Historia del pensamiento político griego. Teoría y praxis


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Historia del pensamiento político griegoMucho debemos a los antiguos griegos, pero si hemos de destacar algo en concreto, podríamos señalar lo siguiente: por un lado, la aportación que los jonios hicieron al ámbito de la filosofía, tratando de encontrar una explicación racional a los aspectos humanos y fenómenos naturales; y por otro, la forja de un sistema político, la democracia, cuyas raíces vertebran la evolución de nuestras constituciones modernas.

Las crisis democráticas, tan a gusto del siglo XX, y por lo que puede apreciarse, también en nuestro tiempo, ponen de actualidad estudiar y comprender las causas que propiciaron el florecimiento de la democracia en la Antigua Grecia. ¿Cómo fue posible la construcción de un sistema político en el que la comunidad adquiriera la fuente de toda autoridad? Podrían aducirse varias razones: el paso del mito al logos —que permitió la explicación racional del mundo por medio del auténtico conocimiento (episteme) frente a la mera opinión (doxa)—, el descubrimiento del individuo —que se alza contra la tradición incuestionada—, el discurso razonado —diálogo que permite aliviar los conflictos políticos—, etc. Así lo reflejan Pedro Barceló y David Hernández de la Fuente en un reciente estudio que comentamos a continuación: Historia del pensamiento político griego. Teoría y praxis (Madrid, Trotta, 2014). Magnífico trabajo que nos acerca al mundo político de los antiguos griegos, de cuyas luces y sombras nos es hoy imposible prescindir cuando contemplamos los pilares sobre los que se sostienen, no sólo nuestras democracias modernas, sino también aquellos experimentos totalitarios que conducen inevitablemente a la destrucción de las mismas. Nadie, en nuestro tiempo, puede obviar el legado político de los antiguos griegos, quienes nos enseñaron, en su empeño por encontrar las claves del buen gobierno, “la preeminencia de los intereses públicos frente a los asuntos particulares de sus miembros” (p. 87).

La estructura de esta Historia del pensamiento político griego. Teoría y praxis, se articula siguiendo un esquema cronológico desde el mundo micénico hasta el helenismo, siglos que incluyen las diversas formas de organización política dadas en la antigua Grecia. Entre otras cosas, hay que agradecer a los autores el uso que hacen de la documentación primaria, pudiendo comprobar así la percepción que de su tiempo tenían los clásicos: desde los poemas homéricos a Hesíodo o Heródoto, pasando por los protagonistas que descuellan en las diferentes polis, como Platón y Aristóteles, ambos máxima expresión del análisis llevado a cabo sobre las múltiples formas de gobierno que se conocían entonces.

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El primer capítulo nos acerca a los Esbozos políticos en los albores del mundo griego, periodo fascinante que abarca la sociedad micénica, caracterizada por su fragmentación política y las fortalezas enriscadas bajo el dominio de una aristocracia local. En su cúspide se hallarían los basileis, cuyo liderazgo respondía a sus propios méritos guerreros. Tirinto, Micenas o Pilos son los símbolos de un mundo conflictivo que vio su final durante el siglo XII a.C.

Sigue el análisis de los elementos políticos que aparecen en Homero, primero a través de la Odisea, que nos pinta un cuadro excepcional sobre los diferentes aspectos que impregnaron la vida de aquellos griegos a caballo entre los siglos VIII y VII a.C., y luego por medio de la Ilíada, cuyos versos ofrecen un panorama del funcionamiento de una comunidad política autónoma, como Troya, dirigida por un basileus que deja poco margen a la actuación de su pueblo en los asuntos públicos. Como contrapunto encontramos el campamento aqueo, liderado por Agamenón, y en el que se observa cómo las asambleas, reunidas continuamente, determinan el curso a seguir en la guerra contra Troya, poniéndose de manifiesto que el voluntarismo monárquico era incapaz de garantizar el éxito en la guerra, dependiendo éste, ante todo, de la “predisposición de sus iniciadores y de la cooperación de sus seguidores” (p. 48). Se da inicio así al nacimiento de una idea basada en la capacidad del pueblo (demos) para tomar decisiones acertadas: el debate político. Transcurrido el tiempo, ya nada podrá frenar la intervención de un amplio número de población en los asuntos públicos, antesala de la democracia ateniense.

La obra de Hesíodo, por su parte, es también analizada en este primer capítulo, verificándose la oposición al mundo aristocrático cantado por los poemas homéricos. Hesíodo habla ya de sí mismo, de las penurias que azotan al campesino en pos de su subsistencia. Los Trabajos y días constituyen un cuadro sobre la cotidianidad que afecta a los griegos de los siglos VIII al VII a.C.

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Platón (s. IV d.C. Museo Pío-Clementino, Vaticano)

Busto de Platón, s. IV d.C. (Museo Pío-Clementino, Vaticano)

El segundo capítulo, Concreciones políticas: polis, ethnos y basileia, evidencia la atomización del mundo griego en múltiples asentamientos autónomos que tienden al autoabastecimiento (autarkeia) y a la igualdad de derechos entre los ciudadanos libres (isonomia). Tomando como punto de partida la unidad fundamental de la vida social griega; el oikos, los autores esbozan en primer lugar una tipología de las poleis: Argos, Calcis, Corinto, Mileto. Cada una de ellas se articula acorde a un sentido propio que las convierte en ciudades-estado comerciales, coloniales, agrícolas o míticas. La regularización de sus propias leyes conllevará la limitación de poder de los cargos públicos, apuntalándose la pugna entre élites y pueblo libre que se materializan en el agora; espacio público característico de este modelo de organización social.

Junto a la polis, los autores también ponen el foco de su atención en la basileia; caracterizada por su gobierno dinástico, y el ethnos; espacio físico más amplio y definido igualmente mediante algunos ejemplos, como Tesalia y Epiro.

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En cuanto al tercer capítulo, Crisis y consolidación de la polis (siglos VII-VI), el título ya nos indica el modo en que la sociedad griega de estos siglos se define, basculando entre la consolidación y la ruptura. A las élites aristocráticas que controlan los mecanismos de poder se contraponen procesos mediante los cuales tratan de afianzarse otros poderes que surgen precisamente por una crisis de autoridad, como ocurre con la tiranía. La stasis; lucha interna que sacude las ciudades-estado griegas durante este periodo, es cuidadosamente analizada en el libro, explicándose las causas y consecuencias que conducirán a diseñar un modelo social basado en el buen gobierno (eunomia). En este contexto es donde debe situarse el tyrannos, negativamente descrito en las fuentes clásicas, modelado por algunos como el prototipo de caudillo populista, y por otros como la figura degenerada del monarca justo y tradicional. La tiranía, sin embargo, también se ha descrito de una forma más aséptica y no únicamente valorada por su violencia intrínseca y coerción social, sino como una “efímera variante del gobierno aristocrático” (p. 165). Los autores recorren en sus páginas los azares de algunos tiranos renombrados, como los Pisistrátidas de Atenas o Polícrates de Samos.

En este capítulo, por otro lado, se asiste a la comparación entre Esparta y su sistema de gobierno, con la figura de Solón de Atenas, cuyo programa legislativo —en el que destacan la reorganización del censo o la abolición de las deudas que conllevaban a determinados ciudadanos a la esclavitud—, marcará un “hito en el proceso de gestación del estado constitucional” (p. 151). Encajando a la aristocracia en los engranajes políticos del sistema, Solón consigue un equilibrio entre pueblo y élite sin adoptar medidas propiamente radicales. Las ansias de grandeza y gloria propias de la aristocracia se pretenden encauzar en beneficio del interés público. Y pese a los posteriores enfrentamientos sociales, estas reformas de Solón sentarán los principios para que la ciudadanía comience a autogobernarse, marcando los primeros pasos hacia la democracia ateniense de la época clásica.

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Aristóteles (Palazzo Altemps, Roma)

Busto de Aristóteles (Palazzo Altemps, Roma)

Por su parte, en el capítulo cuarto, Teoría y praxis políticas en la época clásica (siglo V), asistimos al periodo de esplendor griego bajo la dirección de la Atenas democrática, que tomará impulso con la construcción de una flota naval a instancias de Temístocles, y se consolidará en la fundación de la Liga ático-délica en el 477 a.C. Pericles se presenta en estas páginas como aquél que afianzó la democracia ateniense. Su figura, no exenta de contradicciones, es comentada por los autores siguiendo a Tucídides, historiador imprescindible para esclarecer la realidad subyacente al sistema de gobierno de Atenas: “bajo el nombre de democracia, el poder estaba realmente en manos del primer ciudadano” (II, 65, 10). Crítica a la que se sumaba la denuncia de un imperialismo brutal por parte de los atenienses, a los que llamaba a la moderación para con sus aliados.

Son muchos los aspectos que se examinan en este capítulo: el armazón constitucional de Atenas, la exportación de la democracia, el papel de la representación teatral en la esfera pública, la emergencia de los sofistas o la figura de Heródoto, quien plasma en su obra una visión ideal de Solón a la que prestan especial atención los autores. No en vano, señalan que con el Solón de Heródoto “asistimos al nacimiento del patriotismo constitucional” (p. 220); concepto central en el pensamiento de J. Habermas y que tiene singular importancia en la Europa actual.

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Con respecto al quinto y último capítulo, Teoría y praxis políticas en la transición al helenismo (siglo IV), se realiza una incursión en el pensamiento político de Platón y de Aristóteles una vez constatado el derrumbe hegemónico de Atenas al finalizar la Guerra del Peloponeso (404 a.C.) La pregunta sobre cuál sería la mejor forma de regir el estado impregna la discusión en esta etapa de transición al helenismo. Se asiste de este modo a una indagación que oscila entre la utopía y el realismo, coincidiendo quizá todos sus autores en la necesidad de mantener el imperio de la ley como única forma de garantizar la justicia. La ley es la única capaz de proteger al débil del más fuerte y frenar los abusos de las masas.

Efectivamente, Platón representa la reacción contra la sofística y la democracia, puesta de manifiesto en sus diálogos políticos, desde Protágoras, Gorgias y Político, hasta la República y las Leyes. En sus escritos comprobamos el idealismo con que se plantea la organización social que debería regir el mejor de los estados. Platón señala la extraordinaria importancia de la educación; enfocada a conseguir la virtud ciudadana que permitiría alcanzar la armonía entre todas las partes —las clases sociales correspondientes a una “composición tripartita del alma” (p. 283): inteligencia (gobernantes), carácter (guerreros) y deseos (productores)— que constituyen la comunidad política ideal.

Por su parte, Aristóteles reflexionará en su Política sobre los problemas más elementales de la convivencia ciudadana, aportando desde su característico realismo consejos sobre cómo afrontar las crisis con las que se topa el estado. Conservar el sistema constitucional es el objetivo principal de cualquier gobernante, de ahí que Aristóteles juzgue necesario analizar los diferentes regímenes políticos —monarquía, aristocracia y democracia—, concluyendo que una constitución mixta, que integre lo mejor de cada uno de estos sistemas de gobierno, constituiría la mejor garantía de estabilidad y convivencia en una comunidad política (koinonia politike). Sólo así el hombre, como ser político (zoon politikon), podrá alcanzar la virtud en su estado.

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Finalmente, hemos de hacer mención a las pertinentes introducción y conclusión que abren y cierran esta magnífica y rigurosa Historia del pensamiento político griego. Teoría y praxis. Así como la extensa bibliografía y numerosos mapas e imágenes que ayudan a comprender determinados aspectos tratados por los autores.

En definitiva, nos encontramos ante un recomendable y sistemático estudio sobre la génesis de la teoría y praxis políticas en la antigüedad griega. No creo equivocarme si afirmo que todo aquel que esté interesado en el mundo de las ideas políticas, y más en concreto, en el desarrollo que éstas tienen entre los antiguos griegos, leerá con sumo gusto esta espléndida obra.

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Pedro Barceló es catedrático de Historia Antigua y director del Instituto de Historia de la Universidad de Postdam. Doctor honoris causa por la Universidad Jaume I de Castellón. Dirige el grupo europeo de investigación histórica Potestas. Entre sus numerosas obras publicadas, destacan Aníbal de Cartago (Madrid, 2000), Historia de la Hispania romana (Madrid, 2007) o Alejando Magno (Madrid, 2011).

David Hernández de la Fuente es escritor y doctor en filología clásica y sociología. Profesor en diversas universidades, siendo actualmente profesor en la UNED. Premio Pastor de Estudios Clásicos (2005), Beca Ramón y Cajal (2011) o Burgen Scholarship Award (2014). Ha publicado importantes obras dedicadas al mundo antiguo, como Oráculos griegos (Madrid, 2008), Vidas de Pitágoras (Girona, 2011), Civilización griega (con R. López Melero, Madrid, 2014) o Mitología clásica (Madrid, 2015).

  • Barceló, P. y Hernández de la Fuente, D. Historia del pensamiento político griego. Teoría y praxis.
  • Madrid, Trotta, 2014 / Tapa dura / ISBN: 9788498795400.
  • 367 páginas.
  • PVP: 25 €

 


Acerca de Gonzalo Jauralde

Gonzalo Jauralde Lafont (Madrid, 1986). Graduado en Geografía e Historia (UNED). Interesado en cualquier época histórica, se muestra especialmente atraído por la Antigüedad Clásica, los pueblos prerromanos ibéricos y aquellos aspectos relacionados con la religiosidad, cultura y mentalidad del mediterráneo antiguo. Amante de los libros, en octubre de 2016 inauguró la Librería El Cisne Negro en San Lorenzo de El Escorial, especializada en temática histórica. Asimismo, es autor de obras como Augusto. Príncipe de Roma (2015) y Sincretismo religioso en el norte de Hispania. Romanos, astures y cántabros (2016). Twitter: @gjauralde

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