¿Qué es la historia?

Fran Navarro | 12 abril 2019

Cuando os pasáis a ver esta web seguro que muchos de vosotros tiene claro el tipo de contenido que va a consumir: historia antigua. Y sí, así es. Pero ¿Sabemos realmente qué es la historia? ¿Qué utilidad tiene? ¿Por qué con los mismos datos se sacan conclusiones distintas? ¿Por qué cambia la historia que contamos de un año a otro o de unos autores a otros? ¿sabéis realmente cómo se hace la historia?

“Me maravillo a menudo de que resulte tan pesada,

porque gran parte de ella debe de ser pura invención.”

 

Catherine Morland, hablando de la Historia (Jane Austen, Northanger Abbey, cap. XIV)

No me quiero poner muy místico y teórico porque lo único que conseguiría es que huyas de aquí y no mires atrás por si te estoy persiguiendo con un tocho de historia en la mano. Pero me parece importante que entiendas un mínimo lo que encierra el proceso de hacer historia, lo que supone el trabajo de historiador. Y digo bien: la historia se hace. Si nadie se dedica a hacerla, la historia no viene a contarnos ella sola lo que ocurrió en el pasado. O sea que tenemos a seres humanos estudiando a otros seres humanos, es importante no olvidar esto.

Pero empecemos por el principio. ¿Qué es la historia? La RAE la define como la “narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados”. No voy a intentar ponerme a definir historia porque en mi propia facultad según la asignatura y, sobre todo, según el profesor, la respuesta a qué es la historia varía. Algunos defienden sin dudarlo que es una ciencia, que se puede ser totalmente objetivo, otros son más escépticos, ponen por imposible que el historiador sea objetivo, y otros ni se mojan si quiera. Desde luego con este artículo no vamos a resolver las dudas, más bien todo lo contrario. Yo os voy a dejar mi opinión personal y que cada uno se plantee el tema como prefiera.

El historiador solo tiene una certeza: no sabe qué va a pasar mañana. Uno de mis profesores repite muchas veces esta frase con la que yo estoy totalmente de acuerdo. Por tanto, todo lo que se refiere al pasado puede ser debatible. Esto no quiere decir que ahora tomemos toda la historia como ficción y pasemos de ser escépticos a tomar el estudio de la historia como una disciplina del todo inútil. Mi intención con este artículo es que “aceptemos que no es cierto que somos los que somos, sino lo que decidimos ser” (Alfonso Mateo-Sagasta: La oposición, página 24). Y en esto tiene mucha culpa la historia y el historiador. Me explico: para mí los complejos de que la Historia sea o no una ciencia están superados. La Historia es una disciplina que tiene su parte de ciencia y su parte de literatura. Y, por supuesto, el historiador es una persona, un ser humano hijo de su tiempo que, por tanto, su ideología y experiencia de vida influyen en su obra a la hora de hacer historia ya sea de manera consciente o inconsciente. Por tanto, para mí la objetividad en historia no existe. No solo no existe, sino que el historiador habla del pasado según queremos conocerlo en el presente.

No me he vuelto loco, no. Normalmente se dice que la historia nos ayuda a conocer el pasado para comprender el presente y así poder defendernos para lo que nos traiga el futuro. Es super bonita la idea pero yo te digo que no. “El presente no es consecuencia del pasado. Más bien, el modo en que contamos el pasado es consecuencia del presente”. No corras, léelo otra vez que merece la pena que la frase penetre bien en nuestro cerebro: “El presente no es consecuencia del pasado. Más bien, el modo en que contamos el pasado es consecuencia del presente” (Alfonso Mateo-Sagasta: La oposición, página 26). Os puedo poner un ejemplo para describir esta idea. Si leemos sobre el origen de Roma, todas las fuentes a las que acudamos nos contarán la leyenda de los gemelos Rómulo y Remo nacidos de la unión entre Rea Silvia y el dios Marte. Lógicamente, esto es una leyenda construida a posteriori para engrandecer a Roma y, sobre todo, para que los emperadores y, tras él, el resto de romanos se sientan descendientes de un dios. Religión y política en la Antigüedad son una misma cosa siempre. Es decir, Roma no recibe su nombre de su fundador mítico: Rómulo. Es Rómulo al que le pusieron ese nombre y le hicieron fundador de Roma. ¿Se me entiende bien? Aquí parece que la idea está clara porque estamos hablando de leyendas. Pero ¿y si os digo que con el resto de la historia que la damos como “historia de verdad” le pasa en muchas ocasiones lo mismo? “La historia es ideología y siempre, siempre está al servicio de alguien” (Alfonso Mateo-Sagasta: La oposición, página 37). Esta es una realidad innegable. Según lo veo yo, lo que el historiador debe perseguir es que la historia esté al servicio de la mayoría del mundo. Esto suena utópico e imposible de conseguir. Vale, pero es el camino que el historiador debería seguir, y si no llega al objetivo, por lo menos habremos andado parte del camino.

Loba capitolina o Luperca, estatua de bronce que se encuentra en los Museos Capitolinos. Le fueron añadidas las figuras de Rómulo y Remo quienes fueron los fundadores de lo que hoy es Roma.

Creo que con ejemplos me entenderás mejor. La función del historiador es desinflar mitos, no crearlos. Pero siento deciros que, consciente o inconscientemente, el historiador está constantemente creando mitos. Nadie decente duda que Hitler fue una persona malísima. Últimamente han retirado esculturas de Hernán Cortés y no son pocas las voces que lo tachan de asesino y genocida. Pero nunca he escuchado a nadie hablar de Alejandro Magno como un asesino. Quizás llegue el día en que también se ponga en duda su condición de conquistador y pase a ser considerado un mero asesino. Porque ya os aseguro que Alejandro Magno asesinó al que tuvo que asesinar para lograr sus objetivos. Sin embargo, es tomado como parte de “nuestra” historia. Además como parte de “nuestra” historia más gloriosa. Ese “nuestra”, lógicamente se refiere a los europeos actuales. Si le preguntamos a alguien que se sienta descendiente de los persas, posiblemente Alejandro Magno no le parece tan glorioso. Y este es el mayor problema que yo quiero destacar en este vídeo: el historiador tiene que cambiar el significado de “nuestra” cuando hable de historia. El objetivo debe ser la mayor amplitud mental posible para que cuando hablemos de “nuestra” historia, se refiera a la historia de todo el mundo, de todo el globo, de la especie homo sapiens al completo. De nuevo pensarás que es imposible hacer eso, pero no concibo otro objetivo a perseguir.

¿Por qué digo esto? La historia es un instrumento más y se usa a diario por parte de políticos, medios de comunicación y los propios historiadores profesionales para contar lo que sea necesario escuchar para beneficiar los intereses que el interlocutor busca. Cuando un mexicano reclama una disculpa a un español por la masacre que supuso la conquista de México por parte de Hernán Cortés, además del beneficio que quiera sacarle, lo que está haciendo es diferenciarse, poner una barrera entre él y el otro, ese otro que no soy yo, que no pertenece a mi colectivo, del que me quiero diferenciar. Esto ocurre siempre que se hace historia y para mí es el gran error y el gran reto a superar por parte de los historiadores: dejar de pensar que siempre hay otro, y asumir que todas las personas de la Tierra somos un mismo colectivo. A partir de aquí se puede concretar la historia todo lo que creamos conveniente, no estoy diciendo que toda historia se tenga que escribir en clave global. Solo digo que el historiador cumple una función social muy importante por más que muchos lo nieguen. En estos tiempos donde hay gente que quiere levantar un muro entre países, naciones que quieren salirse de uniones que tanto ha costado crear, o pueblos que quieren independizarse porque se sienten diferentes a los otros, el historiador tiene la función de romper las fronteras mentales (que son mucho peores que las físicas, ya que a martillazos puedes romper cabezas, pero no cambiar mentalidades). Es mentira que la historia está para aprender a no cometer los mismos errores. Si fuera así, desde la caída de Troya viviríamos en paz, pero resulta que la guerra solo ha hecho empeorar con el paso de los siglos. Siempre habrá alguien que utilice la historia para legitimar o deslegitimar (según le interese) cualquier suceso, personaje o hecho del pasado, con la única intención de que tenga su repercusión en el presente. Por ello, insisto: “el presente no es consecuencia del pasado. Más bien, el modo en que contamos el pasado es consecuencia del presente”.

Cuando leas historia, no te sientas griego luchando contra persas; no te coloques en la situación del legionario romano civilizando a bárbaros; no lleves la cruz cristiana de un mártir que viene a reclamar lo que le pertenece en una santa cruzada contra los infieles; pero tampoco te sientas el indígena que es asesinado por unos abusones españoles; ni el judío que recibe un castigo desmesurado por culpa de una ideología incompresible hoy día. La historia no está para juzgar, y la función del historiador es hacerte sentir griego, persa, pagano, cristiano, musulmán, romano, visigodo, vikingo, nazi, judío, soviético, conquistador, esclavo, vencedor, vencido… Hay que conseguir que se junten una indígena, un chino, un anglosajón, una latina y un escandinavo y que al decir “nuestra historia” todos estén en el mismo saco.

A mi me gusta pensar que el cerebro es una red en forma de filtro que tiene partes con huecos totalmente abiertos y otras zonas totalmente impermeables. El conocimiento es lo que va cerrando esas oquedades que dejan entrar cualquier tipo de información nociva a la vez que derrumba esos muros y abre huecos para filtrar información beneficiosa que antes no penetraba en el entendimiento. Algo básico: cuanto más sepas menos te engañan. Y la historia enseña. Enseña mucho. No sé si nos ayuda a comprender el presente o no, pero al menos nos recuerda constantemente que en cualquier momento te puede tocar a ti ser el otro. Creo que merece la pena la intención de que todos nos sintamos en un mismo colectivo. Todos, todos.

Fran Navarro

Sanlúcar de Barrameda. Historia en la Universidad de Sevilla. Fundador y director de Akrópolis: el proyecto de un joven seducido por los libros y la Antigüedad.

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¿Sabes realmente cómo se hace la historia? “El presente no es consecuencia del pasado. Más bien, el modo en que contamos el pasado es consecuencia del presente” (Alfonso Mateo-Sagasta: La oposición, página 26).

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