Período tinita: la unificación de Egipto


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Narmer y la unificación

Secuencia cronológica de la I Dinastía representada en la impronta de cilindro sello del cementerio real de Abydos. Imagen de José Ramón Aja.

Secuencia cronológica de la I Dinastía representada en la impronta de cilindro sello del cementerio real de Abydos. Imagen de José Ramón Aja.

Apenas tenemos datos informativos sobre el proceso por el que se llevó a cabo la unificación de Egipto. Sin embargo, la arqueología sí que ha aportado descubrimientos de la época que ayudan a componer una hipotética cronología de los soberanos pioneros en el control de todo el valle del Nilo. Se tratan de escenas grabadas, a modo de decoración, en mangos de cuchillos, paletas o cabezas de maza. Si estos datos ayudaron con la información que ofrecían, se salió definitivamente de toda duda con el descubrimiento, hace pocos años, de dos sellos cilíndricos encontrados en el cementerio de Abidos y pertenecientes, uno, al rey Den y otro al rey Qaa. Con ellos se consiguió establecer el orden sucesorio de los soberanos en el siguiente orden: Narmer, Aha, Dyer,  Dyet (el rey Serpiente), la reina madre Merneit, Den, Andyib, Semerjet y Qaa. Se observa cómo el legendario rey unificador Nemes no aparece en las listas, sustituido por el histórico Narmer.

 

Al final de la dinastía 0, un monarca más hábil o afortunado consiguió reunir bajo su poder todo el valle del Nilo, desde Elefantina al delta que desemboca en el Mediterráneo. El Estado faraónico había nacido, según la tradición, por la labor de Nemes; según la arqueología, merced a las obras de Narmer, primer soberano de la dinastía I (llamada tinita por proceder quizás de Tinis). Además de completar la unificación, parece que también Narmer se encargó de trasladar la capital a Menfis, situada donde se comienza a abrir el delta, desde donde resultara más práctico gobernar todo el país recién creado. La lejanía de la nueva capital con respecto a la de origen, acabó rompiendo los lazos entre las élites y el soberano, afianzando así la monarquía. Los cilindros nombrados, también han permitido saber que, como ocurriría en el futuro Estado egipcio, cuando un monarca llegaba al trono siendo menor de edad, era su madre la que se hacía con la regencia. Es el caso de la reina Merneit, cuya tumba se encuentra en Umm el-Qaab, como se conoce hoy el cementerio real de Abidos. A pesar de aparecer nombrada en el sello cilíndrico como madre del rey y no como monarca, su presencia política tuvo que hacerse notar por el hecho de encontrarse enterrada junto a sus antecesores. También es curioso cómo en el sello de Qaa, que incluye a todos los soberanos de la monarquía, omita a esta reina, en lo que algunos autores han visto un primer ejemplo de damnatio memoriae en las listas reales. Los reyes de la dinastía I fueron enterrados en tumbas sin superestructuras visibles, en una zona virgen de la necrópolis de Abidos, a continuación del cementerio U, donde están enterrados algunos de los monarcas de la dinastía 0.

Encrucijada dinástica

Faraones tinitasMientras tanto, para hacer notar la presencia monárquica en Menfis, los soberanos construyeron en Saqqara grandes mastabas de base rectangular para los miembros de la élite. Así se contaba con dos centros de poder (Menfis y Abidos) entre los cuales viajaban los soberanos de esa monarquía itinerante que fue la tinita, recorriendo el río seguidos de la corte a la vez que iban recogiendo los impuestos.

Las fronteras del valle del Nilo se quedaron pequeñas para el afán conquistador de estos monarcas. Por ello, en la península del Sinaí se encuentran restos egipcios pertenecientes al período de la dinastía I, además de la presencia en el sur de Palestina; si bien, fue una importancia efímera, pues terminó antes de la dinastía I. En cambio, Nubia no dejaría nunca más de sufrir la influencia faraónica. El Estado faraónico parecía bien encaminado para asentarse definitivamente en el valle del Nilo.

Volvemos a tener problemas de información para la dinastía II, pues ni siquiera se conoce con seguridad el orden de sus soberanos. Gracias a una inscripción se conocen los nombres de los tres primeros gobernadores: Hotepsejemuy, Raneb y Ninecher. El último de ellos fue Jasemuy, pero el resto no queda claro, con una simple aceptación del siguiente orden: Uneg, Sened, y Sejemib/Peribsen.

Para mayor desconcierto, estos soberanos no fueron enterrados en Abidos, parece que eligieron el cementerio de Menfis. Solo dos de los monarcas de esta última dinastía tinita fueron enterrados en Abidos: Peribsen y Jasejemuy. El primero en una tumba modesta, cuya planta copió el segundo para más tarde ampliarla hasta conseguir el mayor mausoleo real de Abidos.

Final de la época tinita

La estatua más antigua que se conoce de un rey egipcio.

La estatua más antigua que se conoce de un rey egipcio. (Museo Británico, Londres).

El núcleo, pues, de la dinastía II queda aún sin resolver. En cambio, para el final de la misma se dispone de ciertos datos que parecen dibujar un período políticamente turbulento. Peribsen es el primero de los soberanos de la dinastía II en regresar a Abidos para ser enterrado, pero el dios que usa en su serej no es Horus, sino Set. Algo que levanta dudas en cuanto a que podría ser un usurpador procedente de Nagada que busca legitimarse enterrándose en Abidos; o si, al contrario, es el regreso al cementerio dinástico del hijo pródigo de una rama de la familia real originaria. Pues no acaba aquí el problema, a ello se suma el hecho de que el rey Jasejem tiene un serej donde están perchados tanto el dios Horus como el dios Set.

Podríamos estar ante el enfrentamiento entre dos facciones de la familia real meridional, apoyada cada una en una deidad protectora, pero también de una lucha de los reyes tinitas contra un norte rebelado, que hubo de reconquistarse. Lo cierto es que Jasejem/Jasejemuy acabó reinando en todo el país, como demuestra su nombre (“Los dos señores están en paz en él”), atestiguado tanto en Elefantina como en Biblos.

Con el siguiente faraón, Egipto iba a conocer un gran cambio, tanto es así, que lo situamos en otra etapa histórica como es el Reino Antiguo, y a partir de entonces los soberanos egipcios se enterrarían bajo un nuevo edificio: la pirámide.


Acerca de Fran Navarro

Fran Navarro (Sanlúcar de Barrameda, 13 de febrero de 1992). Estudia el grado de Historia en la Universidad de Sevilla y lo pone en práctica en este blog. Akrópolis es el proyecto de un joven seducido por las letras, los libros y la Antigüedad que nace con la intención de acumular síntesis de los distintos períodos que componen la Historia Antigua con la doble vertiente de la difusión y el propio aprendizaje del autor.


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