Heródoto de Halicarnaso: guía para principiantes

Fran Navarro | 24 mayo 2019

«Historia» de Heródoto de Halicarnaso es la primera obra extensa escrita en prosa jónica que conservamos. Por ello, tanto en lo cronológico, como por las características con las que está escrita, Heródoto es considerado el «padre de la Historia». Pero no solo nos legó la primera obra de Historia como género literario, sino que bien podemos tomar al autor como el primer antropólogo, el primer reportero y el primer etnógrafo. Desde luego está lejos del encasillamiento que sufrimos en el mundo especializado de hoy día, del que todo humanista que se precie debe renegar.

Pero ¿quién fue este señor? ¿por qué es importante conocer lo que escribió? ¿qué tenemos que saber para leerlo y comprenderlo? Procuraremos aquí una guía iniciática que ilustre al neófito, con datos que también apuntalen el saber del experimentado.

Empecemos por el hombre. De las cosas más interesantes que tiene la Historia de la Antigüedad es el propio hecho de construir la Historia. Me explico: Heródoto de Halicarnaso vivió hace más de 2.400 años, ¿qué sabemos de un tipo tan lejano en el tiempo? Y, más interesante (a esto me refería) ¿cómo lo sabemos? Pues de Heródoto (o Herodoto, esdrújulo o llano, como prefieran) sabemos poco. Y lo que sabemos es a partir de autores como Suidas, Eusebio de Cesarea, Aulo Gelio, Aristótoles y Plutarco entre otras menciones: esto es lo que llamamos «tradición literaria». Eusebio sitúa a Heródoto en Atenas leyendo su obra al público hacia el 446 a.C. Aulo Gelio, basándose en los datos de Pánfila, una mujer erudita del tiempo de Nerón, nos da la fecha del nacimiento del autor: el 484 a.C. ¿Podemos fiarnos de lo que nos cuenta la tradición literaria? Recordemos que estamos estudiando la Antigüedad. Las fuentes mencionadas son autores tardíos, que copian la información de otras crónicas y biografías. El recurso que nos queda es comparar estas fuentes con la información que podemos sustraer de la propia obra de Heródoto. Como ya sabrán, toda historia escrita es contemporánea. Es decir, superados los complejos científicos, hoy día sabemos que todo historiador es hijo de su tiempo, y el análisis que hace del pasado además de su propia experiencia contada en letras (como es el caso de Heródoto) da tanta información del tiempo estudiado en la obra, como del tiempo en el que vive el propio autor. “El presente no es consecuencia del pasado. Mas bien, el modo en que contamos el pasado es consecuencia del presente” nos dice Alfonso Mateo-Sagasta en La oposición: un relato sobre la invención de la historia. De cualquier modo, la reconstrucción que hagamos de la vida de Heródoto va a ser corta en datos y, como siempre en Historia, cojan de una mano la mentalidad crítica y en la otra mano la duda constante. Vamos a pasear.

El autor

Parece que no hay duda de su lugar de nacimiento. Todos los autores hablan de Heródoto de Halicarnaso, una ciudad caria en la costa del sudoeste de Asia Menor. Además, tiene conocimientos de hechos con escasa importancia en la historia de Halicarnaso que solo sabría alguien muy cercano a ellos y la complacencia con que habla de la valerosa y prudente princesa Artemisia (paisana de Heródoto), parece que confirman al cien por cien su procedencia.

Otra cosa es saber cuándo nació. Ya hemos mencionado la fuente que nos sitúa el hito en la fecha de 484 a.C. Debe ser esta o una muy aproximada, ya que Heródoto no presenció las guerras médicas pero habló con participantes de la misma (sería un niño cuando tuvo lugar la batalla de Maratón en el 490 a.C.).

«Procedía de una familia distinguida e ilustrada». Esto seguro que sí, porque de otra forma no habría podido recibir la buena educación literaria que desprende su obra: revela un amplio conocimiento de Homero, Hesíodo y de los líricos y los logógrafos que le precedieron, como Hecateo de Mileto. Y, más aún, de no tener una buena situación económica no habría podido dedicarse a viajar en vez de pastorear o trabajar la tierra en una economía de subsistencia como la que adolecía la mayoría de la población de la época.

En el mundo antiguo clásico, proceder de familia rica y distinguida significaba, con mucha probabilidad, estar relacionado con la política. En Halicarnaso gobernaba el tirano Lígdamis, hijo de Pisíndelis y nieto de la gran Artemisia (una genealogía discutible), en lucha contra el partido de la oposición, al que pertenecía la familia de Heródoto. Alentados por la situación tras las guerras médicas, hubo una revuelta sin éxito, cuyo resultado para Heródoto fue la represión de Lígdamis como respuesta ante los rebeldes: Paniasis (tío o primo de Heródoto) fue ejecutado y Heródoto desterrado a la isla de Samos hacia el 468-467 a.C.

Suidas nos dice que “en Samos aprendió el dialecto jonio y escribió su historia y, de vuelta en Halicarnaso, expulsó al tirano”. Dicho así parece que Heródoto tiró por la puerta de la muralla al tirano como si del tío Phil y Will Smith se tratara, pero, más bien, Heródoto, como mucho, participaría en la revuelta. En cualquier caso, sería antes de 454 a.C. ya que a partir de entonces Halicarnaso figura entre la Liga ateniense, un grupito de ciudades que se defenderían entre sí para conservar la libertad; una libertad que poco a poco fue volviéndose en dependencia y sumisión bajo el imperialismo ateniense. En la obra de Heródoto se ve que conoce bien Samos y habla de los samios con especial simpatía: consecuencia del clima sentimental como refugiado político. Pero hoy sabemos que en Halicarnaso se hablaba jonio, no dórico como pensaba Suidas, por lo que no tuvo que aprender el idioma jonio, ya lo sabía. Y, si acaso, empezaría la obra, pero escribirla le llevó casi toda su vida con viajes y encuestas, por lo tanto no la terminó en Samos.  

Su obra también muestra un conocimiento pormenorizado del Ática y la tradición literaria apunta a que vivió en Atenas. Eusebio dice que leyó públicamente su obra en 446-445 a.C. Nada lo contradice y parece que fue premiado por el Consejo de Atenas con el «Premio Planeta» del momento. Entre el 447 y el 443 a.C. Heródoto pudo estar en Atenas y de allí partió a Turios. Pericles propuso en el 444 a.C. la fundación de Turios en el lugar de la antigua Síbaris, Heródoto se apuntaría a la llamada y partió hacia la nueva colonia. En la Atenas esplendorosa de Pericles, el padre de la Historia estuvo rodeado de un cultivo intelectual interesante: mantuvo amistad con Sófocles, al que se suma en el contexto las obras del resto de la tríada clásica de literatos: Eurípides y Esquilo. A Heródoto se le criticó parcialidad hacia Atenas en su obra y también se le criticó apego con los bárbaros persas. En el fondo no puede tener más razón el Marqués de las Cisternas en la novela gótica El Monje: “Un autor, sea bueno o malo, o incluso las dos cosas, es un animal a quien todo el mundo se siente con derecho a atacar. Pues aunque no todos son capaces de escribir libros, todos se consideran capacitados para juzgarlos” (página 232 en la edición española de Valdemar).

La tradición dice que murió en Turios, pero la investigación piensa que pudo volver a Atenas y allí su muerte pasaría desapercibida por el inicio de la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta. Lo último que menciona Heródoto en su obra es el asesinato de los embajadores espartanos por parte de los atenienses en 430 a.C. Por esto, se piensa que la muerte del historiador pudo darse en Atenas entre el 429 y el 424 a.C.

Viajes

La tradición no dice nada de los viajes de Heródoto, pero su obra deja claro que viajó. No sabemos bien dónde estuvo, cuánto tiempo o qué itinerario siguió. Pero hay algo esencial: Heródoto viajó muchísimo, el Marco Polo de la Antigüedad, la envidia de Willy Fog, y viajó mucho en términos modernos, si lo trasladamos a los medios y pensamientos de la Antigüedad figúrense: lo más rápido que tenían para moverse era un caballo. Y viajó como investigador, no como mero turista. «Historia» (Ιστορία) en jónico significa «encuesta», «investigación», fundada en la «contemplación o visión personal de los hechos». Lo que Heródoto demuestra es una curiosidad insaciable por todos los ámbitos de la vida: flora, fauna, productos del país, condiciones de vida, costumbres, religión, lengua, etc. Hoy día sería un antropólogo de cuidado o un reportero tenaz. ¿Con qué medios viajó? No lo sabemos con exactitud, pero se piensa en dos opciones que además son compatibles: pudo porque sí gracias a su riqueza, o fue comerciando sus propios productos allí donde iba.

Pero desde Mesopotamia a la Magna Grecia, desde el Alto Egipto a Escitia, Heródoto viajó e investigó incansablemente. La amplitud de miras que demuestra el autor a lo largo de su obra también es una cura de humildad ante tanto ombliguismo actual. Además, visitó más países orientales que occidentales, por lo que ese occidentalismo del que muchos pecamos con o sin pretensión, en Heródoto es menos visible aún en los parámetros de la Antigüedad: recordemos que todo no hablante de griego era bárbaro. Por cosas como esta los clásicos siempre están de actualidad.

Obra

«Ésta es la exposición del resultado de las investigaciones de Heródoto de Halicarnaso para evitar que, con el tiempo, lo hechos humanos queden en el olvido y que las notables y singulares empresas realizadas, respectivamente, por griegos y bárbaros —y, en especial, el motivo de su mutuo enfrentamiento— queden sin realce».

Con este párrafo abre su obra Heródoto, y con él nos muestra el objetivo, el por qué de su obra, y su método. El tema central está claro: el conflicto entre Grecia y Asia, empezando con los tiempos mitológicos hasta la invasión y derrota del rey persa Jerjes. Remonta el conflicto al rapto de Helena.

La obra está dividida en la actualidad en nueve libros, uno por cada musa. Pero esta división fue posterior, posiblemente llevada a cabo por algún editor alejandrino entre los siglos III y II a.C. No sabemos por qué, pero, como toda división histórica, es ficticia y, comúnmente, errónea. Pero la realidad manda más que la realeza así que tenemos la división de nueve libros en todas las ediciones modernas de la obra y, como también suele ocurrir con todas las divisiones históricas, tiene un afán didáctico y utilitario.

Inicia su relato con algún rey, por ejemplo: Creso y a partir de él realiza una digresión para hablar de la historia de Lidia y sus vecinos griegos. Luego habla de la expansión acometida por Ciro, Darío y Cambises, excusa para contarnos datos de Babilonia, Egipto, Escitia y Libia (libros I-IV). A partir del libro V cuenta las guerras médicas desde el detonante que supuso la rebelión de las ciudades jonias, pasando por las principales batallas: Maratón, Termópilas, Salamina y Platea. Pero no espere una historia cronológica y lineal. Va realizando digresiones constantes y avanzando el tema central muy lentamente, a veces alejándose demasiado para hablarte de cualquier pueblo o una leyenda que le han contado, como si del abuelo cebolleta se tratara. Eso sí, siempre vuelve al tema central: griegos versus medos.

Hoy día estamos acostumbrados a una planificación cartesiana de libros que se editan con sumo cuidado, un objeto suntuoso para muchos. Heródoto no es esto. Su obra se autoalimento y la estructura es la que en su momento vieron más oportunas y ya usted se busca la vida, compañero. Varios autores con distintas teorías quieren dar un esquema a la composición de la obra. Uno de los más clarividentes es J. E. Powell y su obra The History of Herodotus, que ve una primera parte de «historia de Persia» que, tras la estancia en Atenas de Heródoto, su patria espiritual, le llevó a cambiar el centro de interés de Oriente a Occidente y dio forma, a partir del libro V, a la «Historia de las guerras pérsicas» con el importante papel jugado por Atenas.

En cuanto a las fuentes y forma utilizadas para la obra, Heródoto echa balones fuera usando continuamente expresiones como “se dice”, “según los persas”, “eso dicen los egipcios”. Él enuncia que se impone contar lo que oye decir. Cuesta distinguir cuando su fuente es oral o escrita. Pero, se da por supuesto que llegó a leer a sus predecesores: Homero y otros logógrafos de entre los que solo menciona a Hecateo. Pero parece que sobre todo se alimentó de fuentes orales para los hechos históricos y las descripciones etnogeográficas.

Para leer a Heródoto

La obra de Heródoto de Halicarnaso tiene, por supuesto, más valor literario que científico. Pero hablamos del Padre de la Historia. Su obra no es perfecta (¿quién podría colgarse esa medalla?), «podría ser en detalle toda falsa y, sin embargo, le quedaría la gloria de haber sido el primero en intentar descubrir el pasado y en exponer con arte innegable el resultado de sus investigaciones». «Esta combinación de arte y ciencia por él inventada que se llama historia, ha sufrido desde sus días muchas transformaciones y dispone ahora de medios que él ni siquiera pudo sospechar, pero en substancia, sigue fiel a los principios que él formuló para siempre». Esta cita pertenece a Jaime Berenguer Amenós, encargado de editar la obra de Heródoto en la publicación bilingüe que nos ofrece la editorial Alma Mater, que confronta el texto en el griego original con su traducción al castellano. En lo que a la lectura de textos clásicos en idioma castellano de refiere, la editorial Gredos es la mejor opción en la mayoría de casos y, su edición de la obra de Heródoto así lo demuestra. Para esta opción yo he consultado la edición de 2015, cuya introducción corre a cargo Francisco R. Adrados y la traducción y notas son de Carlos Schrader. Tanto Gredos como Alma Mater nos aportan datos sobre el autor y su obra ampliando la información que aquí se ha recogido. Sendas publicaciones abarcan la extensa obra en varios tomos, pero Alianza editorial tiene publicada una antología de la obra con la facilidad y lo bueno de leer un resumen de la obra de Heródoto en menos de 500 páginas en una selección de Carlos Alcalde Martín; y lo malo de que usted se pierda la esencia y profundidad de leer al completo a un autor tan divertido como Heródoto.

Si se animan a leerlo, por ediciones y opciones no será. Tenemos disponible a Heródoto en un amplio abanico de precios y en los tamaños más variados de libros. Lo que les puedo asegurar es que su legado siempre será de gran magnitud.

Bibliografía

  • Heródoto: Historias (varios tomos), Alma Mater, 2011
  • Heródoto: Historia (varios tomos), Gredos, 2015
  • Heródoto: Historia. Antología, Alianza, 2016

Fran Navarro

Sanlúcar de Barrameda. Historia en la Universidad de Sevilla. Fundador y director de Akrópolis: el proyecto de un joven seducido por los libros y la Antigüedad.

Reseña: Descubrir La Historia

Revista de divulgación que apuesta por contar una historia narrativa y multicultural con una calidad exquisita en la edición.

Heródoto de Halicarnaso: guía para principiantes

Heródoto de Halicarnaso es considerado el padre de la Historia. Aquí pretendemos una guía para comprender y disfrutar la lectura de su obra.

¿Qué es la historia?

¿Sabes realmente cómo se hace la historia? “El presente no es consecuencia del pasado. Más bien, el modo en que contamos el pasado es consecuencia del presente” (Alfonso Mateo-Sagasta: La oposición, página 26).

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