La fundación de Cartago


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Cartago ha sido la gran desconocida de la Antigüedad, la antagonista de una historia compartida con Roma y que acabó enfrentándolas, deviniendo esta confrontación en la desaparición del mundo púnico (o cartaginés) y originando la expansión imperialista romana por el Mediterráneo. No obstante, esto sucederá siete siglos después de los aspectos que vamos a tratar en este artículo, en el que veremos cómo se produjo la fundación de esta mítica ciudad y qué aspectos se tuvieron en cuenta para situarla en la actual costa tunecina. Desde este enclave, Cartago se convertirá en uno de los ejes vertebradores del comercio por el Mediterráneo, convirtiéndose en una de las potencias más pujantes de su tiempo.

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Recreación de la ciudad de Cartago durante su apogeo, donde se puede ver su zona portuaria. (Javier Pérez Cobo, 2015, http://revistadehistoria.es/el-legado-historico-y-cultural-de-cartago/).

La expansión marítima fenicia

Hablar de la fundación de Cartago es hacer referencia al proceso colonizador fenicio, ya que la fundación de esta ciudad se encuentra enmarcado en la empresa fenicia de fundar diversos emplazamientos a lo largo del Mediterráneo. Muchos de los estudios que se han realizado sobre esta temática han incidido en buscar las causas de esta expansión marítima fenicia y podemos decir sin miedo a equivocarnos que nos encontramos ante un hecho multicausal, al no existir un único factor que nos explique esta necesidad de lanzarse a la navegación del Mediterráneo. En el artículo de nuestro compañero Fran Navarro, “La colonización fenicia”, se recogen los motivos que impulsaron a los fenicios a navegar por el Mediterráneo, aunque podemos hablar brevemente sobre ellos.

Hay que mencionar la presión que ejerció el Imperio Asirio sobre las costas sirio-levantinas, lo que provocaba una incapacidad para que las ciudades-estado asentadas en esta franja se extendiesen hacia el interior. Este hecho nos lleva a la segunda causa de la expansión marítima fenicia: la falta de tierras de cultivo. La situación hacía difícil el aprovisionamiento de una población que se encontraba en aumento, lo que a su vez provocó que tuviesen que especializarse en la navegación para encontrar nuevos productos, llevados hasta las costas fenicias, que sirvieron para poder crear un pujante artesanado que convertía estas materias en caros productos suntuarios (López Castro, 1995, 26-27). En definitiva, vemos cómo la expansión colonial fenicia no tiene un único motivo, sino que se dio por una interrelación de motivaciones que propiciaron que los pueblos de la costa del Levante mediterráneo comenzasen una labor comercial, para la que fundaron nuevos núcleos, dependientes de la metrópolis, que facilitarían los contactos y la navegación.

De entre todas las ciudades fenicias que optaron por este modo de supervivencia mediante la utilización del comercio naval, tenemos que destacar la ciudad de Tiro: una ciudad que, gracias al comercio, se iba a convertir en una de las más ricas de Mediterráneo, llegando su fama a estar reflejada en algunos fragmentos bíblicos como en las profecías de Ezequiel:

“Te hiciste rica y opulenta anclada en el corazón del mar (…) Tus riquezas, mercancías y fletes, tus marinos, timoneles y calafates, tus agentes comerciales, tus guerreros, y toda tu tripulación se hundirán en medio del mar…” (Ezequiel, 27: 26-27).

Por tanto, observamos que el comercio por vía marítima le otorgó grandes beneficios a Tiro, pero para ello tuvieron que crear una flota muy eficiente, capaz de orientarse bien en alta mar (Hassine Fantar, 1999, 72-74), algo que iban a conseguir y que les haría convertirse en la principal potencia marítima de su tiempo. El poderío de esta flota y la introducción de innovaciones tecnológicas puede verse en una hazaña impensable en aquel momento como sería la circunnavegación de África bajo el auspicio del faraón Necao II, recogida por el propio Heródoto en  Los nueve libros de la Historia:

“Saliendo, pues, los fenicios del mar Eritreo, iban navegando por el mar del Noto: durante el tiempo de su navegación, así que venía el otoño salían a tierra en cualquier costa de Libia que les cogiese, y allí hacían sus sementeras y esperaban hasta la siega. Recogida su cosecha, navegaban otra vez; de suerte que, pasados así dos años, al tercero, doblando por las columnas de Hércules, llegaron al Egipto, y referían lo que a mí no se me hará creíble, aunque acaso lo sea para algún otro, a saber, que navegando alrededor de la Libia tenían el sol a mano derecha.” (Hist, IV, XLII).

Todos estos factores posibilitaron que Tiro pudiese lograr una expansión colonial a través de diferentes puntos del Mediterráneo, estando su primer foco expansivo en la isla de Chipre (Lancel, 1992, 17). Desde este lugar seguirá la expansión fenicia con fundaciones en varios puntos del Mediterráneo, como en el oeste de la isla de Sicilia, en la isla de Cerdeña, el sur de la Península Ibérica, diversos puntos de la costa norteafricana o incluso en el Atlántico, como ocurrió en Lixus o en Mogador (Lancel, 1992, 25).

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Mapa donde se muestran las principales rutas comerciales fenicias por el Mediterráneo. (Santos Cabotá, 2008, https://rosarioscabota.wordpress.com/2008/09/29/rutas-del-comercio-fenicio/).

 

Cronología de la fundación de Cartago

Una vez comprendida la importancia que tuvo el transporte marítimo para las ciudades-estado fenicias, ya podemos comenzar a ubicar cronológicamente la fundación de Cartago, algo que ha generado controversias desde los autores clásicos: Cicerón, Salustio, Tito Livio, Veleyo Patérculo, Plinio el Vielo, Heródoto, Dionisio de Halicarnaso, Plutarco o Diodoro Sículo (Fumadó Ortega, 2009, 38). Los problemas para fechar el origen de esta ciudad han continuado hasta la actualidad, con lo que tenemos que analizar las diferentes posturas que se han tomado para elegir una cronología y establecer un marco cronológico aceptable.

De las diversas corrientes existentes para fechar la creación de Cartago, una teoría muestra un origen más arcaico, fruto de los escritos de Filisto de Siracusa y de Euxodo de Cnido, quienes afirmaron que la fundación se produciría por los tirios Azoros y Karkhedon en el año 1215 a. C. (Lancel, 1992, 30-31). No obstante, Jaime Alvar y Carlos G. Wagner argumentan que esta cronología no puede ser aceptada. Según los investigadores, se pretendía aproximar cronológicamente la fundación de Cartago a las de las primeras fundaciones coloniales fenicias en el Mediterráneo occidental, pero los restos arqueológicos hallados tienen una cronología mucho más reciente (Alvar y Wagner, 1985, 80). Según Veleyo Patérculo, la ciudad de Gadir sería fundada por una flota tiria 80 años después de la caída de la mítica Ilión o Troya, con lo que la fecha de fundación sería entre el 1110 y el 1105 a. C., aunque los restos más antiguos encontrados se han fechado en el siglo IX a. C. Lo cual nos hace pensar que estas dataciones tan antiguas no hagan referencia a la creación de asentamientos estables sino a los primeros contactos comerciales con estos lugares, sin que se llegue a reflejar ninguna documentación arqueológica.

Por otra parte, otra corriente fecha más recientemente la fundación de Cartago: la seguida por el griego Timeo, según el cual la fundación de la colonia se produciría “el séptimo año del reinado de Pygmalion y 38 años antes de la primera Olimpiada”, con lo que nos da la fecha del año 814 a. C. (Aubet, 2009, 197). Timeo coincidió con Flavio Josefo en esta fecha para la fundación de la ciudad, que habría sido llevada a cabo por parte del contingente liderado por la princesa Elisa o Dido. La existencia de rasgos plenamente semitas y ajenos al mundo greco-latino en el relato de la fundación de la ciudad han dado veracidad a estos hechos (Aubet, 2009, 198), lo que ha provocado que se opte por esta fecha para la fundación de la ciudad de Cartago (814 a. C.)

A pesar de haberse aceptado esta cronología como fidedigna, los restos más antiguos encontrados en Cartago corresponden a mediados del siglo VIII a. C., con lo que, desde el punto de vista arqueológico, no se puede demostrar que la fecha histórica de la fundación de Cartago coincida con la marcada en las fuentes literarias. Lo que sí podemos afirmar es que estos restos están relacionados con la existencia de una estructura urbana, así que podríamos decir que el origen de la ciudad se aproxima a la fecha marcada por Timeo y a partir de encontes fue evolucionando el entramado urbano de la ciudad (Alvar y Wagner, 1985,82). Es decir, que existiese un proceso evolutivo en el que se conformase el núcleo urbano, pero que los restos que han llegado hasta nuestros días tengan una cronología un tanto más tardía que el origen mismo de la ciudad. site_0037_0001-594-0-20151105154317

 Restos arqueológicos de Cartago en la actualidad ( Yvon Fruneau, http://whc.unesco.org/es/list/37)

Relato fundacional

Sabemos cuándo se fundó la ciudad de Cartago, pero ¿cómo llegó a fundarse?. Se ha dado una respuesta mítica a esta pregunta, con la llegada de un contingente poblacional procedente de la ciudad de Tiro, el cual estaría liderado por la princesa Elisha o Dido, hermana del rey de Tiro, Pigmalión.

El asesinato del marido de Dido, sumo sacerdote del dios Melkart y tío de la princesa, por parte de Pigmalión, junto con la intriga palaciega desarrollada, desembocaría en la huída de Dido de la ciudad, acompañada de un grupo de tirios. Se desprenden de este hecho los problemas sucesorios en la casa real tiria, debido a que el asesinato del esposo de Dido, Acerbas, se produjo por el miedo de Pigmalión de ser expulsado del poder ante este posible competidor. Tras esta conjura palaciega también se da un choque de intereses, ya que Pigmalión representaba al sector social terrateniente, mientras que Dido y su marido estaban más ligados a una oligarquía mercantil, con lo que tenemos que buscar el trasfondo de este hecho. En definitiva, podemos decir que una de las causas del surgimiento de Cartago fueron las luchas internas (Alvar y Wagner, 1985, 89) que se dieron en Tiro y que provocaron el exilio de su princesa y de sus seguidores.

La primera parada de estos disidentes fue en Chipre, donde consiguieron aliarse con el sacerdote de Juno a cambio de que el sacerdocio fuese hereditario en la nueva ciudad que fundarían (Aubet, 2009, 197), por lo que no se iban a quedar en esta ciudad, algo que podía originar tensiones tanto con la oligarquía de la misma, como con la metrópoli. Por ello continuaron su camino por el Mediterráneo hasta llegar al lugar donde se emplazaría Cartago.

Tras la salida de Chipre, el grupo disidente se fue a instalar al norte de África, en el centro del Mediterráneo. En un primer momento existirían tensiones con las poblaciones autóctonas, de ahí la leyenda que narra que el territorio ocupado por la nueva ciudad sería todo aquel terreno abarcado por una piel de buey. La princesa cortaría esta piel en finas tiras, con lo cual consiguió abarcar una enorme extensión de terreno, conformando de este modo el núcleo fundacional de la ciudad en la colina que recibirá el nombre de Byrsa que significa “piel de buey”. Tras este hecho, Hiarbas, el dirigente de la zona, pretendió casarse con Dido, aunque sus deseos se vieron frustrados por el suicidio de la princesa en una pira, para evitar ser infiel a su marido asesinado (Lancel, 1992, 34). Este hecho mítico podría tener una gran importancia para explicarnos buena parte de la ritualidad púnica, con el llamado ritual Molk, por el que se dedicaban a la divinidad sacrificios de niños por cremación (Aubet, 2009, 214).

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 Mapa recreativo de los itinerarios seguidos por Dido hasta llegar al territorio en el que se emplazaría Cartago. (http://historiaoleyenda.com/cartago-la-leyenda-de-dido/)

 

De este modo, la creación de Cartago tendría un origen mítico y sería una escisión política de la ciudad de Tiro, con contactos constatados entre ambas entidades desde unos primeros momentos. No obstante, más allá de esta explicación mítica sobre su fundación, podemos ver cómo la creación de esta ciudad responde a factores económicos y geoestratégicos, ya que Cartago estaba en una posición clave para el comercio, tanto con el extremo occidental del Mediterráneo, es decir, con la Península ibérica, como con los diversos puntos del centro y este del mar (Warmington, 2000, 81).

Las posibilidades que ofrecía la geografía a la nueva ciudad eran ideales, al existir una península que facilitaba el acceso por mar y también propiciaba la defensa ante un posible ataque terrestre. Generalmente, las colonias fenicias buscaron estar en promontorios cercanos a la costa (véase el caso de Gadir o de la misma Tiro) y cercanas a cursos fluviales de los que abastecerse, como es el caso de Cartago, con zonas lacustres cercanas al emplazamiento. Se dará, además, un amplio hinterland o llanura interior muy fértil, con lo que también la explotación agraria será una actividad importante en esta ciudad.

La información que tenemos sobre Cartago en sus primeros compases de vida es escasa y no contamos con mucha información relevante hasta el siglo VI a. C. Si bien, para esta etapa arcaica de Cartago, podemos hablar de la existencia del núcleo originario en la colina de Byrsa y de varias necrópolis que no dan demasiada información respecto a este periodo. Gracias a Diodoro sabemos que, en el año 654 a. C., Cartago fundaría su primera colonia con la fundación de Ibiza (Aubet, 2009, 205 ), con lo que, a mediados del siglo VII a. C., la ciudad debía tener ya una cierta importancia.

Fue este el escenario de la Cartago arcaica, compartiendo muchas similitudes con la población semita de la costa sirio-palestina, pero podemos decir que Cartago fue adquiriendo unos rasgos distintivos propios que, en muchas ocasiones, parecen evolucionados de la tradición fenicia precedente.

BIBLIOGRAFÍA

  • Aubet, M.E.: (2009). Tiro y las colonias fenicias de occidente. Barcelona: Bellaterra.
  • Alvar, J. y Wagner, C.: (1985). Consideraciones históricas sobre la fundación de Cartago. Revista Gerión, Vol. 3. Pp. 79-95. Madrid: Universidad Complutense.
  • Fumadó Ortega, I.: (2009). Cartago. Historia de la investigación. Madrid: CSIC.
  • Hassine Fantar, M.: (1999). Los fenicios en el Mediterráneo. Barcelona: Icaria.
  • Lancel, S.: (1994). Cartago. Barcelona: Crítica.
  • López Castro, J.L.: (1995). Hispania Poena. Los fenicios en la Hispania romana. Barcelona: Crítica.
  • Warmington, B.H. (2000). Cartago. Historia de las Civilizaciones Antiguas II. Cotterell, A. (Coord.), Pp. 80-99. Barcelona: Crítica.


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