La conquista romana de Hispania (Parte II)


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Tras derrotar a la poderosa Cartago en la Segunda Guerra Púnica, Roma debía enfrentarse a la población indígena hispana para intentar controlar la totalidad de la Península. El Estado romano no solo había decidido permanecer en Hispania controlando los dominios conquistados, sino que estaba decidido a ampliar estos territorios. Ante los continuos abusos de los nuevos dominadores romanos, y el intento de anexionar nuevos territorios, la población indígena respondería con las armas y el combate. Sin embargo, la resistencia hispana se caracterizó por su significativa desorganización, ya que no debemos olvidar que Hispania se componía por aquel entonces de pequeñas agrupaciones políticas, incapaces de formar grandes alianzas entre ellas y de organizar una estrategia de defensa conjunta a gran escala contra Roma. Tan solo celtíberos y lusitanos lograrían formar grandes bloques de defensa militar significativos contra los dominadores romanos.

roma

Consolidación de posiciones y ampliación de fronteras

La intervención romana en la Península Balcánica (que desembocó en la anexión de Grecia como nuevo protectorado romano) mermó la posibilidad de llevar a cabo una simultánea campaña de anexión total de la Península Ibérica. En Hispania, la guerra resultaba desgastadora y lenta, al no poder resolverse mediante pocas y grandes batallas, por lo que las luchas del Estado romano pasaron a ser acciones de consolidación de las fronteras de territorios ya conquistados, hasta que la situación permitiera lanzar operaciones a gran escala.

En el mismo año (197 a.C.) que se dividió administrativamente Hispania en dos provincias (Citerior y Ulterior), comenzó una rebelión de las poblaciones indígenas del valle del Guadalquivir, que acabaría extendiéndose hasta la costa sudoriental (en especial la ciudad de Malaca, actual Málaga). La rebelión demostró que los invasores romanos no eran invencibles, lo que supuso la extensión de esta noticia y el incremento de ánimo en los indígenas. Con el objetivo de borrar de la mente de los hispanos cualquier pensamiento de tener alguna posibilidad contra Roma en un enfrentamiento armado, el Senado romano tomó medidas excepcionales, destinando a Hispania al mismísimo cónsul Marco Porcio Catón, un hábil político que logró la caída de su máximo enemigo político, Publio Cornelio Escipión el Africano, conquistador de Carthago Nova y el gran vencedor de Aníbal en la Segunda Guerra Púnica.

Primera división provincial de Hispania

Primera división provincial de Hispania, en el 197 a.C.

Catón

Marco Porcio Catón, conocido como Catón el Viejo

La nueva división de la Península otorgaba al gobernador de cada provincia, conocido como pretor, el mando de una legión, compuesta por 5.000-6.000 legionarios. A estos hombres se sumaban tropas auxiliares y cuerpos especiales, hasta conseguir un total de 8.000-10.000 hombres. Los cónsules tenían el mando de dos legiones. Por lo tanto, el total de fuerzas romana constaba de los dos ejércitos de los pretores ordinarios de Hispania, sumado al ejército consular de Catón, que además incluía una flota. En total se estima que, cuando Catón llegó a Hispania en el 195 a.C., el ejercitó romano contaba con más de 52.000 hombres.

Campaña de Catón

La intervención de Catón en la Península fue brutalmente represiva y sangrienta. No tenía otro objetivo que el expolio y la represión para imponer el poder de Roma a los hispanos. Comandó operaciones militares contra una coalición de tribus al norte del Ebro, y resultaron ser un gran éxito militar romano. Una vez reducida la amenaza en esta zona, Catón dirigió sus tropas hacia el valle del Guadalquivir, y su sola presencia evitó un gran enfrentamiento para pacificar el sur. Una vez pacificado el sur, organizó una campaña para dirigirse hacia el Tajo y la Celtiberia. Tras esta campaña, Catón regresó a Roma en el 194 a.C., y el Senado romano aprobó conceder a Catón la celebración de un triunfo, en el cuál Catón exhibió 1.200 libras de oro, 25.000 libras de plata, 123.000 denarios de plata y 540.000 monedas de plata indígena.

La actuación de Catón en Hispania tiene la importancia de ser el modelo referente que siguieron posteriores generales y gobernadores romanos: represión, expolio y falta de misericordia hacia la población indígena para exhibir el poder militar romano.

En amarillo, las conquistas de Catón, Graco y Albino

En amarillo, las conquistas de Catón, Graco y Albino

Sempronio Graco y Postumio Albino

En los años 179 y 180 a.C. fueron nombrados gobernadores de las provincias de Hispania Tiberio Sempronio Graco (Citerior) y Lucio Postumio Albino (ulterior). Ambos gobernadores tuvieron que ponerse de acuerdo para lanzar sus ejércitos pretorianos en operaciones conjuntas para controlar el este de Andalucía y las tierras de los Carpetanos. Graco logró una gran defensa de la provincia Citerior combinando las operaciones militares con eficientes relaciones de diplomacia, firmando pactos y haciendo un reparto de tierras a los indígenas, a cambio de que ellos retiraran las murallas de las ciudades que controlaban. Además, se ofreció a los indígenas la posibilidad de que ingresaran en las tropas auxiliares romanas. Tras estos acuerdos y a pesar de la existencia de algún enfrentamiento armado aislado de menor importancia, esta consolidación de fronteras supuso la apertura de una nueva fase de relativa tranquilidad para la Península. A pesar de esto, los conflictos no tardarían en volver a aparecer.

Guerra contra lusitanos y celtíberos

Esta guerra, iniciada en el 154 a.C. y terminada en el 134 a.C., es considerada por muchos historiadores como uno de los mayores peligros a los que tuvo que enfrentarse el Estado romano. Aunque se conoce que lusitanos y celtíberos llevaron a cabo operaciones conjuntas en alguna ocasión, las operaciones militares romanas tuvieron dos frentes distintos, atendidos, respectivamente, por los gobernadores las provincias Citerior y Ulterior.

Guerreros celtíberos y lusitanos.

Guerreros celtíberos y lusitanos.

El pretexto del que se sirvieron los romanos para iniciar la guerra contra los lusitanos vino dado por las incursiones que estos hacían contra las ricas tierras del sur peninsular. Las tropas lusitanas ocasionaron 15.000 bajas a las tropas romanas que salieron a cortarles el paso. Tras esto, varias ciudades del valle del Guadalquivir fueron sometidas por los lusitanos. Roma preparó una estratagema para acabar con la amenaza lusitana. Con la excusa de querer llegar a un acuerdo con los lusitanos, el pretor Servio Sulpicio Galba, prometió a los lusitanos tierras fértiles donde podrían habitar con sus familias y bajo protección romana, si se mantenían leales. Convocó a los lusitanos en campo abierto, y exigió que depusieran las armas en señal de amistad. Con los lusitanos desarmados, ordenó al ejército romano que rodeara las posiciones de los lusitanos, y terminó asesinando a cerca de 9.000, y alrededor de 20.000 fueron vendidos como esclavos. De la masacre consiguió escapar un hombre llamado Viriato, que organizó más tarde un nuevo ejército con el que enfrentarse a Roma, y apoyándose en tácticas de guerrilla, mantuvo en jaque a las tropas romanas hasta que fue asesinado a traición en el 139 a.C.

La muerte de Viriato (1808). Autor: José Madrazo.

La muerte de Viriato (1808). Autor: José Madrazo.

El otro bloque indígena enfrentado a Roma, constituido por los celtíberos, tuvo a Numancia como centro político y militar más importante. Los celtíberos lograron consolidar grandes alianzas hasta conseguir desarrollar un primitivo Estado conocido como Celtiberia, con una potencia militar considerable. Aparte, los celtíberos consiguieron el apoyo de otros pueblos vecinos en su lucha contra Roma. Los romanos basándose en el pretexto de que los celtíberos estaban rompiendo el pacto firmado con Sempronio Graco de no fortificar sus ciudades, iniciaron las operaciones. La causa real del inicio de esta guerra por parte de Roma, no es otra que el deseo de ampliar sus fronteras y avanzar en la conquista de Hispania. Las fuerzas romanas fueron tomando las ciudades celtíberas más importantes: Cauca (cerca de Segovia), Intercantia (cerca de Zamora) y Pallantia (cerca de Plasencia). Numancia fue la última ciudad celtíbera en caer, ofreciendo una férrea resistencia.

Mucho se ha mitificado la defensa numantina contra las tropas romanas, aunque lo cierto es que los romanos también encontraron fuerte resistencia en otras muchas ciudades. El motivo de la caída de Numancia bien pudo ser la llegada de Escipión Emiliano, nieto adoptivo de Escipión el Africano. Cuando Emiliano se hizo cargo del ejército, acampado cerca de Numancia, se vio obligado a reorganizarlo, debido a la malas condiciones militares de los soldados. Tras una dura instrucción del ejército, Numancia cayó ese mismo año (133 a.C.). Tras la caída de Numancia, las fronteras romanas se extendían a través de toda la Península hasta los pueblos situados al sur de la Cordillera Cantábrica. Galicia llegó a ser explorada por Décimo Bruto, pero no llegó a ser anexionada, así como tampoco los pueblos astures y cántabros.

Caída de Numancia (1881) Autor: Alejo Vera

Caída de Numancia (1881) Autor: Alejo Vera

La conquista de las Islas Baleares

Roma, aún siendo consciente de la posición estratégica de las islas, no había querido dividir sus fuerzas para lanzar una operación militar para la conquista de Baleares. Las islas eran buenos refugios de piratas, y aunque Roma llegó a colaborar con los piratas baleáricos, temía la formación de una alianza de estos con los indígenas del sudeste de la Galia (o fingía temer). En el 123 a.C., el Senado romano encargó al cónsul Cecilio Metelo Baleárico la misión de anexionar las islas. La conquista no ofreció grandes resistencias. Metelo asentó en las islas a 3.000 soldados para sofocar futuras hipotéticas rebeliones. Tras la conquista de las islas, estas pasaron a formar parte de la Hispania Citerior.

Inevitablemente, más adelante tendremos que hablar de las Guerras Civiles Romanas en Hispania, y del final de la conquista de la Península, con la caída de los territorios del norte.

Bibliografía

-López Barja, P. y Lomas, F. J., Historia de Roma, Madrid, 2004.

– V.V.A.A, Historia de España: del Paleolítico a la Democracia actual, historia16, 2010

-Watterl, O., Atlas histórico de la Roma clásica, Madrid, 2002.


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