¿Existió Jesús de Nazaret?


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¿Existió Jesús de Nazaret?

Sí.

Bueno venga, gracias por pasarte, cuidado al salir.

Resultaría gracioso, como poco, encontrarte esta respuesta en un sitio que pretende divulgar historia. Rotunda, sin explicación, por que sí. Pero no. Venimos a hacer historia y la historia se hace con investigación, fuentes, rigor y debate. Precisamente el debate está servido con la pregunta que titula este texto: Jesús de Nazaret es posiblemente el personaje más estudiado de la historia, y no es para menos. Seas creyente o no, seas anticatólico o no, Jesucristo es un personaje vital al que conocer para comprender nuestra historia pasada y realidad actual.

Si estás dispuesto a desprenderte de cualquier pasión (a favor o contraria al cristianismo) te doy la bienvenida. Mi objetivo es enseñarte cómo trabajan los historiadores ante un tema que crea tantísimas dudas pero, no solo es bueno que haya dudas y debate, sino que es necesario para que la Historia avance como disciplina y no repare ni un segundo en cambiar todo lo que se haya escrito si la investigación consigue sacar a la luz una perspectiva que mejora la existente, sea del tema que sea.

Bien, como sabrás, hay muchísimo escrito sobre lo divino de Cristo, pero hoy nos vamos a acercar a la persona. Este artículo se publica en las inmediaciones de la Semana Santa, una festividad que saca a la calle una versión muy humana de Jesús, fruto del realismo barroco, que pretende mover a la devoción. Es al carpintero de Nazaret al que pretendemos acercarnos, olvidando por completo lo divino. Y para no fracasar en el intento, me voy a servir de un librito estupendo para todo aquel que quiera una primera aproximación a la figura de Jesús desde un punto de vista puramente histórico. Me refiero a la obra de Francisco José Gómez, Breve Historia de Jesús de Nazaret, editada por Nowtilus. F. J. Gómez nos realiza un desglose de todos los argumentos históricos y académicos sobre la figura de Jesús, y deja al lector que reflexione a partir de los diferentes puntos de vista que tiene un estudio tan difícil. Además, como “reza” en su introducción, con rigor y argumentos pretende combatir el negocio editorial de libros que solo buscan vender por lo morboso del tema, sin aportar nada que merezca la pena.

¿Existió o no Jesús de Nazaret? Francisco José Gómez aborda la cuestión en su primer capítulo y os puedo dejar su rotunda afirmación:

“Hacernos hoy día la pregunta de si Jesús fue un personaje histórico, o si por el contrario fue fruto de la imaginación de un autor, parece absurdo y fuera de lugar”.

Francisco José Gómez

Es decir: sí, fijo que sí, Jesús existió de verdad. Sin embargo, en el siglo XVIII se originó una corriente histórica que defendía que Jesús había sido una creación literaria, con el objetivo de difundir la fe en una nueva divinidad salvadora. Prácticamente, hasta principios del siglo XX, estos planteamientos han tenido seguidores. El principal argumento de esta corriente son las divergencias que tienen los cuatro evangelios sobre la vida de Jesús.

Hoy día se ha reabierto el debate pero, según nos cuenta F. J. Gómez, no por falta de evidencia, sino por la fama de novelas y publicaciones de escaso rigor histórico. Por eso yo te recomiendo que, para saber de Jesús desde un punto de vista únicamente histórico, no consultes “El Código Da Vinci” ni discutas con argumentos de Iker Jiménez en Cuarto Milenio. Lee a Antonio Piñero, por ejemplo, o este libro que he mencionado para enterarte de cómo se investiga esto.

Hay muchos matices, debido a lo difícil y debatido que es este tema. Pero José Manuel Rodríguez, de la Universidad de Valencia, nos agrupa en tres bloques las posiciones que defienden los que se dedican a investigar a Jesús. Se corresponden con tres hipótesis: la hipótesis “crítica”, la “mítica” y la hipótesis de “fe”.

Los “críticos” piensas que Jesús existió, pero no como nos cuentan los evangelios, sino que se trataría de un hombre corriente que pasó por un proceso de divinización impulsado por sus discípulos y demás seguidores. Desde este punto de vista, da igual si Jesús fue un loco, un sabio o un revolucionario, porque no sabemos cómo fue su vida real.

Entre los “míticos” tenemos que distinguir dos corrientes: los míticos “radicales”, que piensan que Jesús no existió; y la escuela mítica “atenuada”. Estos piensan que pudo haber existido un hombre llamado Jesús, pero que el mito que hoy día hay entorno a la figura del nazareno, ya existía incluso antes del cristianismo. Es decir, que dieron un personaje al mito que ya existía. Esto está en relación con las teorías que hablan del mito de Osiris, de la renovación de la naturaleza y la resurrección del Sol y otras tantas que podríamos ocupar en otro artículo.

Y nos queda la hipótesis de “fe”, esta es la que defienden los creyentes. Es decir, que los evangelios son fuentes que sirven para reconstruir la vida de Jesús. Sin embargo, incluso entre los adeptos a esta hipótesis, como sabrás, hay diferencias entre los que creen literalmente todo lo que dicen los evangelios, o los que buscan más una interpretación.

¿Pero existió o no?

Actualmente la mayoría de investigadores opinan que sí. Entre ellos está el propio Francisco José Gómez, quien nos habla en su libro de varias certezas de la existencia de Jesús. Pero hay que tener en mente una cuestión vital: en historia nadie tiene la verdad, y no se está más cerca de ella porque lo diga una mayoría. Hubo una época en la que la mayoría pensaba que la tierra era plana y mira, no.

Pero esta vez nos vamos a guiar por un investigador que entra en el consenso que sí toma a Jesús como personaje histórico real. Desde este prisma, ante la posición de los que ven en Jesús una invención cristiana, resultan reveladoras las menciones del personaje en fuentes históricas de la Antigüedad que nada tienen que ver con el cristianismo.

Una de estas fuentes es Cayo Plinio el Joven, gobernador en la provincia romana de Bitinia, al noroeste de Asia Menor. En una carta enviada al emperador Trajano, le podemos leer una mención a un tal Christus. El testimonio está fechado en el 111 y explicaba quiénes eran los cristianos, pidiendo al emperador instrucciones sobre cómo actuar ante los problemas que podían ocasionar (Epístola 1, 10, 96). Otra fuente es el historiador Suetonio, quien menciona a Chrestus diez años después que Plinio el Joven. Dice que este Chrestus era adorado por algunos judíos en Roma (Vida de Claudio 25, 4). El Talmud podría ser otra fuente, Tácito también lo menciona en el siglo II pero, sin duda, la mención más conocida y debatida es la del historiador judío Flavio Josefo en los años 93-94:

“Por esta época vivió Jesús, un hombre excepcional, ya que llevaba a cabo cosas prodigiosas. Maestro de personas que estaban totalmente dispuestas a prestar buena acogida a las doctrinas de buena ley, conquista a muchos entre judíos e incluso entre helenos. Esta era el Cristo. Cuando, al ser denunciado por nuestros notables, Pilato lo condenó a la cruz; los que le habían dado su afecto al principio no dejaron de amarlo, ya que se les había aparecido al tercer día, viviendo de nuevo, tal como habían declarado los divinos profetas, así como otras mil maravillas a propósito de él. Todavía en nuestros días no se ha secado el linaje de los que por su causa reciben el nombre de cristianos.”

 

Flavio Josefo, Antigüedades Judías, XVIII, 3, 3; XX 19, 1.

Por supuesto, estas fuentes generan mucho debate. Sobre las primeras hay quien dice que no se hace mención concreta sobre Cristo, sino una mención a lo que cuentan los propios cristianos sobre quién es Cristo. Y sobre Flavio Josefo, un autor que no era cristiano, parece que en su texto hace profesión de fe. La enorme mayoría de textos de la Antigüedad nos han llegado hoy día a través de copias más tardías y medievales. Lógicamente no conservamos el papel sobre el que escribió Flavio Josefo hace 2000 años. Así que muchos piensan que este pasaje ha sido introducido por manos cristianas durante esa labor de copiar los textos clásicos. Según Francisco José Gómez, hay muchas copias manuscritas de la obra que apenas tienen diferencias, y las pocas que hay no cambian el sentido de este pasaje, ni el estilo literario de Flavio Josefo, por lo que muchos investigadores piensan que no se ha alterado el texto.

Así que los investigadores en general y la Breve Historia de Jesús de Nazaret en particular, piensan que Jesús fue un personaje real corroborado por fuentes no cristianas próximas al siglo I; unos textos independientes que realizan tratamientos diferentes sobre un mismo tema, que evidencian un hecho histórico.

A estas menciones, por supuesto, hay que sumarles las fuentes literarias cristianas, cuyo debate y problemática dan para otro artículo. En resumen, como el mensaje cristiano seguía difundiéndose pero los mensajeros (los discípulos directos de Jesús) morían, se hizo necesario recoger la tradición oral que venían contando Jesús y sus discípulos. Hoy día no ponemos mucha credibilidad en las fuentes orales, pero en la Antigüedad esto era algo común. Homero hizo lo mismo: puso por escrito una tradición oral que contaba la guerra de griegos contra troyanos y, con este libro en mano, Heinrich Schliemann encontró la ciudad de Troya, para asombro de muchos. Ten en cuenta que en el Mundo Antiguo no tenían Wikipedia, por lo que la memoria era un medio de aprendizaje fundamental. De hecho, según tu edad, habrás tenido que aprender más cosas de memoria o menos en la escuela: hoy se le ve menos utilidad a memorizar la lista de los reyes godos.

De estos evangelios dividimos entre los canónicos y los apócrifos, esto es, los que acepta “oficialmente” la Iglesia y los que no. Pero entraremos a valorarlos en otro artículo. Francisco José Gómez nos advierte de la importancia de las fuentes escritas sobre Jesús de Nazaret: “principal veta de información para reconstruir su historia”. Ya que la arqueología no ha podido aportar mucho. Algo lógico: seguirle el rastro a un solo hombre, supuestamente un carpintero, de hace 2000 años es prácticamente imposible.

Estas son las ideas que venía a lanzarte con Francisco José Gómez como guía. Sin duda, el reto historiográfico que se nos plantea es apasionante. Esta vez hemos visto este punto de vista, pero en otra ocasión desarrollaremos los puntos contrarios o distintos a este enfoque. Te animo a procurar entender todas las hipótesis y la dificultad que entabla un estudio de esta magnitud e importancia. Y me gustaría emplazarte a un próximo artículo sobre el tema dejándote una cita de alguien capaz de separar, y a la vez compatibilizar, religión y ciencia:

“La ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia está ciega”.

 

Albert Einstein. Simposio en 1940, Nueva York.

 


Acerca de Fran Navarro

Fran Navarro (Sanlúcar de Barrameda, 13 de febrero de 1992). Estudia el grado de Historia en la Universidad de Sevilla y lo pone en práctica en este blog. Akrópolis es el proyecto de un joven seducido por las letras, los libros y la Antigüedad que nace con la intención de acumular síntesis de los distintos períodos que componen la Historia Antigua con la doble vertiente de la difusión y el propio aprendizaje del autor.

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