La Ley de las XII Tablas


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Atendiendo a la tradición, en el año 494 a.C. se produce la secessio al Monte Sacro, que inició el conflicto patricio-plebeyo en la Roma republicana. A fines de la etapa monárquica, un reducido grupo de familias –los patricios– logró elevarse sobre el conjunto de la sociedad romana –la plebe-, convirtiéndose en una aristocracia inaccesible, de linaje y privilegiada. Esta aristocracia, con prerrogativas religiosas, tenía en exclusiva el acceso a las magistraturas y al Senado, así como la propiedad de la mayor parte de las tierras. El resto de la población romana conformaba la plebe, en la que se incluyen pequeñas familias propietarias o en una situación económica precaria, pero también otras familias que alcanzaron un notable poder económico. El conflicto patricio-plebeyo fue una situación de reivindicaciones y conquistas de derechos plebeyos que se extendió durante más de dos siglos y que finalizó con la promulgación de la lex Hortensia (287 a.C.).

En este contexto se sitúa, hacia mediados del siglo V a.C., la preparación y elaboración de las XII Tablas: el único código legal que tuvo Roma hasta época de Diocleciano. Este relato ocupa casi la totalidad del Libro III de la obra Ad urbe condita de Tito Livio: en el año 462 a.C., el tribuno de la plebe C. Terentilio Harsa propuso el nombramiento de cinco magistrados que se encargarían de elaborar unas leyes para, entre otros abusos de la clase patricia, regulase y pusiese límites al imperium consular. El proyecto no llegó a consumarse y los patricios opusieron su resistencia en los reiterados intentos de aprobarlo que se realizaron en los años sucesivos. Finalmente, la idea fue propuesta de nuevo en el año 454 a.C. y esta vez sí fue aceptada. Se acordó nombrar una comisión de diez miembros, presididos por Apio Claudio, encargados de redactar unas leyes que asegurasen una libertad igual para todos. Estos decenviros fueron elegidos por los comicios, se mantuvieron un año en el cargo (451 a.C.) como única magistratura de la ciudad y entre los nombrados estaban los integrantes de una comisión que había sido enviada a Grecia para conocer las leyes de Solón y las de otras ciudades. Este colegio decenviral redactó diez tablas y, finalizado el mandato y con el pretexto de que no habían concluido su tarea, fueron nombrados otros diez decenviros para el año siguiente. Esta vez la actitud de los magistrados fue despótica y tirana, añadieron dos tablas que resultaron ser inicuas para la plebe ya que incluían la prohibición de los matrimonios entre patricios y plebeyos. A esto hay que sumar el episodio moralizante de Apio Claudio y Virginia, de dudosa credibilidad histórica: a petición de Apio Claudio, uno de sus clientes intentó reclamar como esclava a una bella plebeya, Virginia. La petición fue injustamente sostenida por Apio Claudio en sus funciones de juez y provocó que este fuera asesinado por el padre de Virginia con tal de evitar su esclavitud. Los sucesos culminaron con una revuelta en el 449 a.C. y una nueva secessio in montem Sacrum.

Recreación del Senado de Roma.

En realidad, esta importante legislación no se nos ha conservado ni de forma física, ni tampoco ninguna transcripción literaria. A veces en las fuentes encontramos referencias a preceptos que supuestamente habrían sido copiados directamente del código decenviral, y con suerte, obtenemos también la referencia a una tabla concreta. Esto ha servido a historiadores modernos para intentar una reconstrucción parcial. El jurista Gayo, en el siglo II de nuestra era, realizó un comentario en seis libros que dedicó a las tablas, que conocemos también de manera fragmentada gracias al Digesto. Tenemos, en fin, una larga lista de autores e intérpretes que invirtieron muchos esfuerzos en el estudio y análisis de las XII Tablas, esta sostenida atención puede ayudarnos a confiar en que el texto que conocemos se asemeje bastante al original publicado en el siglo V a.C. y que debió ser, por cierto, restaurado tras el saqueo de Roma por parte de los galos en el año 390 a.C.

Las leyes legislaban sobre aspectos muy diversos de la vida romana: se regulaban las deudas, sobre familia y herencia o derecho público y nos proporcionan una información muy valiosa que podemos emplear para descubrir más a fondo los entresijos de la sociedad romana.

La Ley de las XII Tablas no fue derogada por otras posteriores, no existieron en Roma ese tipo de mecanismos jurídicos hasta época imperial. Vinieron a constituir el primer ius civile, el derecho propio de los cives, de los ciudadanos; para Tito Livio era, en fin, la fuente de todo el derecho público o privado.

BIBLIOGRAFÍA:

  • López Barja de Quiroga, P. y Lomas Salmonte, F.J., (2004), Historia de Roma, Madrid, AKAL.
  • Rascón García, C. y García González, J.M., (1993), Leyes de las XII Tabas, Madrid,
    Editorial Tecnos.

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