La monarquía de Roma

Fran Navarro | 11 marzo 2016

A la fundación de Roma le sigue el período de los reyes, con una monarquía iniciada por Rómulo en 753 a.C., año de la fundación de la Urbs, y que se extendió hasta la expulsión de Tarquinio el Soberbio en el año 509 a.C., cuando dará comienzo la República romana. Durante este tiempo, Roma fue gobernada por reyes latinos, sabinos y etruscos.

Italia siglo VIII a.C.

Italia siglo VIII a.C. (click para aumentar)

Nos situamos en la península itálica de mediados del siglo VIII a.C. Al norte del río Po se habían establecido una serie de tribus galas, que bien podíamos llamar celtas. Los etruscos ocupaban las actuales Toscana y Umbría, teniendo contactos con las colonias griegas de las costas del sur que daban forma al territorio conocido como Magna Grecia.

No hace mucho tiempo que para el estudio de este período sólo obteníamos la información a partir de relatos cargados de leyendas heredados de la tradición romana. Pero hoy día contamos con descubrimientos arqueológicos que arrojan luz a los textos de los antiguos historiadores. Entre estas fuentes son fundamentales las aportaciones de la “Historia de Roma desde su fundación”, de Tito Livio, un autor que vivió en tiempos de Agusto, entre los años 59 y 17 a.C. ; y de Fabio Píctor, historiador romano de finales del siglo III a.C., artífice de la tradición de los sietes reyes que gobernaron entre la fundación de Roma y la República.

La posición geoestratégica de Roma como lugar de paso en un vado natural del río Tíber le reportó beneficios con la llegada de naves y el intercambio comercial con fenicios, etruscos y griegos, quienes traían mercancías que los romanos intercambiaban por sus productos ganaderos, agrícolas y la importante sal del Adriático. Este punto unía así a pastores, agricultores y comerciantes, que dieron forma a la comunidad que conocemos como Roma, cuyo nombre que podría derivar de la palabra osca “ruma” («ubre») por la forma de las colinas circundantes, o bien podía provenir del etrusco “rumo” («río»). Pero podemos olvidarnos de que Roma recibe su nombre de Rómulo; de hecho, es al contrario, su fundador recibe el nombre de la ciudad en leyendas escritas a posteriori.

Esta sociedad se organizaba en clanes, llamados gens, que tenían un pater a la cabeza. Estos patres de cada gens se reunían en el Senado para solventar los problemas de la comunidad, y era la institución que nombraba a un rex encargado de dirigir el ejército frente a posibles ataques exteriores; además de contar con funciones religiosas.

Monarquía latino-sabina.

Una primera etapa ocuparía los años del 753 al 616 a.C. y contaba con cuatro reyes de origen latino y sabino. Estaríamos ante una monarquía sin carácter hereditario, pero sí contaba con lazos familiares a través de la fusión que habían conocido ambos pueblos tras el rapto de las sabinas a manos de los latinos. En un primer momento, el rey sabino Tito Tacio y el latino Rómulo, gobernarían en una diarquía que nos recuerda a Esparta. No será el único intento de semejanza con Grecia que buscaron los autores romanos, como veremos. Si bien, otros investigadores lo ven como un acto que legitima e impregna de carácter mítico al gobierno de dos cónsules que tendrá la República. Pero al parecer, la muerte de Tacio dejó a Rómulo gobernando en solitario la ciudad de Roma.

La intervención de la mujer sabina, por Jacques-Louis David, 1799 (Museo del Louvre, París)

La intervención de la mujer sabina, por Jacques-Louis David, 1799 (Museo del Louvre, París)

A Rómulo se le considera el creador del senado,dividió la población en treinta curias y otorgó las primeras leyes a la ciudad. Sin embargo podría ser demasiado precipitado suponer estas creaciones a manos de Rómulo, quizás sostenidas por la tradición, una vez más, como propaganda política. El personaje desapareció misteriosamente en una tormenta, y tras su muerte recibió culto y ascendió a la categoría de divinidad, conocido como el dios Quirino.

Al fundador de Roma le siguen Numa Pompilio, Tulo Hostilio y Anco Marcio, cada uno de ellos con un papel especial en la formación de Roma. Numa Pompilio tenía la imagen de religioso y pacífico, fue el encargado de dotar a la comunidad de religión, calendario y los colegios sacerdotales. Su sucesor, Tulo, mantenía el carácter de terrible guerrero: simbolizaba la fuerza militar y fue el artífice de la destrucción de Alba Longa, cuya población fue deportada a Roma. Por su parte, Anco Marcio representaba la fecundidad: conquistó el Lacio y fundó la ciudad de Ostia, el puerto de Roma en la desembocadura del Tíber.

A pesar de estas descripciones, probablemente se tratase de un gobierno regido por el control de familias aristocráticas destacadas, que ponían y deponían reyes tras un largo ceremonial. Esto supondría la carencia del rex para imponer su poder, lo que unido a la escasa huella arqueológica que hay sobre estos primeros momentos de Roma, nos lleva a pensar que la primera comunidad de Roma no era propiamente ciudadana, sino que formarían una unión de clanes latinos bajo un precario entramado estatal. El ritual etrusco por el que se siguió la fundación de Roma hace de esta una creación etrusca, generando los siempre apasionantes debates sobre el origen de los pueblos. Teniendo en cuenta esta idea, hay autores (Cortadella 2013, 23) que piensan que “no debió ser Rómulo quien consultara los augurios a través del vuelo de las aves y después señalase el perímetro de la ciudad con un arado tirado por una yunta de bueyes blancos, sino el etrusco Tarquinio”.

Monarquía etrusca

Fresco de una tumba en Tarquinia, siglo V a.C.

Fresco de una tumba en Tarquinia, siglo V a.C.

Con Anco Marcio aún como rey de Roma, Tito Livio nos cuenta que llegó a la ciudad Lucumón, un hombre rico y enérgico de la ciudad etrusca de Tarquinia. Este personaje, fue quien logró recibir las riendas de Roma tras la muerte de Anco Marcio. Sería el primero de los tres últimos reyes de Roma, con quienes la tradición es clara mostrándolos como etruscos. En palabras de Dionisio de Halicarnaso, Roma era por entonces una polis tyrrhenis: una ciudad etrusca. Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio fueron los encargados de dar el último impulso para el desarrollo de Roma como ciudad-estado.

Se menciona la ayuda de su esposa Tanaquil para lograr esta empresa, pero en cualquier caso, Lucumón se convirtió en rey de Roma tomando el nombre de Tarquinio Prisco (616-579 a.C.), también conocido como Tarquinio el Antiguo. Llevó a cabo una reorganización del ejército, doblando el número de soldados en hasta seis mil infantes: el número que formaría una legión romana según la tradición. Su reinado coincide con la expansión de Roma y la entrada en el comercio mediterráneo por parte de la Urbs. Además, Tarquinio Prisco inició la construcción del templo de Júpiter Óptimo Máximo, situado en la ciudadela del Capitolio, uno de los templos más importantes de la historia de Roma.

Servio Tulio (578-535 a.C.), que como su nombre indica servus (esclavo), tenía unos orígenes humildes, nacido de una prisionera de guerra que había sido esclava doméstica en el palacio de Tarquinio Prisco. A Servio Tulio se le atribuye la creación de un ejército basado en la infantería pesada, al estilo griego con los hoplitas, en el que cada ciudadano servía en el ejército según su capacidad económica para costearse la panoplia. En relación a ésto, realizó una organización censitaria; una nueva asimilación con los griegos, cuya historia tiene a Solón como artífice de una organización de este tipo. Este acto ensalzaba la figura de Servio Tulio, quien probablemente no sería el autor de esta distribución. En cualquier caso, el populus romano, hasta entonces, se organizaba en tribus y éstas en curias. Servio Tulio quiso una organización “progresista” y por ello organizó a la población por centurias. La distribución censitaria de Servio Tulio dividía a la población en cinco clases en función de su riqueza, aportando cada clase cierto número de centurias (grupos de cien hombres); entre los que la mitad eran activos (los iuniores) y la otra mitad quedaban de reserva (los seniores).

Reforma de Servio Tulio

Reforma de Servio Tulio (Ledo Caballero, 2005: 333)

Vamos a desglosar la división que se atribuye a Servio Tulio, pero si no le interesa profundizar demasiado puede pasar al siguiente párrafo donde se explica la importancia de esta reforma serviana. Según podemos leer en Tito Livio, la primera clase de los ciudadanos la formaban quienes poseían un capital o censo de 100.000 ases (el “as” era una unidad de contabilidad que luego se convirtió en moneda de bronce o cobre). Esta primera clase reclutaba 18 centurias de caballería y 80 centurias de infantería (recuerden, aquí sería 40 centurias de iuniores y 40 de seniores). A la segunda clase pertenecían aquellos que contaban con 75.000 ases; la tercera de 50.000 ases y la cuarta de 25.000 ases. Estas segunda, tercera y cuarta clases suministraban 20 centurias cada una. Y por último, una quinta clase de 11.000 ases, que aportaban 30 centurias. Además, se crearon dos centurias de ingenieros, otras dos de músicos y una última formada por los “proletarios” quienes sólo tienen la prole, es decir, sólo pueden contribuir a la riqueza con sus hijos y la mano de obra.

En total había 193 centurias. Los aportes militares eran correspondidos en proporción con derechos políticos. Esta nueva asamblea quedaba así organizada en centurias que conformaban una unidad de combate y una de voto al mismo tiempo. Aquí está el punto clave de la cuestión. Las 18 centurias de la caballería junto con las 80 de la primera clase que votaban en primer lugar, sumaban una cómoda mayoría (98 centurias) frente al resto de las clases sociales (95 centurias). Todas estas reformas tenían el objetivo de restar poder a los patricios, quienes se habían estado apoyando en la economía agropecuaria y el monopolio del poder a través del linaje. Pero la creación de la ciudad de Roma generó grandes riquezas en el ámbito comercial, de lo que habría que destacar la posible invención por parte de Servio Tulio del aes signatum: barras de bronce impresas con un símbolo que haría las veces de un sistema premonetal.

Tres aes signati romanos (imagen: uned.es)

Tres aes signati romanos (imagen: uned.es)

La atribución real o no a Tarquinio Prisco y a Servio Tulio de estas reformas e innovaciones genera mucho debate. Pero la realidad es que parte de la tradición que recoge esta segunda fase de la monarquía etrusca, coincide en gran medida con los datos arqueológicos que poseemos. Entre finales del siglo VII a.C. e inicios del VI a.C. (Tarquinio Prisco) se produce una ampliación del cuerpo cívico y las obras urbanísticas de Roma. Entre el segundo y tercer cuarto del siglo VI a.C. (Servio Tulio) se completa el recinto amurallado con las llamadas murallas servianas y se organiza política y militarmente el cuerpo cívico. Finalmente, del siglo VI a.C. también está datado un fragmento de una aes signatum hallado en el santuario de Gela (Sicilia), lo que constituye un testimonio indudable de la existencia de una autoridad política y una economía que superaba el simple intercambio de productos (Cortadella 2013, 30).

Tito Livio nos cuenta que los hijos de Tarquinio Prisco se casaron con las hijas de Servio Tulio. Arrunte, de carácter apacible, y Lucio, más violento que su hermano. Fue la mujer de Arrunte, hija de Servio, quien se puso del lado de Lucio para auparlo al poder, recibiendo el nombre de Tarquinio el Soberbio (535-509 a.C.) por su comportamiento. A su reinado se le atribuyen rasgos propios de los tiranos griegos, mandando asesinar a los senadores sospechosos y rodeándose de guardia militar. Fue el iniciador de guerras contras los volscos y los rútulos, tomó la ciudad de Gabii, al este de Roma y pactó la paz con los ecuos.

El fin de la monarquía

Las reformas servianas no sirvieron para calmar las exigencias del patriciado, llegando a la reacción de esta aristocracia en el año 509 a.C., cuando se expulsó al último Tarquinio. Los patricios lograron entonces tomar el control e imponer una Res publica.

De nuevo, Tito Livio nos ilustra los sucesos que llevaron a la caída de Tarquinio el Soberbio. El protagonista es Sexto Tarquinio, hijo del rey, quien sedujo contra su voluntad a una tal Lucrecia, de familia noble (su padre era el praefectus urbi de Roma). Lucrecia no pudo soportar la culpa y el deshonor infringidos y se clavó un cuchillo en el corazón. Se desató entonces una revuelta encabezada por el marido de Lucrecia, Tarquinio Colatino, y Lucio Junio Bruto, hijo de una hermana del rey. Colatino y Bruto fueron elegidos cónsules con los mismos poderes que el rey pero Colatino se vio obligado a huir de Roma, por la mala imagen que ya tenía la familia real. Entonces, Bruto recibió como colega a Publio Valerio Publícola. Ambos recibieron el apoyo del ejército y consiguieron expulsar del poder a Tarquinio el Soberbio en el 509 a.C. Una vez más, en similitud con la fecha griega en la que fue expulsado Hipias, último tirano de Atenas.

 

Los siete reyes de Roma (imagen: almacendeclasicas.blogspot.com.es)

Los siete reyes de Roma (imagen: almacendeclasicas.blogspot.com.es)

 

Bibliografía

  • Christol, M. y Nony, D.: De los orígenes de Roma a las invasiones bárbaras. Akal, 2005.
  • Cortadella, J.: Historia National Geographic vol. 10, La República romana. RBA, 2013.
  • Martínez-Pinna, J.: La monarquía romana arcaica. Universitat de Barcelona, 2009.

Fran Navarro

Sanlúcar de Barrameda. Historia en la Universidad de Sevilla. Fundador y director de Akrópolis: el proyecto de un joven seducido por las letras y la Antigüedad.

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