Ramsés II


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Hablar de Ramsés II es hablar del gobernante que representa el máximo poder del Antiguo Egipto. Gobernó durante más de sesenta años, construyó durante todo su reinado impresionantes templos y monumentos (en la mayoría de ocasiones dedicados a él mismo), llevó la gran ciudad de Tebas a su máximo esplendor, haciendo que otros pueblos quedaran sumidos en el temor por las maravillas de la ciudad. Gran guerrero, que participó desde que era apenas un adolescente en diversas campañas militares acompañando a su padre, Seti I, y que, con apenas dieciséis años, ya contaba con autoridad dentro de las instituciones militares. Fue el protagonista de la mítica batalla de Qadesh, aunque, como veremos más adelante, esta batalla tuvo un final incierto. Sin duda, la historia de Ramsés II es la historia del esplendor de la civilización egipcia.

Ramses II stone head. British Museum, London, UK

Rostro de Ramsés II en el Museo de Londres

Orígenes de Ramsés II

A diferencia de muchos otros faraones, Ramsés II no pertenecía a una familia de origen real. Horemheb, el último faraón perteneciente a la Dinastía XVIII decidió nombrar príncipe regente a alguien de su confianza, ya que carecía de descendencia. Este hombre de confianza procedía del ejército, y fue Ramsés I (su auténtico nombre era Paramessu), el abuelo de Ramsés II. Ramsés I reinó solamente durante un año, pero le bastó para fundar la Dinastía XIX. Le sucedió en el 1303 a. C su hijo, Seti I, el padre de Ramsés II. Seti I restauró casi por completo el poderío de Egipto alcanzado por el gran Tutmosis III; se enfrentó a los hititas en Siria y a los libios en la parte occidental del delta del Nilo. Cuando su hijo tenía alrededor de catorce años lo nombró corregente. Desde que Ramsés II nació, su padre se encargó de que recibiera entrenamiento y educación, tanto militar como en otros ámbitos de las artes y las ciencias. Ramsés II subió al trono sucediendo a su padre en el año 1290 a. C. Su reinado duraría aproximadamente sesenta y siete años: el más largo de la historia egipcia.

La megalomanía de Ramsés II

El reinado de Ramsés se caracterizó por una excepcional autoalabanza. El poder de Ramsés era absoluto y cubrió Egipto de punta a punta con excepcionales monumentos en su honor: con inscripciones que relataban sus victorias (aún cuando no eran victorias claras, como ocurrió en Qadesh) y su grandeza. Amplió las vastas estructuras del enorme templo de Luxor de Tebas, al igual que hizo con el templo de Karnak, y levantó obeliscos y estatuas en su honor, convirtiendo así el templo de Karnak en el mayor recinto sagrado que se había construido. Pero el egocentrismo de Ramsés se extendía a través de todo el Imperio Egipcio. Cerca de la Primera Catarata del Nilo, donde no solían aventurarse los constructores egipcios, edificó un templo notable dedicado al dios Ra, el dios-sol, en lo que hoy conocemos como Abu Simbel. Ra era la divinidad preferida de Ramsés, su propio nombre significa “hijo de Ra”. En el templo se hallan cuatro estatuas enormes de Ramsés II, cada una de veinte metros de alto, junto a otras estatuas menores de otros miembros de la familia real. Toda esta impresionante autoadoración contribuyó a una eficiente propaganda personal, ya que incluso llegó a usurpar construcciones de sus antecesores, poniendo su nombre y eliminando las inscripciones de los anteriores faraones.

 

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Templo de Abu-Simbel

Ámbito militar

Ramsés creció sabiendo que iba a ser faraón y recibió una educación acorde a ello. Se le instruyó cuidadosamente en materias como lectura, escritura, religión y, por supuesto, en todo lo relativo a la disciplina y la táctica militar, destacando su entrenamiento con el arco y el carro egipcios, que eran la vanguardia del armamento del ejército egipcio en esa época. Su participación en acciones militares comenzó con apenas quince años, acompañando a su padre Seti I, a una de sus campañas contra los libios del delta occidental, y un año después, conoció los enfrentamientos armados de Siria. Su primera campaña en solitario, cuando apenas contaba con veinte años, estuvo dedicada a sofocar una rebelión en Nubia, de la que regresó victorioso. Pero sin duda, la hazaña militar más significativa de Ramsés II fue la batalla de Qadesh. Durante los tres primeros años de su reinado, Ramsés no llevó a cabo ninguna campaña militar y centró todos sus esfuerzos en la construcción de formidables templos y monumentos. Pero Ramsés tenía en mente claros planes de expansión de su imperio, por lo que decidió trasladar la capital del imperio de Tebas a la ciudad de Pi-Ramsés, con fines de orden político y de táctica militar, puesto que desde allí podía controlar de cerca el escenario de Asia Menor, y en caso de conflicto, las unidades militares podrían llegar mucho antes a sus objetivos.

Batalla de Qadesh

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Bajorrelieve esculpido en Abu Simbel representando la batalla de Qadesh

Cuando Ramsés II subió al trono, el dominio egipcio en Siria y Palestina estaba amenazado por los hititas, un pueblo que se había hecho fuerte en Asia Menor y había conseguido formar un poderoso imperio, convirtiéndose en el enemigo más poderoso de Egipto. Muwatalli II, el líder de los hititas, había logrado reunir una coalición de más de veinte pueblos del norte de Siria y Anatolia, reuniendo un ejército sin gran disciplina, cuyo único núcleo bien organizado eran los dos mil quinientos carros de guerra hititas. En esta batalla, tanto los egipcios como la coalición liderada por los hititas, contaba aproximadamente con veinte mil soldados cada uno. El objetivo de los hititas era el control de las rutas comerciales sirias, y para ello habían arrebatado a los egipcios el control de varias ciudades sirias, entre ellas la estratégica ciudad de Qadesh. La reacción egipcia no se hizo esperar, y Ramsés II partió de la ciudad de Pi-Ramsés en el 1274 a. C. con cuatro divisiones bautizadas con nombres de dioses egipcios. La división Amón, originaria de Tebas y comandada por Ramsés II en persona; la división Ra, formada en Heliópolis; la división Ptha, procedente de Menfis; y la división Set, procedente de Pi-Ramsés. También iban soldados de un cuerpo de élite de mercenarios extranjeros llamados naharina y un grupo de mercenarios shardanos y amorritas. Hay que destacar que en esta época del Imperio Egipcio, el ejército estaba formado por soldados profesionales bien entrenados, pero dos tercios de los efectivos del ejército eran mercenarios, principalmente griegos. Cada una de estas divisiones estaban formadas por unos cinco mil hombres y eran comandadas por un general. A su vez, las divisiones se dividían en compañías de doscientos cincuenta efectivos, lideradas por un capitán, según explica la egiptóloga francesa Noblecourt (2004). Tras un mes de marcha el ejército egipcio llegó a las inmediaciones de Qadesh. Unos falsos espías, que resultaron ser soldados del ejército hitita, revelaron falsamente a Ramsés que el ejército enemigo se encontraba aún lejos, lo que hizo que el faraón se confiara y dividiera su ejército, dejando tres divisiones a diez kilómetros de distancia y acampando junto a la ciudad de Qadesh sólo con la división Amón. Los hititas acamparon detrás de la ciudad y lanzaron un ataque sorpresa. Según cuenta la crónica, Ramsés se lanzó al galope en solitario y consiguió repeler los carros hititas de manera heroica, pero lo cierto es que la salvación del ejército egipcio parece proceder de los naharina, que llegaron a tiempo de salvar a Ramsés y a la división Amón. Según  la visión egipcia, la batalla fue una aplastante victoria sobre los hititas, pero lo cierto es que la batalla de Qadesh no fue una batalla decisiva, o más bien fue una apretada victoria hitita, ya que se firmó un tratado de paz en el 1269 a.C, por el que se reconocía el dominio hitita sobre el sur del Eúfrates, y por tanto la dominación egipcia quedaba limitada a la porción sur de Siria. La versión egipcia de la batalla está recogida en el Poema de Pentaur, jactándose de una gran victoria. Este poema se encuentra en diversos templos de Egipto, como Abu Simbel o Karnak.

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Mapa de la batalla de Qadesh.

“Irguiéndose en toda su estatura, el rey viste la fiera armadura de combate y con su carro tirado de dos caballos lánzase en lo más recio de la contienda. ¡Estaba sólo, muy sólo, sin nadie junto a él!… Sus soldados y su séquito le miraban desde lejos, en tanto que atacaba y defendíase heroicamente. ¡Le rodeaban dos mil quinientos carros, cada uno con tres guerreros, todos apremiándose para cerrarle el paso! ¡Sólo e intrépido, no le acompañaban ni príncipes, ni generales, ni soldados!…”

Fragmento del Poema de Pentaur que narra cómo Ramsés se encontraba sólo luchando contra los hititas.

Aunque muchos historiadores dicen que durante el reinado de Ramsés II el imperio egipcio alcanzó su máxima extensión, no es del todo cierto. El territorio de Nubia se encontraba sometido a Egipto, hasta la Cuarta Catarata del Nilo y los libios continuaban sometidos. Pero Siria ya no estaba en poder egipcio, a excepción de la parte sur. Mientras que Ramsés II tenía en frente un imperio hitita poderoso e invicto, el faraón Tutmosis III, llamado Tutmosis el Grande, cerca de doscientos años antes, derrotó al antiguo reino de Mitanni, que pasó a ser tributario de Egipto. Por lo tanto, la máxima extensión del Imperio Egipcio podríamos decir que se alcanzó con Tutmosis III, sexto faraón de la Dinastía XVIII.

Fin del reinado y descendencia de Ramsés II

Ramsés II aprovechó la batalla de Qadesh para hacer una depuración de la cúpula del ejército y colocó a sus hijos mayores al frente de las estructuras castrenses. Cada vez más, Ramsés II optó por nutrir sus ejércitos de mercenarios extranjeros. Mientras que sus hijos cumplían con sus obligaciones militares, Ramsés II fue al sur del país para recobrar el contacto directo con la nobleza. Debido a la larga duración de su reinado, el poder de la nobleza aumentó considerablemente, lo que no trajo buenas consecuencias para Egipto a largo plazo. Tras la firma del tratado de paz con los hititas, mantener la concordia con ellos se convirtió en una de las claves de su política exterior durante el resto de su reinado. Ramsés II logró combinar todas las facetas posibles para el crecimiento y el desarrollo de su pueblo: estabilidad política y religiosa, potencia militar, ampliación de los límites exteriores y prosperidad económica de la mano de un creciente intercambio cultural y comercial. Sólo dedicó los quince primeros años de su reinado a expediciones y acciones militares, el resto los vivió en paz.

La descendencia de Ramsés es impresionante. Llegó a tener seis esposas principales (entre ellas destaca la bella Nefertari), varias esposas secundarias e innumerables concubinas, lo que le permitió alcanzar la increíble cifra de más de noventa hijos (o eso nos cuentan). Durante el reinado de Seti I, cuando aún era un adolescente, ya se documenta que tuvo al menos diez hijos varones y múltiples hijas. Sin duda, puso mucho empeño en dejar un heredero de su estirpe al trono egipcio. Por supuesto, Ramsés ordenó construir fabulosas tumbas para él y para su familia. Especialmente destacable es la tumba de su esposa Nefertari. Ramsés murió en el 1223 a. C. cuando contaba aproximadamente noventa años. A la muerte de Ramsés II, Egipto era un reino rico, próspero y pacificado. El sucesor de Ramsés fue Merenptah, su decimotercer hijo. Cuando subió al trono ya contaba con sesenta años e intentó proseguir la política de su padre. Realizó operaciones militares en Siria, sofocando rebeliones y también llevó a cabo operaciones triunfantes en Lidia. Pero ninguno de los sucesores de Ramsés II lo igualaría. Su capacidad administrativa, su inteligencia y prudencia política, su gusto por la arquitectura y las artes en general y sus victorias militares, pero por supuesto, su capacidad para dejar memoria histórica de todo ello, no volverían a igualarse. La muerte de Ramsés II supuso el fin de una época. No es de extrañar, por ello, que en muchas ocasiones el gran Egipto de los faraones se identifique con el nombre de Ramsés II.

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Máxima extensión del imperio de Ramsés II. (Hay que destacar que las tierras al norte de Qadesh nunca estuvieron bajo control directo de Egipto).

Bibliografía

  • Assimov, I: Los egipcios. Ediciones del Prado. 1993
  • National Geographic Historia: Atlas Histórico: Mundo Antiguo: Próximo Oirente, Egipto, Grecia, Roma. RBA Revistas. 2016
  • Noblecurt, Christiane D: Ramsés II: la verdadera historia. Destino. 2004
  • VV.AA.: Las grandes batallas de la historia. Debolsillo. 2011
  • VV.AA.: Los grandes personajes de la historia. Debolsillo. 2014

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