La conquista romana de Hispania (Parte III)


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El fin de las guerras contra lusitanos y celtíberos no significó el cese de los enfrentamientos armados en Hispania. Numerosas revueltas contra el dominio romano se sucedieron en Hispania, especialmente por parte de los lusitanos. En esta última parte por nuestro recorrido de la conquista roamana de Hispania, es imprescindible hablar de los enfrentamientos civiles romanos en la Península. Luchas armadas que tienen un importante precedente de enfrentamientos políticos, que ahora explicaremos, entre dos facciones del Senado romano: los populares y los optimates. Finalmente, la guerra contra cántabros y astures pone fin a la conquista romana de Hispania.

ejercitoromano

Enfrentamientos políticos previos

Lucio Cornelio Sila

Lucio Cornelio Sila

Las dos grandes facciones del Senado romano, populares optimates (estos últimos representantes de la oligarquía), tuvieron graves enfrentamientos tras la muerte de los hermanos Graco. Los populares, dirigidos por Mario, aumentaron su poder en el Senado de forma considerable. Para frenar este ascenso, los optimates, buscaron el apoyo de otro gran general: Sila. Los optimates consiguieron que Sila fuera nombrado comandante supremo del ejército romano que debía marchar a una campaña oriental para enfrentarse al rey Mitríades del Ponto. Durante esta campaña, los populares tomaron medidas represivas contra algunos optimates. Vuelto victorioso Sila, convertido en dueño absoluto de Roma, inició una campaña de represión brutal contra los populares. Para ello, elaboró una lista con los nombres de proscritos, que podían ser asesinados en cualquier lugar que se encontrasen. Asimismo, cualquier sospechoso de simpatizar con los populares era privado de ejercer cargos públicos.

Guerra Sertoriana (82 a.C.-72 a.C.)

Sertorio fue uno de los perseguidos por Sila que consiguió escapar a la represión. Esperaba ser cónsul en el 83 a.C., pero para apartarlo de Roma, fue nombrado pretor de la Hispania Citerior. Antes de partir hacia Hispania y ocupar el cargo, fue sustituido por un optimate. Sertorio respondió reuniendo un pequeño ejército compuesto por amigos, familiares y partidarios políticos, con los que se dirigió a la Península Ibérica para hacer frente y resistir a la dictadura silana.

Quinto Sertorio

Quinto Sertorio

La figura de Sertorio ha sido criticada y alabada a partes iguales. Mientras unos ven en él un traidor a la patria, que se dejó llevar por sus ambiciones personales, otros ven en él un patriota, defensor de Roma contra el régimen silano.

Los enfrentamientos armados no comenzaron bien para las tropas de Sertorio. Tras el fracaso inicial de sus operaciones, tuvo que huir de la Península, refugiándose en Mauritania (actual Marruecos), donde combatió al lado de los indígenas contra el rey de Tánger. En el 80 a.C. regresó a Hispania para ponerse al frente de los lusitanos rebelados contra Roma. En esta parte de la guerra las operaciones militares de las tropas de Sertorio sí tuvieron éxito, y su posición en Hispania fue en constante ascenso, incluso se enfrentó con éxito a los ejércitos de los generales Pompeyo y Metelo.

La situación se truncó para Sertorio a partir del 75 a.C., con la creciente posición de los imponentes ejércitos de Pompeyo y Metelo, combinados con una eficiente propaganda política que fue debilitando la fidelidad de los más allegados a Sertorio. Finalmente Sertorio fue asesinado por un grupo de sus más estrechos colaboradores. Tras su muerte, la resistencia de los que aún se mostraban fieles a la causa sertoriana fue pronto aplastada.

Cneo Pompeyo Magno

Cneo Pompeyo Magno

La Guerra Sertoriana fue un grave acontecimiento en la historia de la Hispania romana. Los indígenas encontraron en Sertorio a un romano que respetaba sus tradiciones y que no buscaba la explotación de su pueblo. Impuso impuestos más bajos, e incluso aparentó aceptar algunas creencias indígenas. Además, el ejército de Sertorio, a pesar de estar compuesto en su mayoría por celtíberos y lusitanos, siempre acampaba fuera de los núcleos urbanos de las ciudades para no provocar a la población civil.

Pompeyo supo aprovechar sus victorias militares sobre Sertorio. Además de someter Hispania a Roma, creó unas condiciones que propiciaban el aumento de su poder político y militar no sólo en Hispania, sino en toda Roma. Todas las tribus celtíberas que se mantuvieron fieles a Pompeyo fueron recompensadas con repartos de tierra y con aumentos de los dominios territoriales, bajo la protección política y militar de Roma.

Guerra entre César y Pompeyo (49 a.C.-44 a.C.)

Los enfrentamientos políticos previos entre populares, liderados por Mario, y optimates, liderados por Sila, marcaron el cauce de los comportamientos políticos posteriores. Aunque el poder de decisión residía en el Senado y el Ejército estaba destinado a ser un mero ejecutor de las decisiones senatoriales, pasó a tener capacidad suficiente como para disputar el poder al Senado. Los grandes jefes militares buscaban, por medio de alianzas en el Senado, o bien por medio de amenazas, la sumisión del Senado a sus ejércitos.

El Senado tuvo que contemplar cómo el general Pompeyo había alcanzado un gran poder personal y un enorme prestigio político y militar en Hispania, Sicilia, África y Galia. Más adelante, se encomendó a Pompeyo dirigir la lucha contra los piratas del Mediterráneo y la pacificación de Oriente. Ni siquiera Sila había conseguido tanto poder en la historia de Roma.

Pompeyo en el templo de Jerusalén. Autor: Jean Fouquet

Pompeyo en el templo de Jerusalén. Autor: Jean Fouquet

Cayo Julio César

Cayo Julio César

Julio César, ligado a los populares, fue el gran general que disputó el poder a Pompeyo. Para ello, consiguió el apoyo de amplios sectores de la plebe y de personajes públicos importantes, que buscaban mayor participación en la política. Durante su estancia como pretor de la Hispania Ulterior, en el 61 a.C., consiguió además ganarse las simpatías y el apoyo de los indígenas y de los romanos residentes en la provincia.

En azul, las conquistas de Pompeyo. En amarillo, las conquistas de César.

En azul, las conquistas de Pompeyo. En amarillo, las conquistas de César.

Consiguió someter a los lusitanos por completo y aprovechó el enfrentamiento entre el Senado y Pompeyo para lograr ser elegido cónsul en el 59 a.C., obteniendo poderes extraordinarios para emprender acciones militares para llevar a cabo la conquista de las Galias. Cuando logró someter estos territorios, todo el potencial económico y humano pasaron a disposición completa de César.

Vercingetorix, caudillo de la Galia, arroja sus armas a los pies de César.

Vercingetorix, caudillo de la Galia, arroja sus armas a los pies de César.

Una nueva alianza en el 53 a.C. entre el Senado y Pompeyo desencadenaría una nueva guerra civil. En el 50 a.C. una ley aprobada por el Senado privaba a César de todo poder, y obligaba a César a convertirse en un ciudadano normal tan pronto como terminara su cargo. César no estaba dispuesto a aceptar tal decisión.

En el 49 a.C., César, con una parte de su ejército de las Galias, se dirige a Hispania. Las dos provincias estaban gobernadas por pretores pompeyanos y Pompeyo logró reunir una fuerza de siete legiones, mientras que César logró reunir a seis. Tal concentración de fuerzas demuestra la importancia vital que los dos generales le daban al control de Hispania. Pronto la capacidad militar de César se vio superior. Sin grandes combates, consiguió que el grueso de las tropas de Pompeyo se rindiera en la campaña de Ilerda (Lérida). En poco tiempo, César dominaba Hispania, y al frente de las dos provincias fueron nombrados gobernadores cesarianos Casio Longino para la Ulterior y Lépido para la Citerior.

Lámina representando la Batalla de Ilerda.

Lámina representando la Batalla de Ilerda.

Los constantes abusos de Casio Longino hacia la población indígena, hicieron aumentar el poder de los pompeyanos. La intervención del pretor de la Citerior, Lépido, hizo que estos no acabasen con él.  En el 47 a.C., Longino fue destituido y Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo el Grande, llegó a Hispania. Poco después llegará su hermano, Sexto Pompeyo, al frente de una parte de la armada y de los restos de su ejército derrotado en África. De nuevo Hispania es elegida por los pompeyanos como base de operaciones en la Guerra Civil. A su vez, los generales cesarianos urgen a César para que se apresure a salvar Hispania.

Los hijos de Pompeyo Magno lograron reunir once legiones, gran parte de ellas compuestas por hispano-romanos e indígenas. En esta nueva fase de la guerra, la batalla más cruel tuvo lugar en Munda, donde murieron más de 30.000 pompeyanos. Tras Munda, César tuvo que ir tomando las ciudades hispano-romanas una a una. Cneo Pompeyo cayó en los enfrentamientos, mientras que su hermano Sexto logró huir, encontrando apoyo en los pueblos que habían sido siempre fieles a su padre. Desde estos pueblos, organizó guerrillas que aún se mantenían activas después del asesinato de César en el 44 a.C. Esta actividad guerrillera fue detenida por Lépido, gobernador de la Citerior.

Lámina representando la Batalla de Munda.

Lámina representando la Batalla de Munda.

Conquista definitiva: guerra contra cántabros y astures (29 a.C.-19 a.C.)

Como resultado de las guerras civiles, Roma acabó anexionándose los territorios aún independientes de la Península, a excepción de una parte del norte poblada de cántabros y astures. Si bien los autores antiguos pretenden hacer creer que Roma no tuvo más remedio que invadir este territorio a causa de las incursiones bárbaras, lo cierto es que los autores modernos tienen opiniones distintas: conquistando estos territorios, Roma poseería todas las minas del noroeste peninsular, además de que, al poseer estos territorios, la defensa militar de Hispania resultaría mas fácil al tener toda la Península sometida.

Marco Vispanio Agripa

Marco Vispanio Agripa

La conquista de los nuevos territorios exigió un importante esfuerzo militar romano: siete legiones y la armada del Cantábrico, siendo el comandante en jefe de las fuerzas romanas el mismísimo César Augusto, primer emperador de Roma. Augusto dirigió en persona las operaciones militares entre el 26 y el 25 a.C. Durante los años 24 a.C-20 a.C. se produjeron rebeliones de menor importancia de cántabros y astures. En el 19 a.C. Augusto encarga a su general Agripa sofocar definitivamente el último levantamiento y finalizar la conquista de Hispania. La estrategia diseñada por Augusto consistía en batir toda la Cordillera Cantábrica. Para ello, dispuso a sus fuerzas en tres columnas, hasta sofocar todos y cada uno de los focos de resistencia bárbara.

César Augusto

César Augusto

La belicosidad de los pueblos sometidos por Roma exigió la presencia de tropas romanas, sobre todo en el norte. Dos siglos enteros y decenas de miles de vidas hicieron falta para someter la Península al poder romano. La tierra habitada por celtíberos, lusitanos, vascones, y una infinidad más de pueblos  indígenas, y en la que moriría Amílcar Barca, general de Cartago, finalmente cayó bajo el poder romano. Más adelante, Hispania sería la tierra natal de un emperador de Roma: Trajano.

Bibliografía

– Kamen, H., Brevísima historia de España, Espasa, 2014

-López Barja, P. y Lomas, F. J., Historia de Roma, Madrid, 2004.

– V.V.A.A, Historia de España: del Paleolítico a la Democracia actual, historia16, 2010


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