¿Cómo era la vida de un esclavo en Atenas?

Fran Navarro | 10 septiembre 2018

Por suerte, cada vez son más amplios los márgenes que abarcan los estudios históricos sobre la vida cotidiana en la Antigüedad, pero nunca viene mal seguir remarcando la importancia de conocer la situación de la gente que vivió en el Mundo Antiguo más allá de reyes, políticos destacados, grandes militares o la tan llamativa vida de los gladiadores. La mujer, los niños y los esclavos formaban una parte importante de la sociedad antigua, de cuya historia aun tenemos mucho que saber. Esta vez nos vamos a ocupar de ver a éstos últimos en un lugar concreto: ¿cómo era la vida de un esclavo en Atenas?

Los historiadores dicen que un tercio de la población total de la Atenas clásica eran esclavos. Ciertamente es un dato que no podemos saber con exactitud, pero una cosa está clara: cada vez que pensemos en la Grecia Antigua no podemos dejar a un lado la innegable y continua presencia de miles de personas privadas de libertad y subordinadas por completo al antojo de sus amos.

En su mayoría los esclavos eran presos extranjeros tomados en las guerras tan numerosas que se daban en la Antigüedad, en las que las mujeres y los niños del enemigo formaban parte del botín. Pero también se conocen casos como el narrado por Heródoto, quien nos cuenta que los tracios vendían a sus hijos a traficantes de esclavos. Sí, podéis pensar que en la Antigüedad eran unos bárbaros, pero el sentimiento que tenemos la mayoría hoy día por los niños no ha estado tan latente siempre. Aún a finales de la Edad Moderna se conocen casos de niños que eran colgados en la pared mientras la madre se buscaba la vida en la calle. Y si quieres pasarlo mal con alguna que otra escena desoladora sobre niños échale un vistazo a la película “La casa de la esperanza”.

Solemos imaginar a los esclavos sirviendo en el ámbito doméstico o realizando los trabajos más duros en la mina o como remeros de los insalubres trirremes. Pero en Atenas se podían ver esclavos trabajando en los más diversos oficios. Con los famosos arqueros escitas se formó un grupo de esclavos que vendrían a ser algo parecido a nuestra policía actual. Secretarios, escribas y muchos de ellos trabajaban en talleres, como el caso del orador Lisias, que tenía 120 esclavos en su taller de armas (una gran empresa en toda regla).

Por supuesto, las condiciones de vida de los esclavos son tan variadas como casos concretos se pudieran estudiar. Los había que vivían totalmente integrados en la familia para la que trabajaba, muchos fueron enterrados en la sepultura familiar e incluso gozaron de días libres en algunas festividades. A diferencia de lo que el cine suele mostrar, la muerte de un esclavo suponía la pérdida de una valiosa posesión, por lo que debemos pensar como algo normal cuidar a los esclavos y procurar mantenerlos sanos. Ahora bien, si tu destino como esclavo eran las minas de plata de Laurio, ya podías rezar a cualquiera de los dioses que tuviera tu cultura. Los trabajos en la mina eran tan duros que los esclavos vivían de media uno o dos años en esas condiciones de vida. Cuando Esparta invadió el Ática tras la guerra del Peloponeso se detuvieron los trabajos argentíferos en Laurio y miles de esclavos aprovecharon para huir en busca de una vida menos miserable.

Como ya sabéis, los esclavos no tenían derechos legales, directamente eran considerados como “algo” y no como “alguien”. Atenas solo procuraba protegerlos ante muertes arbitrarias por la crueldad injustificada de su amo. En el ágora de Atenas, el templo de Teseo recibía a esclavos que pedían asilo frente a un amo que los maltratase y pedían ser vendidos a un dueño mejor.

Un esclavo pasaba a ser libre también por distintas vías. La más común era que el amo concediera la libertad a su esclavo. Los propios esclavos podían comprar su libertad pagando a sus dueños en caso de haber sido capaz de ahorrar (dando por hecho que estos tuvieron la oportunidad de recibir dinero o el permiso para ganarlo por cualquier método). También podían verse liberados de la esclavitud por disposición testamentaria tras la muerte de su amo.

Conseguían la libertad legal, pero pasaban a ser considerados metecos, es decir, extranjeros en suelo ateniense que tampoco es que dispusieran de muchos más derechos que antes. Desde luego, no pasaban a ser ciudadanos griegos. Es por ello que muchos aprovecharon las guerras y los momentos de agitación social y política para huir de Atenas arriesgando sus vidas para encontrar la auténtica libertad.

Bibliografía

  • La esclavitud en Grecia, Roma y el mundo cristiano
  • Ettore Cicotti
  • Círculo Latino
  • Barcelona, 2005
  • 320 páginas

Fran Navarro

Sanlúcar de Barrameda. Historia en la Universidad de Sevilla. Fundador y director de Akrópolis: el proyecto de un joven seducido por los libros y la Antigüedad.

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