Claudin Cohen: “La mujer de los orígenes”


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La mujer de los orígenes de Claudine Cohen comienza en su prólogo con la frase: el Hombre prehistórico era también la mujer. Una idea, según la autora, que apenas se les ha ocurrido a los prehistoriadores que hasta ahora sentían una ligera curiosidad, pero no el ímpetu de averiguar cuál era el lugar de la mujer prehistórica. Esto comenzó a cambiar hace medio siglo, cuando se empezaron a conocer diversos estudios sobre la mujer prehistórica, sobre todo en Francia. Cuna de muchos movimientos feministas que se encargaron de desarrollar dichas investiga-ciones dando lugar a una verdadera explosión de publicaciones sobre el estudio concreto de la mujer en la prehistoria. Este libro pretende llevar al lector a la reflexión, mediante la recopilación de información con infinidad de teorías y pensamientos sobre la mujer prehistórica.

"La mujer de los orígenes" Claudine Cohen

La introducción del libro viene encabezada bajo el título de “la mitad invisible de la humanidad prehistórica”. Y comienza hablando sobre el descubrimiento en la cueva de Chauvet, cerca de Aviñón, de la representación más antigua de la mujer. Una representación que nos lleva a verla como objeto de deseo, al aparecer solo pintada la mitad inferior de un cuerpo femenino, es decir, aparece claramente el sexo de la mujer; el origen del mundo. Desde principios del Paleolítico Superior, las pinturas haciendo referencia a las mujeres y las esculturas como las famosas “Venus” nos deja ver la importancia del sexo, dando de lado incluso al representar extremidades femeninas y acentuando solo sus zonas sexuales. Así que se tenía la imagen de una mujer pasiva en la prehistoria, es decir, la mitad invisible. Pero estudios etnográficos, a partir de la segunda mitad del siglo XX, sobre las actuales sociedades cazadoras-recolectoras ponen en duda ese papel insignificante de la mujer durante la prehistoria. Por lo que comienza un enfrentamiento, cuando a la imagen del mítico héroe cazador se le interpone la mujer recolectora benefactora de sus propios alimentos. Una mujer productiva, inventora, artista, conquistadora, se va reflejando en el modelo de mujer de los orígenes, mediante investigaciones de campo de las actuales féminas con parecido sistema de vida al que estudian los prehistóricos. Además, el arte también es un elemento clave para entender el lugar de la mujer prehistórica, ya que sus imágenes abundan en las representaciones de nuestros antepasados más antiguos. Lo que nos lleva a reflexionar sobre dichas representaciones artísticas, a menudo enturbiadas por nuestras propias ideas debido a la jerarquía humana y social arraigada en el sistema simbólico de cada sociedad.

Pasando al capítulo uno, Claudine Cohen redacta sobre los mitos del origen, destacando las figuras de Eva (religión) y Lucy (ciencia). Para ello describe una fotografía en la que se representó a una pareja de bípedos prehistóricos abandonando una sabana arbórea que se ve amenazada por la actividad de un volcán. Con dicha imagen, científicos de Nueva York intentaron explicar todo lo que sabían sobre el origen de la familia. Pero esta teoría parece impregnada de ideología religiosa, como es el caso de Adán y Eva huyendo del Edén. Los científicos se apoyan en el hallazgo de unas huellas marcadas en la ceniza volcánica en Tanzania con una antigüedad de 3,6 millones de años. Una pareja de bípedos contemporáneos a Lucy, pero que según Cohen los prejuicios y tópicos tanto científicos como religiosos están patente en dicha representación.  La religión, señaladora de la mujer como secundaria, el sexo débil. Culpable del castigo divino a la humanidad por ello recibió el dolor al parir. Aunque no deja de ser curiosamente, la madre de la humanidad también. Pero en cualquier caso, dotada de secundaria en el mundo. Y hasta el siglo XIX así continuaría las vidas femeninas. Es a principios de este siglo cuando en Inglaterra, Francia y Estados Unidos sobre todo, tenemos conciencia de los primeros movimientos feministas. Pero las ciencias prehistóricas de este tiempo mantenían la dificultad de abandonar el relato bíblico, basándose en la evolución pero acentuando esencialmente el aspecto masculino. La idea generalizada de la mujer prehistórica consistía en un objeto sexual encargada solo de la familia y niños. Pero a mediados del siglo XX, la prehistoria repiensa el papel femenino, donde la aportación de la escritora Jean Auel, fue esencial. Auel, en “Los hijos de la Tierra” presentó una vida prehistórica desde el punto de vista de una mujer.

La dificultad del estudio de la mujer es claramente difícil ya que pocos son los fósiles descubiertos y relacionados con un cuerpo femenino. Mayoritariamente entendidas como prostitutas o brujas. Es el caso del fósil de la cueva de Paviland, descubierto en 1823, aunque más tarde sería asignado como un fósil de hombre.  El descubrimiento de Lucy marcó una época en la historia de la mujer prehistórica. Fue en 1974, el yacimiento de Hadar en Etiopía, nos descubría un fósil situado en un tiempo de hace más de tres millones de años. ¿Se podría tomar como una señal de que a partir de ese momento la mujer tomaba un lugar en la prehistoria? En cualquier caso, se trataba del esqueleto más antiguo, más completo y mejor conservado de un ser humano bípedo  que había descubierto. Don Johanson la tituló como la “madre de la humanidad” y decía que Lucy era el antepasado común de todos los homínidos conocidos hasta ese momento. Pero otros fósiles más antiguos, quitarían la razón a Johanson, mostrando una ramificación de nuestro árbol genealógico. Aunque lo cierto es, que lejos de empeñarse en encontrar, nombrar o identificar un origen bajo el orden del pensamiento mítico, la paleontología debería limitarse a establecer filiaciones y parentescos. A fin de evitar lo que hoy día permanece como la reflexión sobre la mujer de los orígenes, simples mitos.

Cohen trata ahora el devenir de los hombres según la mujer. Es decir, habla sobre la contribución o no de la mujer en moldear los rasgos que caracterizan hoy en día nuestra especie. A finales del siglo XVIII la mujer en la prehistoria era vista como un simple contenedor que recibe la semilla masculina. El papel activo de la mujer prehistórica no es formulado y aceptado hasta el transcurso del siglo XIX. Con el triunfo de las teorías de la “epigénesis” y la compresión del desarrollo del óvulo y formación del embrión humano. Por ello, a mediados del siglo XIX numerosos debates y reflexiones se abren paso entre la sociedad a fin de comprender mejor nuestro orígenes. Cabe destacar la aportación de Charles Darwin en este papel femenino y su intervención o no en la humanidad. Darwin creó el concepto “selección sexual”. En 1868, diez años después de su obra maestra, Darwin y su gran aporte a la evolución humana, diferenciaba a la “selección natural” de la “selección sexual” en que esta implica una preferencia, una elección efectuada por los individuos. En “El origen del Hombre”, Darwin plantea una argumentación compacta para demostrar dos puntos trascendentes; la importancia de la elección de una pareja sexual en la evolución de una especie y aplicar esta demostración a la especie humana. Así que explicaba dos formas de poder darse una selección. Una consiste en una lucha entre machos a fin de expulsar los rivales. Considerando así una hembra en situación pasiva. Y la otra manera de darse una selección sexual muestra a una hembra activa encargada de elegir a su macho, el cuál luchaba para seducir y atraer la atención de dicha hembra. Esto era “lo más corriente en los animales inferiores” según Darwin. Teniendo en cuenta esto, la selección de las mujeres a gran escala van modificando algunos rasgos masculinos en sus aspectos físicos o en su comportamiento. Esta forma de selección intersexual está vigente en las “tribus muy bárbaras” según Darwin, donde la mujer tiene el poder de elección. Pero esto se distorsionaba al presentar que en fases más evolucionadas, el hombre es el que pasa a ser el que elige a la mujer más atractiva, base de los adornos femeninos a fin de exaltar su belleza. La selección sexual por tanto tiende a normalizarse, extendiéndose, cada vez más, en la especie. Darwin fue el pionero en dar importancia a la diferencia de sexos en la evolución  esto abrió el espacio a una reflexión y que da a la diferencia sexual un rol esencial en los escenarios de la hominización.

Se halla una diferencia esencial en el comportamiento sexual entre humanos y animales. Esto tiene que ver con la posibilidad de poder mantener relaciones sexuales permanentemente con la mujer, sin época que limite el celo femenino. Es decir, no tienen un “estro”, un estado de hormonal de receptividad sexual. Esto desata infinidad de comparaciones entre hombres y animales con la discusión de marcar como únicamente rasgo humano su sexualidad, algo que según Claudine Cohen no es así.

Algunos antropólogos definen el bipedismo como un factor decisivo para la transformación del comportamiento sexual. Transformación que vemos reflejada en que la sexualidad humana deja de ser una forma de la naturaleza para pasar a ser parte de la cultura. En cualquier caso, el sexo tomo un vuelco, y no solo mantiene un enfoque reproductivo.

La pérdida del “estro” en la especia humana provocó una transformación profunda, esencial en el proceso de “la hominización”. Este cambio, coincide con el bipedismo y el hecho de conocer las causas y efectos de este fenómeno resulta clave para entender el origen del comportamiento humano y las formas sociales. Una posibilidad sexual continua puede tomarse como la razón de ser en la existencia de parejas estables, cuyo hecho se toma como el preludio de la vida familiar. La pérdida del “estro” y la disponibilidad sexual ininterrumpida sitúa desde las épocas más antiguas de la existencia humana la sexualidad dentro del orden simbólico y de las reglas sociales.

La vida sexual en el paleolítico, tema del tercer capítulo de “la mujer de los orígenes” comienza explicando la imagen que dejó el siglo XIX sobre los “tiempos de las cavernas”. Una brutalidad sexual, con violación e imágenes eróticas que vulgarizan la prehistoria. Imagen llevada hoy en día al cine, libros y cómics con el hombre arrastrando por los pelos a la mujer cavernícola. Es difícil averiguar la vida sexual de nuestros antepasados. Debido a la falta de pruebas, ya que únicamente nos podemos guiar e interpretar las representaciones pictográficas de escenas sexuales y recreaciones de caracteres sexuales muy marcados. Lo que equivale a la pornografía actual. Estas imágenes son claves en la comprensión mediante corrientes de interpretación cuya finalidad es descifrar símbolos o culturas del Paleolítico Superior.

Por ello es llevada a cabo la tarea de las lecturas del sexo prehistórico. Lectura sobre todo de la abundante representación de animales con caracteres sexuales exagerados, donde los humanos escasean. Pero tanto el arte mueble como el rupestre nos presentan figuras cuyo sexo aparece muy marcado e incluso se han encontrado representaciones de sólo órganos sexuales.

La cueva de Chauvet, descubierta en 1994, es la más antigua, enmarcada entre el 28000 y el 30000 a.C. Este descubrimiento mantiene su importancia no solo por la belleza de su decoración a veces realista a veces esquemática, sino también por el hallazgo de formas femeninas repetidas de manera constante a lo largo del Paleolítico Superior.

Las estatuillas de formas generosas del período gravetiense (27000-20000 a.C.) se conocen en toda Europa. Cuyo estandarte podemos decir es la “Venus de Willendorf”. Y como ésta, otras tantas de venus talladas o bajo relieves dan rienda suelta a infinidad de teorías sobre lecturas de dichos hallazgos que sin duda realzan el interés sexual de los prehistóricos.

La desnudez y la incidencia de los caracteres sexuales dieron lugar a comentarios e ideologías obscenas en los atrasados comienzos del siglo XX. Hasta la mitad del siglo XX, la falta de escenas donde aparecieran mujer y hombre juntos, se le adjuntaría una “obsesión sexomaníaca” como diría Breuil sobre los creadores de estas representaciones sexuales. A finales del siglo XX, surgen numerosos debates acerca de los apareamientos entre prehistóricos. Tomando referencias en las posturas representadas en las mujeres, se decía que el yacer como animales pertenecía a una sociedad más salvaje. En cambio, la postura del misionero, posible en parte por el bipedismo, se relacionaba con sociedades más civilizadas.

Se replantean dudas sobre las representaciones femeninas encontradas en descubrimientos prehistóricos; ¿hacen referencia a un simple erotismo, son llevadas a cabo como magia para la fecundidad o se pretendía una protección del embarazo?

El abate Henri Breuil quiso ver el arte rupestre como una expresión religiosa y mágica, vinculada al modo de vida de los cazadores del Paleolítico. El arte estaba enlazado con el deseo de fecundidad o con ritos de caza, es decir, la preocupación por la supervivencia del grupo.

Por otro lado, Saccassy della Santa, resalta la unión entre hombres y animales en cierto número de escenas. El bestialismo del que habla, también presente en la Edad Media y la Edad Antigua, se basa en ritos de fecundidad o rituales de caza de carácter sexual.

Según Georges Henri Luquet, es el carácter voluptuoso de la mujer y no su capacidad reproductora lo que llamó la atención de los hombres prehistóricos. Ya que estudios etnológicos ponen en evidencia que el nacimiento de niños fuese algo provechoso en una sociedad cazadora-recolectora. Esto es debido a que un mayor número de gente desemboca en una mayor competencia para la caza. Se trata de una boca más que alimentar. Y aunque se pueda dar una ayuda en forma de otro cazador, esto solo ocurre a largo plazo.

Luce Passemard y Dale Guthrie tomaron estos descubrimientos artísticos como representaciones de simplemente la necesidad humana o las primeras mágenes eróticas del mundo.

Otros en cambio, hablan de figuras entradas en carnes por su relación con la fecundidad, encontrándose en estado de embarazo y en muchos casos representándose un parto.

La crítica feminista se dedicó a colocar a la mujer como controladora activa en una parte importante de su vida, tomando como teoría la de proteger a las madres por encima de los niños, de ahí el hecho de recrear las estatuillas descubiertas.

El simbolismo y la dualidad de los sexos es un tema también muy tratado en diversas teorías. André Leroi-Gourhan, se ha convertido en el gran descifrador de los símbolos añadidos a las figuritas que tallaron los prehistóricos. En 1958, orientado hacia un sistema simbólico, se dedicó a no relacionar las representaciones con ningún tipo de magia, sino que solo incluye la diferencia sexual como un objeto más en el principio de un sistema de pensamiento complejo.

Partiendo de esto, de nuevo emergen numerosos estudios y opiniones con respecto a las pinturas paleolíticas, haciendo referencias a magia, brujería o simbolismos difícilmente de descifrar con exactitud, debido al incluir nuestras propias ideologías y a la obvia falta de información de un tiempo tan tardío al nuestro pero en el que la lectura de sus obras es lo que nos queda para ayudar a entender mejor las formas sociales y culturales que reinaron en la prehistoria.

En el capítulo cuatro, encabezado con el título “los avatares del matriarcado”,  podemos leer sobre una ideología que desde el siglo XIX sostenía la existencia de una época en la que el dominio de las mujeres fue total. Tomadas como diosas y reinas, jefas de guerra y poseedoras del poder social, que no hubo que esperar mucho para ver un reemplazo en sociedades con predominio masculino y patriarcal.

“Sur la place de la femme dans la préhistoire du genre humain” de Johan Jakob Bachofen, defendía con más fuerza la idea matriarcal en el siglo XIX. Esta obra , que pasaría a llamarse “Das Mutterrecht” (El derecho matriarcal) se basa en el poder reproductivo de la mujer, en su derecho como madre y su degeneración en el poder de las amazonas.  Esto seguiría reinando hasta la puesta en escena del derecho romano que dio poder al hombre y un posterior paso al patriarcado.

Esta obra fue duramente criticada por su método, el cuál tomaba mitos como verdaderamente datos históricos.  En cambio, otros tomaron a Bachofen como el pionero en hacer una historia de la familia.

La evolución de la familia, un tema que en el siglo XIX como ya dijimos, seguía impregnado de las representaciones bíblicas, donde se toma como punto de salida a una pareja original de la cual sale toda la humanidad. Pero el desarrollo de la antropología y la aparición de la prehistoria crean nuevas vías de reflexión basadas en la idea de progreso.

Así desde el salvajismo hasta la extrema civilización son estudiadas diversas cuestiones a fin de comprender el origen de la familia, cómo llega hasta esta situación o los distintos modelos de familias existentes.

Nos situamos ahora durante los años veinte y treinta del siglo pasado donde el marxismo impuso en  la Rusia soviética una mirada nueva al devenir de las culturas humanas, que iban a expresarse también en la investigación arqueológica.

Importantes debates sobre estos temas tuvieron lugar las siguientes décadas “hasta admitirse la imposibilidad de establecer correlaciones entre las culturas prehistóricas, los períodos de evolución familiar y los estadios económicos que defendía el marxismo”.

Pero el tema del matriarcado no muere aquí, sino que en 1960 vuelve a predominar en la arqueología del Neolítico, donde la intención era construir la imagen o el mito de la “Diosa Madre” como base de la civilización occidental. Pero serían criticados bajo pensamientos idealizados. Aunque sí que se retuvieron algunos elementos sobre los que teorizaron los pioneros de la etnología del siglo XIX.

“Al menos, el poder matriarcal sigue siendo uno de los grandes mitos femeninos unidos al imaginario de nuestros orígenes”.

El quinto capítulo del libro a resumir, a fin de comprobar el grado de mito o realidad en el matriarcado prehistórico, comienza con la mención de la “Dama de Brassempouy”,  un hallazgo con 30000 años de antigüedad. Esta obra, junto con otra minoría de representaciones, parecen inspirarse en personajes reales. Pero en tal caso, ¿hablamos de retratos en la prehistoria?

Édouard Piette mantenía que sí en su libro “L’art pendant l’agê du renne” de 1907. Por ello y una gran cantidad de imágenes femeninas, se piensa en un culto a una “Gran Diosa” que habría reinado en la prehistoria, cuyo poder provenía de su función fecunda.

De la propiedad de la tierra, esencial en la historia humana, surge un nuevo valor otorgado al hijo, a quién poder traspasar sus bienes y el trabajo. Se cuestionó el paso al Neolítico como un fenómeno simbólico y religioso, como diría Cauvin, pasándose a un nuevo culto de la “Gran Diosa”. Por otro lado, parecía que la “revolución neolítica” no había ocurrido de golpe como pensaba Gordon Childe, más bien se hablaba de “neolitización”, un proceso que varía cronológicamente según la región.

Pero sin duda, un culto universal hacia una “Gran Diosa” ha sido defendido y objeto de estudio por numerosas teorías. Hasta que en 1990, diferentes orientaciones de la investigación reflejan un nuevo clima intelectual en la prehistoria; no decidir de antemano lo que es sagrado y lo que no es sagrado.

Infinidad de pinturas, esculturas o incluso distribución de cuerpos enterrados, con ayuda de datos arqueológicos, es posible dibujar una imagen más compleja, rica y diversificada de la realidad de estas mujeres prehistóricas.

El último capítulo que nos presenta Claudine Cohen se titula “La nueva situación: feminismos en prehistoria” y nos sitúa en el año 1949, cuando Simone de Beauvoir publica “El segundo sexo”, marcando un giro para la toma de conciencia en una nueva generación de mujeres. Beauvoir decía que “la sociedad ha sido siempre masculina; el poder político ha estado siempre en manos de los hombres “ y veía absurdas las teorías sobre el matriarcado.

En los Estado Unidos, a partir del 1950, los movimientos feministas tuvieron un impulso considerable y la prehistoria se convirtió en el punto de partida.

La Segunda Guerra Mundial repartió trabajos entre las mujeres que antes se encontraban reservados a los hombres. Así que, con la paz y la vuelta a sus casas por parte de las mujeres, tuvo lugar una honda reivindicación por la libertad perdida. “En este contexto tuvieron lugar importantes debates sobre la incidencia de los roles sexuales en la génesis de la humanidad y sobre la estructura de los grupos humanos en los inicios de su historia”.

La imagen del héroe viril, cazador, que alimenta a su grupo, fue enturbiada en los años 60 por estudios etnográficos de los bosquimanos actuales en África del sur. Donde la caza llevada a cabo por el hombre representa un tercio del aporte alimenticio en el grupo. Mientras que el trabajo de la mujer aporta los dos tercios restantes.

Sin embargo, en los 70, Owen Lovejoy representa de nuevo a una mujer pasiva y sedentaria, rodeada de su prole, esperando en el fondo de las cuevas el retorno del macho que había salido en busca de alimento y hazañas.

Una generación más tarde, con la moderación feminista, se formó en EE.UU. una renovación de los enfoques arqueológicos: “ya no se pretende crear modelos globales, sino más bien estudios locales, vinculados a una crítica de las ideologías subyacentes a la construcción de culturas”.

“Lo cierto es que todas las tesis, panoramas e interpretaciones deben ilustrase por la génesis y el contexto intelectual y social en el que se han producido y debatido, y por el de su acogida, principalmente por el gran público”.

En su conclusión, Claudine Cohen, tras hablar sobre los cambios en la difícil materia de la prehistoria, explica el acento mitológico que compone su libro, ya que son esos mitos los que han configurado nuestra visión de la mujer de los orígenes.

“Las investigaciones vinculadas a la mujer prehistórica parecen marcar un punto de no retorno por su riqueza y diversidad”. Porque el descubrir a la mujer, “no es solamente añadir un nuevo elemento al cuadro de nuestros orígenes, es aceptar el riesgo de cambiar profundamente  la visión que tenemos de estos, y por lo tanto, de nosotros mismo”.


Acerca de Fran Navarro

Fran Navarro (Sanlúcar de Barrameda, 13 de febrero de 1992). Estudia el grado de Historia en la Universidad de Sevilla y lo pone en práctica en este blog. Akrópolis es el proyecto de un joven seducido por las letras, los libros y la Antigüedad que nace con la intención de acumular síntesis de los distintos períodos que componen la Historia Antigua con la doble vertiente de la difusión y el propio aprendizaje del autor.

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