firma de un contrato sino que era un acuerdo voluntario. El número de clientes provinciales podía ser de importancia política, pero siempre sería un número más escaso del que el patrono presumía. Son estas unas conclusiones cuyo entendimiento apremian a realizar un ejercicio de lectura de la obra de Badian teniendo en cuenta esta crítica realizada por Pina Polo, quien opina que hay que redefinir el estudio clientelar, porque la teoría falla al ponerla en práctica sobre la realidad histórica.

Aprovechando la intervención de Pina Polo, acabo recomendando uno de sus libros: “Marco Tulio Cicerón”, obra digna de tener un hueco en nuestro estante.

La primera catilinaria, Maccari, 1880.

La primera catilinaria, Maccari, 1880.

 

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