La primera pirámide


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“El cielo estaba en su interior y Re amanecía en él”

Pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos. Gizah, Egipto.

Cuando lees “pirámide” ¿qué imagen se te viene automáticamente a la cabeza? Seguramente, como la gran mayoría de nosotros, enfocarás mentalmente las tres enormes pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, elevadas eternamente sobre la arena del desierto egipcio. Pero éstas, como imaginarás, no fueron ni las únicas ni las primeras pirámides. Tenemos que remontarnos unos 100 años antes de la construcción de estas tumbas tan famosas para ver el origen de semejante maravilla del mundo antiguo, cuando el faraón Dyoser y su arquitecto Imhotep dieron forma a la primera de las pirámides.

Nos situamos en Egipto, durante el Reino Antiguo, cuando el faraón Dyoser reinaba sobre el país del Nilo, soberano con el que los historiadores marcamos el inicio de la III dinastía, cuyo espacio temporal abarca desde el 2686 al 2613 a.C. Esta dinastía supuso un impulso definitivo para que Egipto completara su tránsito desde la reciente salida del neolítico al imperio que pronto logró formar. En este hito, damos gran importancia al faraón Dyoser, cuyo nombre lo heredamos del Reino Nuevo egipcio, y significa “el Magnífico” o “el Sagrado”. Pero también podemos encontrar su nombre escrito como Dyeser, Djoser, Zoser, Tosortros, Sesortos, claro, tantísimos años y lenguas distintas nombrándolo dan para mucho. Pero no temáis, tenemos su nombre original: Necherjet. Ya os quedáis con el que más os guste.

Estatua de Dyoser encontrada en Saqqara. Museo de El Cairo.

Este faraón ya fue alabado por “turistas” de la dinastía XVIII, y es tomado como un gran impulsor del estado además de contribuir a forjar las bases del imperio. Pero en esta ocasión nos vamos a centrar en su recinto funerario, primero porque se distinguió sobremanera de los enterramientos anteriores que usaron las dinastías tinitas; y segundo por lo monumental del resultado final que obtuvo: la primera pirámide de la historia.

De entrada, Dyoser decidió construir su tumba en piedra en vez de adobe, con el aumento del costo que ello conlleva, en material y en organización. Pero, a decir verdad, no es del todo correcto llamarle “pirámide”. Más bien fue el resultado de una serie de modificaciones sobre una construcción original. En origen era una mastaba: una estructura de ladrillo de techo plano con la que se cubrían las tumbas de los primeros faraones. Incluso se discute sobre el destinatario de dicha construcción, posiblemente fuera para un hermano del faraón Dyoser. Esta mastaba era cuadrada, con 63 metros de lado y 8 de altura. Se modificó un par de ocasiones, añadiendo revestimientos de bloques de caliza, así que imaginaos la mastaba de color blanco, nada del color arena del desierto que vemos hoy día.

Maqueta de la mastaba de Perneb. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

En una primera modificación se alargó más la base de esta mastaba, tapando la entrada de hasta once pozos que albergaban tumbas de familiares del faraón. Y parece que es entonces cuando el arquitecto Imhotep decidió construir una gran escalera para que su señor Dyoser ascendiera a los cielos. Para lograr esta escalera, Imhotep construyó tres escalones enormes sobre el que ya había. Es decir, construyó tres mastabas más sobre la original. Esta “superposición de mastabas” alcanzó 42 metros de altura: había nacido la primera pirámide escalonada de la historia. Al faraón Dyoser le debió gustar lo impresionante que estaba quedando su tumba. Tanto es así, que ni él ni su arquitecto Imhotep se conformaron. La pirámide escalonada estaba en Saqqara y se les antojó a ellos que se pudiera ver desde Menfis. Pues ala, añadieron dos escalones más, es decir, dos mastabas más, llegando a alcanzar una altura cercana a los 60 metros.

Imhotep es de los pocos “artistas” faraónicos del que nos ha quedado constancia. Disfrutó de una posición de privilegio en la corte y desempeñó cargos importantes en todos los campos: artístico, religioso y administrativo. Nada de arquitectos esclavizados que se enterraban vivos en las tumbas para que no se chivaran de los accesos. Su fama fue tal, que en la Baja Época se le deificó como el dios de la escritura, la arquitectura, la sabiduría y la medicina. Y bien merecido, oye.

Estatuilla de Imhotep.

Buscando el significado simbólico de esta pirámide, se ha explicado como el de una escalera por la que Dyoser pudiera subir al cielo. En la lengua egipcia se utiliza el “determinativo”: un signo que se escribe detrás de las palabras, pero no se lee, y sirve para indicar el campo semántico de éstas. Pues bien, el determinativo que se utiliza para designar “ascensión” es el perfil de una pirámide escalonada. Curioso ¿verdad?. Tampoco debemos olvidar la idea de la colina primigenia donde el dios Atum creó el mundo, según la cosmogonía egipcia. Además, sin buscar simbolismo alguno, hace 4500 años no tenían el hormigón, si querían construir hacia arriba solo podían ir superponiendo estructuras cada vez más pequeñas: por lo que dar con la forma de la pirámide casi era cuestión de tiempo.

Obviando la magnificencia de la construcción, la pirámide escalonada de Dyoser supuso una evolución en la organización de una estructura administrativa. Mayor coste, más obreros trabajando en extraer los materiales, transportarlos y colocarlos, cálculos más complicados… Para hacer funcionar esta maquinaria, los funcionarios utilizaron a otro nivel un instrumento administrativo básico, que hasta ahora no había tenido tanta utilidad: la escritura. Es con esta III dinastía cuando la escritura supera el mero nombre propio o productos cifrados, para pasar a generar textos largos, reforzando la unificación política de Egipto ya lograda, que ahora daba los primeros pasos para convertirse en el primer Estado centralizado del mundo.

La pirámide escalonada de Dyoser despertó y sigue despertando admiración en todos los que la contemplan. Sirvió de inspiración a las próximas pirámides y a nosotros como fuente histórica para comprender un poquito más la vida en una de las civilizaciones primarias que más entusiasmo despierta: Egipto.

Bibliografía

  • LEHNER, M.: Todo sobre las pirámides. Destino, Barcelona, 2003
  • PARRA, J. M.: Historia National Geographic Volumen 1: Los primeros faraones. 2013
  • PARRA, J. M.: Historia de las pirámides de Egipto. Complutense, Madrid, 2008.

Acerca de Fran Navarro

Fran Navarro (Sanlúcar de Barrameda, 13 de febrero de 1992). Estudia el grado de Historia en la Universidad de Sevilla y lo pone en práctica en este blog. Akrópolis es el proyecto de un joven seducido por las letras, los libros y la Antigüedad que nace con la intención de acumular síntesis de los distintos períodos que componen la Historia Antigua con la doble vertiente de la difusión y el propio aprendizaje del autor.

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