El origen de la iconografía cristiana


Share Button

Actualmente, la imagen es la protagonista de eventos religiosos en las calles e hilo conductor de la narración bíblica. Sin embargo, vamos a echar la vista atrás hasta los primeros tiempos del cristianismo para comprender y estudiar cómo era tratada la imagen y la iconografía en el denominado arte paleocristiano, que es el estilo de arte que se desarrolló durante los seis primeros siglos de nuestra era, desde la aparición del cristianismo durante la dominación romana, hasta la invasión de los pueblos bárbaros; aunque en Oriente tiene su continuación, tras la escisión del Imperio, en el llamado arte bizantino. Esto nos hace hacernos varias preguntas: ¿la imagen que tenían los primeros cristianos de Jesús es la misma que tenemos nosotros en la actualidad? ¿Se le representaba de la misma manera que en nuestros días? Además, veremos que este primer arte cristiano bebe más del paganismo de lo que quizás imaginemos.

Desde finales de la Antigüedad, la palabra expresó sus sentidos por medio de un repertorio de imágenes religiosas, el lenguaje escrito y visual caminaron de la mano, conformando una parte importante de la vida de la sociedad y configurando un corpus de representaciones artísticas que dieron a las imágenes paganas un nuevo significado cristiano, dotándolas de un sentido cristológico y siendo asimiladas por las comunidades primitivas cristianas.

Jean-Leon Gerome, "La última oración de los mártires cristianos"

Jean-Leon Gerome, “La última oración de los mártires cristianos”

El ámbito de representación del arte paleocristiano no es público puesto que en los siglos II y III d. C. el cristianismo sufrió una serie de persecuciones bajo los emperadores Nerón (64 d. C.), Domiciano (81-96 d. C.), y Diocleciano (165 d. C), por lo cual fue un arte prohibido, perseguido y proscrito de la vida pública romana. El ámbito de representación en esta época fue fundamentalmente funerario: catacumbas, sarcófagos… Ésto cambiará con el Edicto de Milán del año 313 d. C., donde el emperador Constantino promulgará la libertad de culto y la tolerancia religiosa en todo el Imperio.

La tardía aparición de la imagen cristiana. Imágenes-signo.

Los ejemplos más antiguos de pinturas encontrados en las catacumbas datan aproximadamente del año 200 d. C. Es extraño que transcurra más de siglo y medio entre la propagación de la nueva doctrina cristiana y sus primeras manifestaciones en las artes, lo que puede explicarse por la situación de clandestinidad y la diseminación de las primitivas comunidades cristianas. Además, hay que señalar la fuerte tradición iconoclasta judía que influye en los primeros escritos cristianos que rechazan de manera tajante cualquier veneración de los fieles a las imágenes, ya que su culto conduce a la idolatría.

“¿Creéis acaso realmente que Dios necesita para existir de la materia de vuestro arte? Dios no necesita a nada ni a nadie, ni puede ser expresado por mano humana alguna. ¡Vuestro arte es incapaz de reproducir exactamente la luz del sol, y pese a eso, osais reprsentar el espíritu invisible de Dios!”

              Misceláneas, Clemente de Alejandría. Finales del siglo II d. C

Este tipo de creencias hace que en un primer momento las imágenes-signo sean las más comunes. La finalidad de estas imágenes primitivas era esclarecer el significado de la Palabra sagrada y contribuir al descanso y la paz ultraterrena de los fieles. El arte del cristianismo primitivo (para muchos considerado el cristianismo más puro), no representó la figura histórica de Cristo tal y como estamos acostumbrados en la actualidad, cuya imagen correspondería con el denominado Cristo siriaco o barbado que se hizo común a partir del siglo V-VI d. C.; sino que se contentó con sugerirla mediante símbolos que podían descifrar sin dificultad las comunidades de iniciados.

  • Símbolos gráficos: Las dos primeras letras del nombre griego Khristos, la X (ji) y la P (ro), conforman entrelazadas el monograma denominado crismón. Se concibió como una innovación protectora del nombre de Cristo. El símbolo aparece flanqueado habitualmente por la primera y la última letra del alfabeto griego; la alfa y la omega, simbolizando a Cristo como principio y fin de todas las cosas. El trigrama latino compuesto por J.H.S (Jesus Hominum Salvator o la abreviatura de Jhesus) sustituyó con el tiempo al crismón griego.

    Representación del crismón como Anastasis. Sarcófago Romano h. 350 d. C. Roma, Museo de Letrán

    Representación del crismón como Anastasis. Sarcófago Romano h. 350 d. C. Roma, Museo de Letrán

  • Símbolos zoomorfos: El pez simboliza la pureza, la sabiduría y la resurrección. Los primitivos cristianos extrajeron de la palabra griega ikhtus (pez) un acróstico místico que los iniciados descifraban como Jesucristo, Hijo de Dios o Salvador. Se convirtió en un ideograma muy difundido y venerado hasta que la lengua latina sustituyó a la griega como idioma oficial de la Iglesia. La representación de peces junto a una cesta de panes en las catacumbas también simbolizaba el Milagro de la multiplicación de los panes y los peces. También es muy frecuente la representación de Jesucristo bajo la forma de un cordero o carnero con nimbo crucífero, que sostiene en la pata el estandarte de la Resurrección. Cristo se asimilaría también a otros animales como el león, el pelícano, el pavo real, el grifo, el fénix, el águila y el unicornio, o con elementos vegetales como el racimo de uvas que alude a Jesús como una cepa de vid; símbolo de su sangre derramada por los hombres.
Pez con cesta y panes o Pez Eucarístico s. II d. C. Catacumba de San Calixto. Roma.

Pez con cesta y panes o Pez Eucarístico s. II d. C. Catacumba de San Calixto. Roma.

  • Símbolos antropomorfos: las representaciones más importantes son las de “El Buen Pastor” y las de “Cristo Doctor”. El tema del Buen Pastor, que devuelve al pecador extraviado y arrepentido al rebaño de los fieles se convierte en un tema que gozará de gran difusión en el arte paleocristiano, tanto en los frescos de las catacumbas como en los sarcófagos o esculturas exentas. Los artistas encuentran inspiración figurativa con el mito clásico del héroe tracio Orfeo y con el moscóforo; exvoto arcaico que representaba a un joven llevando al sacrificio un ternero sobre los hombros. Cristo asume los rasgos de un adolescente imberbe, vestido con una túnica corta y sin mangas. Esta tipología configura a la vez uno de los dos modelos con los que se representará a Cristo en los primeros siglos; el Cristo helenístico, frente al Cristo siriaco nombrado anteriormente, que será el que prevalecerá con el tiempo. A partir del Edicto de Milán (313), se representa la imagen de Cristo Doctor o Cristo Maestro de la Sabiduría, siguiendo el modelo helenístico de joven efebo. Se trata sin duda de una obra que equipara a Cristo con los filósofos. También es reducida la alegoría de Cristo Sol en la que equiparado con el dios Helios, surca los cielos en su carro.

    Izquierda. Estatua del Buena Pastor. s. III. Roma, Museo de Letrán. Derecha. Moscóforo, h. 570 a C. Atenas

    Izquierda. Estatua del Buena Pastor. s. III. Roma, Museo de Letrán.
    Derecha. Moscóforo, h. 570 a C. Atenas. Museo de la Acrópolis.

La representación de los Sacramentos

Bautismo de Cristo. Catacumba de los Santos Pedro y Marcelino, s. III. Roma.

Bautismo de Cristo. Catacumba de los Santos Pedro y Marcelino, s. III. Roma.

El tiempo y la importancia ganada por los sacramentos promovió unas imágenes más explícitas de los mismos, impulsando la creación de escenas narrativas y descriptivas basadas en los episodios evangélicos. La representación del Bautismo tomará la forma de un Cristo desnudo con rasgos de niño que recibe las aguas de manos de Juan, bajo la mano de Dios que emerge del cielo o el Espíritu Santo que desciende en forma de paloma, configurando de forma esquemática la narración de la teofanía. La imagen del Bautismo de Cristo se extenderá a la impartición del sacramento al resto de los fieles, y en épocas posteriores,  se enriquecerá progresivamente con la presencia de ángeles y elementos alegóricos.

En el siglo III nace también la representación del sacramento de la Eucaristía. La trascendencia de su significación dentro del cristianismo se alude en un primer momento mediante alegorías como los cestos de panes, juntos al pez o la vid, símbolos asociados al Redentor. La descripción plástica del sacramento eucarístico, ensalzado desde el arte paleocristiano como uno de los pilares del dogma y como la base del culto, adoptará la forma de banquete inspirado en el Refrigerium o ágape funerario. 

Las imágenes del Más Allá

El ciclo bíblico de Jonás constituye otro de los temas recurrentes del primitivo arte cristiano, representándose especialmente en los relieves esculpidos en los frontales de los sarcófagos. Las peripecias sufridas por el profeta en el mar tras ser arrojado de la barca, devorado por un gran pez y vomitado vivo a los tres días sobre una playa gozó de gran difusión al prefigurar la Resurrección de Cristo. El famoso Sarcófago de Jonás ilustra con maestría los diferentes episodios del ciclo, destacando la representación del momento en el que emerge de las fauces del monstruo marino, desnudo y orando. En otra secuencia,  Jonás aparece en reposo bajo una pérgola. Esta imagen se asocia a la figura pagana de Endimión, el pastor de gran belleza amado por la diosa Selene al que Zeus concedió la inmortalidad y la juventud eternas, dejándole sumido en un sueño perpetuo. Los dos personajes se fundieron y asumieron un nuevo sentido cristianizado del alma bienaventurada que descansa en el paraíso. En opinión de otros expertos esta imagen simbolizaría la espera del alma en un lugar intermedio antes de alcanzar su destino celestial. La antigua Grecia ubicaba ese lugar en la Luna, creencia que recogerá Tertuliano en Roma y que explica la identificación del alma en reposo con el pastor amado por Selene, divinidad lunar.

Arriba. Sarcófago de Jonás, s. III. Roma. Abajo. Sarcófago Romano donde Selene observa a Endimión. S. II

Arriba. Sarcófago de Jonás, s. III. Roma.
Abajo. Sarcófago Romano donde Selene observa a Endimión. S. II

Representación de episodios del Nuevo Testamento

Sorprendentemente, el arte de las catacumbas no reproduce las escenas de la Pasión y posterior Resurrección de Cristo, que se desarrollará a partir de la Edad Media hasta nuestros días, estando presente en la actualidad sobre todo en los días de Semana Santa, donde se recrean estos episodios de la vida de Jesús. Sin embargo, los primeros cristianos no representaban este momento quizás por el pudor que pudieran suscitar en las primitivas comunidades cristianas los escarnios y la dolorosa muerte padecidas por su Redentor, añadiendo la dificultad práctica que supondría para los artistas de relativa pericia los episodios de la muerte y resurrección de Cristo. Sin embargo, no conviene olvidar, como se ha comentado anteriormente, que la mayor parte de las escenas plasmadas en el arte paleocristiano eran de índole alegórica y no descriptiva: imágenes-signo que debían ser descifradas. Por otro lado, otros episodios si son representados como la Anunciación del arcángel Gabriel a María, que aparece rara vez, o la Adoración de los Magos, entendida más como Teofanía o manifestación de la divinidad del Niño Dios, que como narración evangélica. Una escena que aparece en la catacumba de Santa Priscila representa una mujer con un niño en brazos junto a una figura masculina que señala una estrella. Algunos autores han visto en la figura femenina una alegoría de la Iglesia. La mayoría se inclina por una interpretación de la Virgen con el Niño, iconografía que podría derivar de una imagen egipcia de la diosa Isis con Horus en brazos que se había difundido por Roma. La presencia del profeta es más discutida, la estrella vaticina la llegada del Mesías, y el profeta bien podría tratarse de Isaías, quien anunció la llegada de una luz salvadora. Es una imagen simbólica de la Redención de los hombres.

Fresco del Profeta, la Virgen y el Niño. Catacumba de Santa Priscila, s. II-III. Roma.

Fresco del Profeta, la Virgen y el Niño. Catacumba de Santa Priscila, s. II-III. Roma.

Como conclusión, decir que las primeras imágenes del cristianismo desecharon el lenguaje de la narración en pro de la imagen-signo. Pero progresivamente esta práctica se fue abandonando en favor de un retorno a la descripción, a la imagen-idea que no sólo transmite un mensaje moral sino que éste era menos encriptado y más universal. A partir del siglo IV y con el Edicto de Tesalónica (391), mediante el cual el cristianismo se convierte en la religión oficial del Imperio Romano, Cristo aparecerá representado como sanador, taumaturgo, juez supremo y triunfal. Dichos tipos iconográficos se tomarán directamente del arte imperial romano, apropiándose el arte cristiano de su imagen de poder como propaganda. El lenguaje iconográfico de los primeros cristianos sale de las catacumbas para iniciar un largo camino sujeto a las lecturas que el tiempo y los artistas hicieron de su tradición escrita.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Grabar, A.: Las vías de creación de la iconografía cristiana. Alianza. 1985
  • Martínez de la Torre, C., González Vicario, M.T y Alzaga Ruiz, A.:Mitología clásica e iconografía cristiana. Editorial universitaria Ramón Areces. 2010
  • Monreal y Tejada, L.: Iconografía del cristianismo. Acantilado. 2000.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.