La conquista romana de Hispania (Parte I)


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El Estado romano se hizo con el control de Hispania tras dos siglos de múltiples enfrentamientos armados. La conquista de Hispania por Roma, iniciada en el 218 a.C., no fue tarea fácil, ni tampoco fue una conquista total, pues la resistencia de diversos pueblos como los lusitanos, celtíberos, vascones y diversos pueblos de la actual Cataluña (que Livio los calificó de ferox genus, raza fiera) mantuvieron en jaque a las fuerzas romanas durante dos siglos. Si bien es cierto que la caída de Numancia en el 133 a.C. ante Escipión Emiliano (nieto adoptivo de Publio Cornelio Escipión el Africano) supuso el final de toda resistencia significativa al domino romano, la conquista no se considera terminada hasta el 19 a.C., con el final de las Guerras Cántabras y la intervención personal del mismísimo César Augusto.

roma

Enfrentamientos previos con Cartago

La Primera Guerra Púnica (264 a.C.-241 a.C.) supuso graves consecuencias para el Estado cartaginés. Roma, vencedora del conflicto, impuso a Cartago unas condiciones muy difíciles de soportar: 2.200 talentos anuales en concepto de indemnización de guerra. Las arcas del Estado cartaginés quedaron vacías debido a la larga guerra, y a las deudas que contrajo con los soldados mercenarios que componían el grueso del ejército cartaginés, que acabaron revelándose en África y Cerdeña. Tanto los rebeldes mercenarios como el Senado Cartaginés pidieron ayuda a Roma para que interviniera en el conflicto. Roma negó ayuda a los mercenarios en África, y gracias a la estrecha colaboración de los generales cartagineses Hannón y Amílcar, Cartago consiguió expulsar a los mercenarios de África. En Cerdeña la situación fue distinta, pues Roma apoyó a los rebeldes y terminó apropiándose de la isla. El intento de Cartago por recuperar Cerdeña supuso que Roma impusiese un nuevo tributo para Cartago, de 1.200 talentos más. Cartago, ante la imposibilidad de pagar 3.400 talentos anuales a Roma, buscó rápidas soluciones.

Resurgimiento de Cartago

Resulta curioso que la guerra de anexión de nuevos territorios fuera la salida que el Senado cartaginés encontrara para resolver la crisis. Ante las dos opciones existentes que había para iniciar la guerra: una consistente en ampliar fronteras en el norte de África, y otra en recuperar y ampliar los territorios en la Península Ibérica, se aprobó esta segunda opción, y se nombró a Amílcar Barca comandante en jefe del ejército cartaginés que debía partir hacia Hispania. Pronto se vería que esta reconquista no sería un proyecto de pequeñas conquistas, sino una empresa de expansión a gran escala.

Amílcar Barca

Amílcar Barca

Amílcar, acompañado de su hijo Aníbal Barca y su yerno Asdrúbal, desembarcó al frente de las tropas púnicas en el 237 a.C. en Gades (Cádiz). Mediante acciones militares y un complejo sistema de pactos con los indígenas se apoderó rápidamente del valle del Guadalquivir. Se fundó una nueva ciudad cerca de la actual Alicante, Akra Leuka, desde la cual se controlarían todas las acciones militares y políticas. Roma envió una embajada para conocer los planes de Amílcar, que fue informada de que Cartago estaba haciendo esta guerra para poder asumir los pagos impuestos por Roma. Amílcar murió entre el 229 y 228 a.C. tras una escaramuza contra los oretanos. Todavía se especula dónde tuvo lugar este enfrentamiento. Asdrúbal, yerno de Amílcar, fue quién tomó el mando de las fuerzas púnicas tras la muerte de este. Se destacó por una gran habilidad diplomática. Se casó con la hija de un rey indígena para fortalecer alianzas. Fundó una nueva ciudad, Qart Hadasht, después conocida como Carthago Nova (Cartagena). Esta ciudad pasó a ser el centro político y militar de Cartago en Hispania y también se convirtió en un importante centro económico debido a la posición privilegiada de su puerto marítimo y a sus próximos yacimientos mineros de plata.

Reconstrucción Qart Hadasht

Recreación de la península donde se emplazó Qart Hadasht

Segunda Guerra Púnica en Hispania

La rápida expansión de Cartago supuso el alarme de Roma, por lo que, en el 226 a.C. se firma un tratado en el que Cartago se compromete a fijar como límite de sus acciones anexionistas el río Ebro. Sin embargo, Cartago no parecía dispuesta a recluirse dentro de las fronteras fijadas por dicho tratado. Si bien es cierto que Roma no tenía ambiciones anexionistas en el Mediterráneo Occidental, tampoco estaba dispuesta a tolerar el crecimiento desmedido de otra potencia que le disputara su posición hegemónica. Ambas potencias necesitaban un pretexto para iniciar acciones militares contra la otra. Este pretexto fue la toma de la ciudad de Sagunto en el 219 a.C. por parte de las tropas púnicas bajo el mando de Aníbal, que a la muerte de Asdrúbal en el 221 a.C. fue nombrado comandante en jefe del ejército cartaginés que operaba en Hispania.

 

Aníbal Barca

Aníbal Barca

Aníbal llevó la guerra hasta Italia, cruzando los Alpes con un gran ejército y los famosos elefantes, llevando a cabo una gesta heroica. Reclutó varios miles de mercenario, que destinó a África para defender Cartago y asegurarse el envío de refuerzos y suministros a Hispania. Mantuvo rehenes indígenas en las ciudades de Sagunto y Qart Hadasht para asegurarse el apoyo indígena a la causa púnica. Por último, distribuyó a sus tropas de Hispania de forma que evitaran sublevaciones indígenas e impidieran que el ejército romano se apoderara de cualquier ciudad costera.

El ejército romano compuesto por unos 25.000 hombres, a las órdenes de Cneo Cornelio Escipión desembarcó en Emporion en el 218 a.C. A un comienzo de avance lento del ejército romano siguió una rápida expansión hacia el sur. La toma de Sagunto y la liberación de los rehenes indígenas supuso que diversos pueblos indígenas apoyaran la causa romana. Cuando más favorable era la situación para el ejército romano, los dos generales al mando del ejército romano en Hispania, los hermanos Cneo y Publio Cornelio Escipión resultaron muertos en el 211 a.C.

Mapa II Guerra Púnica

Mapa de operaciones en la Segunda Guerra Púnica

 

Busto de Publio Cornelio Ecipión, el Africano

Busto de Publio Cornelio Ecipión, el Africano

El curso de la historia cambió con la llegada de Escipión el Africano, el hijo y el sobrino de Publio Cornelio Escipión y Cneo Cornelio Escipión, respectivamente. Cuando el Africano llegó a Hispania, Roma controlaba solamente la costa nororiental de la Península, y las tropas estaban muy desmoralizadas debido a las continuas derrotas causadas por Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal, que estaba al mando de las tropas púnicas mientras Aníbal combatía en Italia. Escipión supo ganarse el apoyo de la población indígena y, aunque tenía ordenes de permanecer a la defensiva, las desobedeció, e hizo avanzar al ejército romano a lo largo de la costa, y tomó por sorpresa la capital púnica en Hispania: Cathago Nova, en el 209 a.C., mediante un ataque conjunto con las tropas terrestres y la marina romana, dirigida por Cayo Lelio. Cartagena, a parte de ser una importantísima base naval y comercial para Cartago, en ella había más de 300 rehenes íberos. Con la liberación de estos rehenes, Escipión consiguió ganarse aún más las simpatías de los indígenas. Reforzado el ejército romano, consiguió avanzar con relativa facilidad por el sur, tomando las ciudades del valle del Guadalquivir. La última ciudad cartaginesa en Hispania, Gades (actual Cádiz), calló en el 206 a.C. sin entablar resistencia.

Diagrama de la batalla de Carthago Nova

Diagrama de la batalla de Carthago Nova

Hispania tras la Segunda Guerra Púnica

Tras la derrota de Cartago en la guerra, los hispanos no recuperaron la autonomía política de su territorio, pues si bien es cierto que además de liberarse los rehenes indígenas que estaban en posesión de Cartago, se liberaron los rehenes hispanos en manos de Roma. Pero estas acciones se llevaron  a cabo con un fin diplomático: con el objetivo de crear y consolidar las alianzas con las poblaciones indígenas.

Tras la guerra, Roma pasaba a ser la auténtica dominadora de Hispania, controlando prácticamente todo el sur (salvo una pequeña franja al oeste del valle del Guadalquivir) y la totalidad de la costa mediterránea. Los territorios sometidos por Roma en Hispania fueron obligados a pagar un impuesto. Salvo Gades, que se entregó sin resistencia, y Ampurias y Sagunto, antiguas aliadas de Roma, el resto de los territorios tenían consideración jurídica de territorios sometidos por medio de la guerra, y por lo tanto, considerados territorios de dedición, según la ley romana, que permitía al conquistador disponer libremente de ese territorio. Los hispanos no tardarían en comprobar que los romanos no constituían una fuerza liberadora, dispuestos a marcharse de Hispania una vez neutralizada la amenaza cartaginesa, como veremos más adelante.

conquista-hispania

Mapa de la conquista de Hispania

Bibliografía

– Kamen, H., Brevísima historia de España, Espasa, 2014

-López Barja, P. y Lomas, F. J., Historia de Roma, Madrid, 2004.

– V.V.A.A, Historia de España: del Paleolítico a la Democracia actual, historia16, 2010

-Watterl, O., Atlas histórico de la Roma clásica, Madrid, 2002.


Acerca de Juan Carlos Martínez

Murcia, 1997. Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad de Murcia. Desde siempre le ha apasionado la historia, en especial todo lo relacionado con la Historia Antigua: Antiguo Oriente Próximo, Egipto, Grecia y Roma.

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