El ascenso de Filipo II de Macedonia


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Filipo II accedió al trono de una frágil Macedonia que se veía amenazada por gran cantidad de enemigos. Sin embargo, gracias a una serie de reformas militares y administrativas, no solo logró recomponer el reino de Macedonia, sino que lo erigió como la principal potencia militar de Grecia, siendo ésta la base para que su heredero, Alejandro, conformase el mayor imperio conocido por el hombre hasta ese momento.

Filipo II de Macedonia

Filipo nació en el año 382 a.C como tercer hijo del rey Armintias III y, a pesar de no tener derecho al trono por nacimiento, llegó a convertirse en regente de su sobrino Amintas IV, quien aún no tenía edad para gobernar. En el momento de su nombramiento, Macedonia era un caos, pues se veía amenazada por continuas derrotas ante sus enemigos en varios frentes, al mismo tiempo que en el interior del país existía una situación de conflicto entre diferentes facciones.

A sus 26 años, comenzó llevando a cabo una drástica reforma del ejército haciéndolo permanente, disciplinado y bien armado, valiéndose de todos sus conocimientos adquiridos durante su estancia como rehén en la corte tebana de Epaminondas. De esta forma, creó poderosas falanges muy compactas que estaban armadas con largas sarissas o lanzas de unos 5 metros. De igual forma, instituyó una poderosa caballería de élite y tropas ligeras de gran agilidad, los peltastas. Con Filipo, también se perfeccionó el arte de la poliorcética en Grecia, pues hizo venir a ingenieros de Siracusa y Cartago quienes diseñaron y construyeron grandes máquinas de asedio. Gracias a este ejército reorganizado, Filipo llevó a cabo una política expansionista y consolidó la monarquía macedonia. En este sentido, sometió a los tracios e illirios, haciéndose con importantes yacimientos auríferos que comenzaron a engrosar las arcas reales de Pella, la capital de Macedonia. También creó y fortaleció los lazos entre familias nobles macedonias y extranjeras, lo que contribuyó a la pacificación de las zonas fronterizas. Además, los descendientes de estos jóvenes eran enviados a la corte real para ser educados o para servir como rehenes en caso de necesidad. Gracias a su labor, se proclamó rey de Macedonia el mismo año que nació su primogénito Alejandro, en el 356 a.C.

Falange macedonia

Filipo II no sólo demostró una gran capacidad militar, sino que en el terreno político supo esperar el momento idóneo para actuar y lograr sus intereses, principalmente gracias a las constantes rivalidades entre las diferentes polis griegas. De esta forma, logró controlar el crucial paso del Helesponto, proclamarse Arconte de Tesalia; convirtiendo la ciudad en un protectorado macedonio, y tomar parte en la Tercera Guerra Sagrada, en la que sus falanges lograron reconquistar el importante Santuario de Delfos, por lo que fue nombrado su protector. Con la sumisión de esta polis, el monarca macedonio logró la incorporación a sus huestes de la imponente caballería tesalia demostrando su superioridad en las campañas de su hijo en Asia.

Templo de Apolo en Delfos

Este auge de poder en Grecia provocó que los tebanos y atenienses le declarasen la guerra en el 339 a.C. Un año más tarde, al mando del ejército macedonio, Filipo II derrotó a la coalición griega en la batalla de Queronea gracias a la impetuosa carga de la caballería hetairoi capitaneada por Alejandro quien arrasó las líneas de la Legión Sagrada tebana. Sin embargo, el rey macedonio supo mostrarse magnánimo y no llevó a cabo duras represiones contra los vencidos, quienes fueron convocados junto al resto de ciudades griegas en Corinto para la firma de un tratado de paz en el que se reconocía la unión de toda Grecia en una nueva koiné eirene bajo el auspicio macedonio. Es más, se acordó que en caso de ataque persa, se conformaría un ejército común bajo el mando de Filipo II, reconocido entonces como strategos autokrator depositario del hegemón, o lo que es lo mismo “el que manda aquí”.

Con el Tratado de Corinto se logró otro de los objetivos de Filipo II: unir a todos los griegos para vengar al enemigo exterior por antonomasia: el Imperio Aqueménida, pues los griegos no habían olvidado las acciones de éstos en el transcurso de las Guerras Médicas como la quema de la Acrópolis ateniense. Así, en el año 337 a.C., la Liga de Corinto declara la guerra a los persas y entrega plenos poderes a Filipo II, quien en estos momentos decide enviar una avanzadilla de 10.000 hombres dirigidos por Parmenion y Átalo para que preparasen el terreno a la espera del grueso del ejército macedonio. Sin embargo, no llegaron a cruzar el Helesponto, pues en el 336 a.C el rey fue asesinado durante la boda de su hija Cleopatra con un noble del Épiro. Tras matar la guardia real al regicida, Antípatro nombró inmediatamente a Alejandro como nuevo rey macedonio para que el ejército lo aclamase siguiendo la tradición. A su muerte, Filipo II dejó un rico reino de Macedonia, con un poderoso ejército preparado para llevar a cabo la invasión de la Jonia gracias a la consolidación de la corona. Estos factores serán determinantes para la obra de su sucesor, el gran Alejandro Magno.

Tumba Filipo II

Tumba de Filipo II. Vergina


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