El ostracismo: la evolución de una reforma ateniense


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Como muchas otras palabras que utilizamos para denominar doctrinas o sistemas, el término ostracismo proviene de un vocablo griego. La palabra original es óstrakon, es decir, ”fragmento de cerámica”, que era el objeto utilizado para esta práctica tan curiosa.

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varios óstraka inscritos (http://irreductible.naukas.com/)

Para empezar, hay que mencionar que el ostracismo no se puede entender sin la personalidad de Clístenes, también llamado Clístenes de Atenas, que fue un prolífico legislador ateniense que consiguió llevar a la ciudad del Ática hacia la democracia. Esta democracia no es como la conocemos hoy en día, pero sí era un avance muy significativo del pueblo ateniense respecto al resto de póleis griegas, aferradas al tradicionalismo que suponían los gobiernos de las clases aristocráticas, que hacían y deshacían a su antojo los aspectos de la vida política de su ciudad.

Clístenes, según se refiere Aristóteles en su “Constitución de los Atenienses”, fue el promulgador y creador de este sistema, además de muchas otras reformas en el sistema político ateniense durante su arcontado, en el año 508 a. C. Estos cambios destacan en importancia, y seguramente fueron posibles gracias a los avances que hacía varias décadas atrás había impulsado otro gran legislador de la ciudad de Atenas, uno de los siete sabios de Grecia: Solón de Atenas. Igualmente hay que añadir que, sin duda, la aparición de las tiranías en la ciudad durante gran parte del siglo VI a. C. —después de Solón y antes de Clístenes— fueron sucesos que favorecieron los cambios de éste último.

Dejando de lado las obras de Solón y Clístenes, vamos a adentrarnos únicamente en éste juego político —que sin duda lo fue— como es el ostracismo. Esta práctica consistía en una reunión de los ciudadanos con una finalidad muy diferente al resto, y desde luego, muy concreta. El objetivo del ostracismo —así como Clístenes lo instauró— era desterrar a una persona durante diez años. Esta acusación se debía cernir sobre todo a importantes personalidades de la política ateniense que tenían ambiciones más allá de las democráticas, como la de instaurar una peligrosa tiranía como fue el caso de los Pisistrátidas.

La metodología del ostracismo

Como antes se ha mencionado, el ostracismo proviene del término óstrakon (”fragmento de cerámica”), que era donde los ciudadanos con plenos derechos de ciudadanía —se pueden excluir mujeres, esclavos y extranjeros— escribían el nombre de la persona que querían desterrar. Esta votación se realizaba a pie de un monte, en el barrio Cerámico, dónde se concentraban la mayoría de artesanos y alfareros. A partir de la sexta pritanía término temporal a la vez que organizativo, se refiere a la suma de los 50 pritanos de entre los 500 pritanos que ejercían las funciones administrativas durante un año, divido éste en diez partes se votaba sobre la posibilidad de realizar o no una votación por ostracismo. Si esta votación era afirmativa, dos meses más tarde, durante la octava pritanía, se realizaba la definitiva votación, óstrakon en mano. Según Plutarco, para proceder al ostracismo, el quorum mínimo en la votación debía ser de 6000 votos; para Filócoro, eran 6000 los votos necesarios para que un mismo personaje pudiera ser exiliado. Sea como fuere, el acusado condenado al ostracismo mantenía sus bienes y posesiones en el Ática para cuando esta pena finalizase.

Los primeros ostracismos

Había pasado ya mucho tiempo desde la tradicional fecha de introducción del ostracismo por parte de Clístenes, hacia el 508 a.C. Dos años después de la batalla de Maratón, en 488/7 a. C., y tras el recelo de la ciudadanía por la creciente popularidad y la conocida parentela con el antiguo tirano de Atenas: Pisístrato, Hiparco, un ex arconte, fue el primer elegido para el ostracismo. Es por este motivo que Androción, un político y orador ateniense de comienzos de siglo IV a. C., atribuye la creación del ostracismo en el mismo 488 a. C., y no al legislador Alcmeónida.

En los años siguientes, el ostracismo se desató en Atenas, y entre el 487 a. C. y el 482 a. C. se sucedieron varios casos de ostracismo. Los primeros exiliados de Atenas eran simpatizantes de la tiranía, como un tal Megacles —nieto de Megacles, rival de Pisístrato— en 486 a. C. y Calíxeno en 485 a. C., ambos sobrinos de Clístenes.

La posibilidad que suponía poder desterrar a alguien por diez años había puesto en marcha una desenfrenada e incontrolable actividad del ostracismo un año tras otro. En 484 a. C. fue Jántipo, padre de Pericles, quien tuvo que salir de Atenas a causa de esta práctica política. Sin embargo, uno de los casos más conocidos de ostracismo sucedió en 482 a. C., cuando fue expulsado uno de los protagonistas de la batalla de Maratón: Arístides, hijo de Licómaco.

El caso de Arístides “el Justo”

Arístides creció junto a Temístocles, el hijo de Neocles, con el que siempre mantuvo una rivalidad política muy latente. Sus discrepancias eran tema de Estado y de debate en la Asamblea. Mientras varios autores afirman que Temístocles era manejable y corrupto —aunque brillante en el aspecto militar—, Arístides es descrito con los más buenos calificativos: inflexible, enemigo de la mentira y del engaño, fue comúnmente apelado ‘’el Justo’’.

Su rival Temístocles, siempre fue un importante escollo durante su arcontado, en 489 a. C., como el propio Arístides lo había sido durante el arcontado de Temístocles, en 493 a. C. Estas rencillas tan sólo fueron un preludio de lo que sucedería los siguientes años, en los cuales ambos protagonistas acrecentaron su influencia en la política ateniense. En 482 a. C., Temístocles culminó un proceso de difamación hacia la persona de su rival, con el que consiguió que muchos ciudadanos creyeran que Arístides trataba de hacerse erigir monarca. El justo fue condenado y exiliado por ostracismo, suceso al que Plutarco se refiere como la muestra de la envidia que había hacia él. De hecho, en su obra, hay un ejemplo muy ilustrativo de lo que sucedió durante esa votación:

En el momento en el que se estaban escribiendo los óstraka se cuenta que un analfabeto y totalmente rústico, tras entregar su óstrakon a Arístides, que era uno de los que estaban por allí, le pidió que escribiera el nombre de Arístides. Al asombrarse éste y preguntar si Arístides le había causado algún daño, <<En absoluto>>, respondió, <<ni conozco a ese hombre, pero me molesta oírle llamar por todas partes el Justo>>. Y que habiendo oído esto Arístides nada respondió, sino que escribió su nombre en el óstrakon y se lo devolvió. Al abandonar la ciudad, elevó las manos al cielo e hizo un ruego, según parece, contrario al de Aquiles, que ninguna situación les sobreviniera a los atenienses que obligara al pueblo a acordarse de Arístides.

(Plutarco. Vidas Paralelas: Arístides VII; trad. de Juan M. Guzmán Hermida y Óscar Martínez García)

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Óstrakon inscrito. Se puede leer “Arístides, de Lisímaco”

Lamentablemente para Atenas, la segunda fase de las guerras Médicas se acercaba peligrosamente. Ante el inminente comienzo de la empresa persa sobre tierras helenas, se decidió que Arístides regresara a Atenas, abandonando su exilio forzoso. Temístocles y Arístides colaboraron en un bien común: la defensa de su civilización, junto con las póleis que no habían pactado una rendición con el Rey de Reyes: el monarca Jerjes I de Persia.

El caso de Temístocles

Tras las victorias griegas en Salamina (480 a. C.), Platea y Mícala (ambas en 479 a. C.), en Atenas se abrió un nuevo ciclo político para Temístocles. Aunque vencedor en Salamina al mando de la flota griega y propulsor de importantes reformas defensivas en Atenas, su popularidad fue decreciendo con los años, acusado constantemente de corrupto, mentiroso y soberbio. Los mismos espartanos conjuraron en su contra favoreciendo al joven Cimón su ascenso al poder. Tras un anterior intento fallido de desbancarlo de la política ateniense en relación a un desafortunado caso de filomedismo (ser amigo de los medos/persas) de su amigo y Rey, Pausanias de Esparta, hacia el 471 a. C., Temístocles fue víctima del ostracismo.

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Óstrakon con el nombre de Temístocles (http://historiaybiografias.com/)

 

El ascenso de Pericles: los ostracismos de Cimón y Tucídides

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Busto de Pericles. En la inscripción: Pericles, de Jántipo, ateniense

El ostracismo se había convertido en una herramienta clave en la política ateniense, con la que, en casos extremos, se conseguía expulsar a quienes estorbaban al resto de facciones políticas. Después de Temístocles hubo que esperar hasta diez años para encontrar el siguiente caso de ostracismo. Y como si se tratara de una carrera de relevos, el ostracismo se relacionaría  con la supremacía de Atenas. Arístides cogió primero el testigo de la preeminencia política y del ostracismo. Éste se los pasó a Temístocles, acabando el proceso con Cimón, quien substituyó a Temístocles en la política de Atenas y fue también exiliado en 461 a. C. mediante las óstraka. Cimón fue un brillante estratego, consolidó y amplió el poderío naval de Atenas en el Egeo. Para Plutarco, Cimón nunca aceptó sobornos, así como tampoco lo hicieran Arístides o Efialtes antes que él. Además, se decía que había reproducido aquella fabulosa comunión de bienes producida durante la mítica gobernación del dios Cronos. Sin embargo, como ya había sucedido años atrás, apareció otro importante personaje en la política de Atenas que le causó dolores de cabeza: Pericles, que iniciaba su carrera, fue un firme opositor de la política conservadora de Cimón. Tras comprobar que Cimón mantenía buenas relaciones diplomáticas con Esparta, y de hecho, era un confesado admirador de dicha ciudad, no dudó en atacarle ante la ciudadanía por estos motivos. El odio hacia la ciudad lacedemonia se impuso en la votación y Cimón, en el 461 a. C. fue exiliado por ostracismo acusado de laconismo (admirador de la cultura espartana).

Tras varios años exiliado, y antes de cumplir los diez reglamentarios para la pena de ostracismo, Pericles dejó regresar a Atenas a Cimón en 454 a. C., lo que demostraba la ya muy evidente popularidad de Pericles.

Los aristócratas, viendo que Pericles ya antes incluso se había convertido en el más poderoso de los ciudadanos, deseaban que hubiera alguien en la ciudad capaz de hacerle frente y rebajar su poder de modo que no fuera una perfecta monarquía. Por ello le pusieron delante para que le hiciera frente a Tucídides de Alópece, hombre sensato y pariente de Cimón. […] Éste […] enseguida equilibró la balanza de la política.

(Plutarco. Vidas Paralelas: Pericles XI. Trad. de Maria de Los Ángeles Durán López).

Tucídides y la facción conservadora le reprocharon a Pericles que derrochara en suntuosas obras públicas el dinero proveniente de la Confederación de Delos. El líder de la facción democrática respondió que podía hacerlo con su propio patrimonio, pero entonces esas fastuosas obras serían de su propiedad. Con esta actitud, Pericles se ganó el favor del pueblo y consiguió que otro de sus rivales quedara relegado al ostracismo. Tucídides, el continuador de Cimón y de su política conservadora, fue exiliado el año 442 a. C., y con ello, Pericles se aseguró una década de aparente hegemonía al frente de la ciudad.

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Óstrakon con el nombre de Cimón, hijo de Milcíades

El último ostracismo

Paradojas de la Historia; una práctica política que había sido creada para evitar la tiranía, había sido utilizada durante muchas décadas por los más poderosos políticos para deshacerse de sus rivales gracias al apoyo de una parte importante de los ciudadanos. Tras la muerte de Pericles en el 429 a. C., hubo una auténtica carrera por hacerse con la preeminencia política de Atenas. Varios personajes apuntaron muy alto durante la década de los 20’s del siglo V a. C., tales como Cleón, Nícias o Alcibíades. Éstos dos últimos fueron protagonistas del último ostracismo, aunque no fueron los acusados, sino los responsables de mandar al exilio a otro de los políticos emergentes de entonces, un tal Hipérbolo. En el año 416 a. C., durante la llamada ‘’Paz de Nícias’’ que dio tregua a las guerras del Peloponeso, las tensiones entre las dos facciones políticas llegaron a su culmen. Tanto los partidarios de Alcibíades como los de Nícias querían con urgencia el ostracismo del otro. Sin embargo, y contra todo pronóstico, estos dos políticos se pusieron de acuerdo en secreto y decidieron declarar en ostracismo al tercero en discordia. Hipérbolo, que hasta entonces veía en el destierro de cualquiera de los dos su oportunidad de asaltar el poder político, tuvo que abandonar la ciudad ante las risas y la diversión del pueblo, pues no era un político en demasiada estima.

Más tarde los atenienses se enfadaron porque creían que  esta institución había resultado ultrajada al aplicarse a un hombre indigno, ya que les parecía que existía un cierto honor en este castigo y que mientras para Tucídides, Arístides y otros como ellos, el exilio por ostracismo implicaba una disminución, para Hipérbolo era una distinción y un motivo de jactancia, ya que por su degeneración había recibido el mismo trato que los mejores ciudadanos.

(Plutarco. Vidas Paralelas: Nicias XI. Trad. de Óscar Martínez, Helena Ferrándiz y Jorge Cano)

Tras el destierro de Hipérbolo, los atenienses reconocieron que el ostracismo había sido deshonrado y no volvieron a aplicar esta pena a nadie más, finalizando así la trayectoria de una de las prácticas más curiosas de la democracia ateniense.

Bibliografía:

—ARISTÓTELES. Constitución de los atenienses.

—FORREST. W.G, La democracia griega: trayectoria política del 800 al 400 a. C. de J.C, Guadarrama, Madrid, 1966.

—MAISCH. R, POLHAMMER. F, Instituciones griegas, Editorial Labor, Barcelona, 1951.

—PLUTARCO. Vidas Paralelas: Alcibíades, Arístides, Cimón, Nícias, Pericles, Temístocles.

—TUCÍDIDES. Historia de la guerra del Peloponeso.

 

 

 


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